Los jefes comunales del Conurbano que se mantienen en el FpV se sienten golpeados, y reclaman cambios que incluyen más protagonismo y amparo para ellos que para organizaciones como La Cámpora. Qué piden, el rol de Scioli y la necesidad de contenerlos
Mientras desde la Casa Rosada se observaba microscópicamente la elección en busca de coautores de la derrota, o posibles pequeñas traiciones, los barones del Conurbano se hicieron oír. En público se escucharon las críticas del ex intendente Mario Ishii y de los actuales mandatarios Hugo Curto y Fernando Espinoza, entre otros. Puertas adentro las recriminaciones fueron generalizadas y durísimas, e incluyeron la exigencia de un nuevo orden.
Recibieron esos reclamos todos los interlocutores de Olivos (la mayoría con un descrédito creciente entre los alcaldes), y el gobernador Daniel Scioli. “Lo que dijo Ishii (quien culpó a la estrategia y a la falta de apoyo del Gobierno) es la opinión de todos; incluso algunos se animan a decir más en las reuniones con los funcionarios y entre nosotros”, confió a La Tecla un mandatario de la zona sur con amplio apoyo popular.
La permanente tensión entre el PJ bonaerense, encarnado por los intendentes, y los sectores de la transversalidad, implosionó. De un lado, los amos territoriales del peronismo ortodoxo; del otro, La Cámpora, Unidos y Organizados, Nuevo Encuentro y demás expresiones ultra K. Pivotean otros, como el Movimiento Evita, siempre más cercano al primero de los dos grupos. Es obvio: los alcaldes son quienes tienen, y pretenden retener, el poder.
En la ristra de reproches aparecen al tope los muchachos de La Cámpora y de Unidos y Organizados, por el espacio que el cristinismo les dio hasta antes del armado de listas (de hecho, no se vio reflejado en la confección de las nóminas), y que lejos está de seducir al electorado. Los culpan incluso de forzar fugas.
“Acá gana la postura del que tiene votos, y La Cámpora no tiene votos; la imagen negativa de ellos es del 70 por ciento, por lo tanto restan más de lo que suman”, reprochan los barones. Cristina les dejó menos espacio, pero siguen siendo sus protegidos. Un sciolista evitó esa estigmatización y, si bien alertó que pierden votos en lo público, reconoció “su buen laburo casa por casa”.
El principal problema ahora, según la contracara de La Cámpora, es la profundización del “vamos por todo”, que la organización juvenil esgrimió tras el discurso de Cristina en Tecnópolis y dejó una temeraria perspectiva a los moderados.
Como fuese, en las reuniones posprimarias organizadas por los intendentes sólo participaron ellos, el Gobernador y algún funcionario del gabinete nacional.
Puntos clave
Más allá de pedir el corrimiento de La Cámpora y Unidos y Organizados, amén de insistir en la recriminación por la postulación de listas bajo el logo de Nuevo Encuentro o Frente Social en algunos lugares, la verdadera bronca de los jefes comunales toca temas más profundos.
Formar parte de un comité de campaña del cual quedaron afuera en la primera parte, quitarle el manejo de los recursos al jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina (de quien aducen haber privilegiado a La Cámpora en el reparto), recibir lo antes posible el dinero para terminar obras empezadas, y tener poder de veto sobre quienes se suben a los escenarios en sus actos, conforman el cuarteto de peticiones trasladadas hacia los interlocutores de la Rosada y el Gobernador.
Corridos de las decisiones principales del armado electoral, ahora los popes del Conurbano exigen manejar, junto a Scioli, el comité de campaña y el dinero para la carrera comicial. Desde los altos estamentos de la administración los cruzan con pedidos de colaboración. “También deben poner dinero. Lo tienen y deberían usarlo; no pueden esperar que todos les llegue desde la Nación o la Provincia”, se les retruca.
“No hubo nada de plata para la campaña, hasta las boletas nos tuvimos que imprimir, desde el partido nos mandaron nada más que dos juegos de boletas, que no es nada, el resto lo tuvimos que hacer nosotros”, se quejó ante La Tecla un intendente de experiencia de la Tercera sección.
El mismo alcalde esgrimió falta de la logística acostumbrada por parte del Gobierno nacional. “Hemos llegado al colmo de que un diputado nacional de La Cámpora me llamara por teléfono ordenándome que me hiciera cargo de las pintadas en Almirante Brown. Yo le dije que le compraba la pintura y pusiera a trabajar a todos los contratados que tiene en su despacho. Y ahí se cortó la comunicación”, contó con enfado.
Un colega suyo de la zona norte recordó: “De los carteles grandes se encargaban las cuadrillas Pica 1 y Pica 2, que en su momento manejaba De Vido, pero ahora no aparecieron”. Sin embargo no culpan de ello al ministro de Planificación, sino a Abal Medina.
Imposible de disimular, la falta de empatía con el jefe de Gabinete lo posiciona como uno de los menos apreciados por los caciques, aunque todavía no alcanza a Amado Boudou. Al vicepresidente no lo quieren en sus actos, y esta negativa se hace extensiva a otros ministros. “En mi escenario no quiero a ninguno, son una carga para la campaña”, sentenció, ofuscado, otro jefe territorial de la zona este.
En cuanto a los interlocutores con Nación, también allí hay una grieta, y el secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, ya no genera la confianza de otros tiempos. Casi nunca da respuestas en el momento, y dudan de la llegada de todos los mensajes a oídos de la Presidenta. “Si quiere algo, que me llame ella”, ha cruzado algún alcalde en los últimos días al mencionado intermediario.
A los ganadores, todo
Julio de Vido aún cuenta con plafón entre los jefes comunales. Fue quien en esta semana se encargó de llevar el mensaje a varios intendentes que ganaron sin sobresaltos. “A los que perdieron, los vamos a ayudar; a los que ganaron, les vamos a dar todo”, les prometió en reuniones individuales.
También reflexionó ante ellos: “Si todos los que ganaron suman dos o tres puntitos más, se la empatamos o la ganamos. Hay que trabajar el doble para sumar esos dos o tres puntitos”.
Más allá del optimismo del titular de Planificación, a los alcaldes no les sobra en privado la confianza que simulan en público. Tampoco en las huestes sciolistas ven factible una remontada de cinco puntos, pero se esperanzan con evitar una estirada en la ventaja de Massa.
“El triunfo electoral es una foto que será diluida con el paso de los meses, lo que se debe hacer es contener en el espacio a todos los intendentes”, fue la conclusión de un operador provincial.








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