La compra de una participación de US$76.000.000 en Vista Energy es apenas la cara visible de una estrategia más amplia del magnate tecnológico en el país. Desde su llegada a Buenos Aires, aparece en las sombras de incentivos para impulsar inteligencia artificial en la Patagonia y una reforma societaria que habilitaría empresas manejadas por algoritmos sin empleados humanos.
Mauricio Caminos
La noticia de que Peter Thiel puso un pie en la petrolera Vista Energy, de Miguel Galuccio, es apenas el mascaron de proa del desembarco del tecnomagnate en la Argentina de Javier Milei. Es que el interés del dueño de Palantir excede el negocio petrolero. Desde que aterrizó por primera vez en Buenos Aires, a fines de abril, el cofundador de PayPal, mantuvo reuniones con el Presidente, con el canciller Pablo Quirno, con los ministros Luis Caputo y Federico Sturzenegger y con el titular del Banco Central, Santiago Bausili, mientras su nombre empezó a aparecer asociado a al menos tres iniciativas distintas del Gobierno.
La primera es el llamado Súper-RIGI, el régimen de promoción de inversiones que Milei anunció en mayo para atraer a “sectores que nunca han existido en Argentina” y que está en debate en el Congreso. A diferencia del RIGI vigente, el nuevo esquema pone un piso de inversión mínima de 1.000 millones de dólares, y facilidades fiscales, aduaneras y cambiarias por 30 años. Apunta a dar esos privilegios a industrias de defensa, ciberseguridad y procesamiento de datos sensibles.
El segundo frente es la expansión de centros de datos de inteligencia artificial en la Patagonia, un negocio que necesita, sobre todo, energía barata y abundante: exactamente lo que promete la infraestructura gasífera y eléctrica que se despliega alrededor de Vaca Muerta. En la provincia de Neuquén, en el departamento Confluencia, avanzan al menos dos proyectos de gran escala: uno de Tesla junto a YPF Luz, y otro impulsado por OpenAI junto a la desarrolladora Sur Energy —fundada por Emiliano Kargieman—, con un desembolso anunciado de hasta US$ 25.000 millones.
A ellos se suma la empresa Puzzle, que evalúa instalarse en Añelo o Tratayén con apoyo del laboratorio de inteligencia artificial de la UBA y del MIT, y un proyecto vinculado a Pampa Energía, la empresa de Marcelo Mindlin, para un centro de datos de 500 megavatios que demandaría el equivalente al 21,9% de la generación anual de la represa de Yacyretá. Ninguno de esos desarrollos figura hasta ahora a nombre de Thiel, pero todos encajan con la tesis que el tecnofascista viene difundiendo en distintos foros: que Occidente descuidó los “átomos” —la infraestructura energética— en favor de los “bits”, y que la próxima etapa de la inteligencia artificial dependerá de quién controle la energía.
El tercer frente, y el más controvertido, es la reforma de la Ley General de Sociedades que el Gobierno envió al Senado el 1º de junio. El proyecto, impulsado por Sturzenegger crea dos figuras societarias inéditas en el derecho argentino: las “sociedades automatizadas”, empresas que desarrollan su objeto social “mediante sistemas algorítmicos autónomos o agentes de inteligencia artificial, sin requerir empleados en relación de dependencia”, y las organizaciones autónomas descentralizadas (DAO), que operan mediante contratos inteligentes y registros en blockchain.
La iniciativa quedó asociada al nombre de Thiel después de que este diario revelara que el empresario se reunió en privado con el diputado Juan Grabois y expresó “especial interés” en que la Argentina habilitara ese tipo de compañías. El Gobierno negó cualquier vínculo directo entre la reforma y las operaciones tecnológicas de Thiel, aunque no ocultó que recibiría con beneplácito a cualquier empresa que decidiera constituirse bajo ese régimen.
El proyecto de sociedades automatizadas generó, además, una controversia que llegó hasta las páginas del Financial Times. El historiador Yuval Noah Harari cuestionó la iniciativa al advertir que una inteligencia artificial no es una herramienta neutral sino “un agente” capaz de tomar decisiones por sí mismo, y comparó el riesgo de que Milei convierta a Buenos Aires en una nueva Batavia —en referencia a las compañías coloniales holandesas que ejercieron poder sin control estatal— en lugar de una nueva Ámsterdam. El propio Milei reconoció públicamente el impacto de la crítica y tardó días en dar una respuesta por escrito.
dirigenexoestrategiavalidaciónPeter ThielCofundador de PalantirPalantirDatos, IA y vigilanciaAlec OxenfordEmbajador en EE.UU.Javier MileiPresidente de ArgentinaF. SturzeneggerMinistro desregulaciónSantiago CaputoAsesor presidencialempresariosM. GalperinMercadoLibre / techN. SzekasyFondo Kaszek / VCM. MindlinPampa EnergíaE. ElsztainIRSA / tierraThiel / PalantirFuncionarios introductoresPoder ejecutivoEmpresariosRed de influencia de Peter Thiel en Argentina. Elaboración propia.
Los tres frentes conviven con una red de funcionarios y empresarios que facilitaron el acercamiento de Thiel al país, entre ellos Sturzenegger, el asesor presidencial Santiago Caputo —a cargo de la conducción de facto de la Secretaría de Inteligencia— y el embajador argentino en Washington, Alec Oxenford, cofundador de OLX. Esa red confluirá en septiembre en la cumbre “Vientos de Cambio”, organizada por la Fundación Libertad y Progreso junto a la estadounidense Reason Foundation, que se realizará el 1 y 2 de septiembre en el hotel Sheraton de Buenos Aires. Reunirá a Thiel con los ministros Caputo y Sturzenegger en el mismo escenario.
La revelación del ingreso de Thiel en Vista Energy tuvo un correlato inmediato en el mercado. Este lunes, las acciones de Vista Energy subieron 5,64% en Nueva York y sus certificados de depósito (ADR) treparon 4,9%, hasta US$71,67, su valor más alto en dos meses; en México, el papel avanzó 5,5%. El repunte contagió a otras petroleras ligadas a Vaca Muerta: los ADR de YPF llegaron a subir hasta 4,2%, según consignó Bloomberg.
Vista produce alrededor de 160.000 barriles diarios, la mayoría exportados, y participa del proyecto VMOS, el oleoducto y puerto de exportación de crudo de esquisto que comenzará a operar el año próximo. El desembarco de Thiel revela su interés especial en la gestión de Milei, donde tiene un eco hasta ahora ilimitado.








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