La debacle del chavismo y la caída del kirchnerismo confirman la apertura de una nueva etapa política, propiciada por los problemas económicas y nuevas demandas ciudadanas
Por Paula Markous
Parecían estar rodeados de un aura de invencibilidad. Acostumbrados a gobernar con viento de cola, los gobiernos populistas y de izquierda llevaron las riendas del poder en la región durante más de diez años. Pero algo se resquebrajó. El primer campanazo lo dio la Argentina y, luego, le siguió Venezuela. En Brasil, tiembla Dilma Rousseff. Todo apunta a un nuevo ciclo político.
No es un proceso uniforme. Algunos gobiernos, como el del boliviano Evo Morales, todavía se mantienen estoicos, sobre todo gracias a la bonanza económica y también al hábil manejo del presidente en cuestiones políticas. En Ecuador, sigue firme Rafael Correa, pero el descontento popular crece y ya anunció que no buscará la reelección en 2017.
Las grietas en los populismos de la región comenzaron con el derrumbe de los precios de las materias primas, que alimentaron las exportaciones de los países de la región. Pero la economía no lo explica todo. Desde hace años sectores que no se sienten representados denuncian autoritarismos, la concentración de poder en el Ejecutivo y corrupción.
"La llegada de Mauricio Macri a la presidencia en la Argentina y la estrepitosa derrota del oficialismo en las elecciones legislativas de Venezuela sin duda marcan el declive populista, porque son dos países muy representativos en el continente y tienen influencia en la región. Pero, además, hay otros países que están cambiando de modelo forzados por las circunstancias, como Brasil y Uruguay", explica LA NACION María Teresa Romero doctora en Relaciones Internacionales de la Universidad Central de Venezuela.
Venezuela es el país que implementó con más fuerza el modelo económico populista. Un esquema basado -según apunta Juan Carlos Hidalgo, del Cato Institute- en altos niveles de gasto (que se volvieron insostenibles), emisión monetaria (que llevó a la mayor inflación del mundo), controles cambiarios y nacionalizaciones, entre otras medidas intervencionistas.
En medio de este panorama económico, al que hay que sumarle la escasez de productos básicos, no sorprende que la semana pasada la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) haya logrado el control total de la Asamblea Nacional. Es la peor derrota que sufrió el chavismo desde que llegó al poder, en 1999. Esto no significa que de ahora en más Venezuela será un lecho de rosas. Todo lo contrario. Según Romero, "vienen momentos difíciles, de mayor ingobernabilidad y conflictos".
Todos apuntan a que el gran perdedor de las elecciones es el presidente Nicolás Maduro, que en menos de tres años dilapidó buena parte del capital político forjado por su mentor. De hecho, para el analista venezolano Omar Noria, el declive del populismo que se manifiesta hoy comenzó con la muerte del presidente Hugo Chávez, en 2013. "En ese momento empieza un proceso paulatino, tal vez poco perceptible, de desarticulación de la izquierda populista apoyada financieramente por Venezuela", dice a LA NACION.
Esa izquierda populista latinoamericana, comandada por la chequera petrolera de Chávez, tuvo su auge a principio de siglo y encontró su caldo de cultivo en el descontento social generado por las políticas neoliberales de los 90.
Pero así como ese modelo tuvo sus limitaciones, lo mismo sucede ahora con el llamado neodesarrollismo, indica Juan Gabriel Tokatlian, director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella. "Lo que estamos viendo ahora son los límites del llamado neodesarrollismo, un sistema cuyo ADN está compuesto por la mayor preponderancia del Estado sobre el mercado, más regulación, más proteccionismo, intento de reindustrialización", sostiene.
Según Tokatlian, estamos ante un momento innovador y el modelo que vendrá debería tener "la capacidad de sostener riqueza, de ser redistributivo, de responder a las demandas sociales y de crear empleo".
Eso es lo que claman muchos en Brasil, donde quedaron lejos los años dorados del PT de Luiz Inacio Lula da Silva. Al disminuir los ingresos por la caída de los precios de las materias primas, las estructuras de gobierno se desmoronaron y dejaron a la vista las carencias económicas, sociales y políticas. Sin plan B, el fuerte rechazo a Dilma se convirtió en el reclamo de renuncia o de juicio político.
"El país vive un proceso de depresión económica, situación que no veíamos desde 1930. Los escándalos de corrupción, especialmente el del petrolão, desgastaron al gobierno, que parece caminar hacia el fin, solo falta definir la fecha de salida", señala Marco Villa, sociólogo y profesor de historia de la Universidad Federal de San Carlos, quien se mostró pesimista ante el proceso de juicio político que enfrenta la presidenta.
En Chile, los ánimos están más calmos, pero la presidenta Michelle Bachelet no logra levantar cabeza. Atrás quedó su regreso triunfal de 2014. Su popularidad del 22 por ciento se explica por varias razones: el "Nueragate", que a principio de año salpicó a la familia presidencial con un hecho de corrupción; los errores de aplicación que tuvo la ley de educación y el frenazo de la economía.
Aunque la desaceleración económica afectó a toda la región, la tormenta fue mucho más tranquila en Perú y Colombia, países que adoptaron un modelo más ortodoxo de la economía y sobrellevaron la crisis.
En la mayoría de los países de la región los desafíos son inmensos. Está claro que los nuevos líderes de este ciclo político que comienza no vivirán una luna miel extendida y deberán atender las demandas sociales.
Lejos de los mejores tiemposRafael Correa
Presidente de Ecuador
Ante el aumento del descontento popular, el presidente desistió de participar en las presidenciales de 2017
Dilma Rousseff
Presidenta de Brasil
La profunda crisis económica y varios escándalos de corrupción desencadenaron el inicio de su juicio político
Evo Morales
Presidente de Bolivia
La bonanza económica le permite al líder izquierdista organizar en febrero un plebiscito que lo autorice a competir en 2019








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