Con la mira en el congreso partidario del viernes, avanza un acuerdo con los díscolos: los gremios y la juventud K pujan por lugares
El ritmo de las conversaciones, que no cesaron ni en el feriado, se hará más frenético a mitad de semana, cuando empiecen a desembarcar los caciques provinciales para definir los puntos del acuerdo, en la antesala del congreso citado para el próximo viernes, en Parque Norte.
Como un clásico, todos quieren conservar o ampliar su representación interna. Así, desde la CGT hicieron saber que pretenden una de las codiciadas cinco vicepresidencias para su líder, el metalúrgico Antonio Caló (en la que Néstor Kirchner había bendecido a su ex aliado, Hugo Moyano), y, de mínima, mantener las cuatro vocalías.
En las provincias alineadas con Olivos se elevó, con matices, un pedido similar por territorio y La Cámpora esboza su propia solicitud. En su pliego de requisitos, solicitará una cifra general como fuerza política, y no distinguirá por distrito, criterio atado a su menor expansión por el interior, en comparación con la Capital y el conurbano.
Desde la mesa chica que coordina la unidad se lanzó un operativo de seducción para sumar a los díscolos que implicaría, en los hechos, una probable ampliación del número de sillas del Consejo partidario, que hoy es de 75. Es un gesto destinado a evitar heridos al habilitar que todos los sectores estén expresados.
Cuando ya se enviaron alrededor de mil telegramas para notificar a los congresales, la atención está centrada en cómo jugarán los emisarios que reportan a los figurines que buscan repatriar, desde el cordobés José Manuel De la Sota hasta los hermanos Rodríguez Saá, capataces de San Luis.
Las definiciones, obvio, se estirarán hasta último momento, lo que imprime suspenso a la cita. Ayer, el diputado Carlos Caserio, presidente del PJ cordobés y cercano a De la Sota, confirmó a la nacion que el lunes o martes convocará a una reunión de su tropa de congresales -son 87 los que aporta la provincia- para delinear una estrategia: asistir, pegar el faltazo o dar libertad de acción. No le ve chance, en principio, a la aparición del gobernador, uno de los más ásperos con la gestión de Cristina Kirchner.
La tarea de convencerlo es difícil, luego de la intromisión del secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, en una cera reservada de gobernadores, que marcaba el regreso al redil de De la Sota, enemigo íntimo del funcionario. Aunque sin protagonismo, el hombre de confianza presidencial y resistido por el peronismo ortodoxo sigue al tanto de los diálogos y avala, en nombre de la Presidenta, el esquema de unidad. Eso sí: la mayoría de las charlas con la dirigencia se aceitan desde otro despacho de Balcarce 50, en un extremo opuesto, donde habita el histórico operador del PJ, Juan Carlos Mazzón.
Intervienen, como puntales para aglutinar voluntades, el jujeño Eduardo Fellner, próximo presidente del sello consensuado por su perfil neutral, y el sanjuanino José Luis Gioja, titular de Gestar (ver aparte), con fuerte influencia entre sus colegas y en el Senado, donde hay un puñado de peronistas que persisten en exhibirse por fuera del dispositivo partidario.
Está más cerca, según prevén en el PJ, la participación de los delegados de La Pampa, divididos en tres corrientes: una, liderada por el gobernador K Oscar Jorge; otras dos, opositoras, conducidas por Rubén Marín y el senador Carlos Verna, que supo coquetear con el Frente Renovador. Ayer, el legislador, pícaro a la hora de ponerse en valor, contó sin inocencia que compartió encuentros recientes tanto con Massa como Daniel Scioli, competidores hacia 2015.
También se despliega un especial trabajo para sumar al senador Adolfo Rodríguez Saá, que fue "mimado" con su designación al frente de la Comisión Bicameral de Fiscalización de Órganos y Actividades de Seguridad Interior. Y se aguarda que haga efecto la tregua que cerró el kirchnerismo con el santacruceño Daniel Peralta. Más duro está arrancarle un sí al salteño Juan Carlos Romero, de vieja inquina con el gobernador Juan Manuel Urtubey, otro presidenciable.
La puesta en escena del viernes será, en sí misma, el mensaje. Una enorme mesa cuadrada, sin cabecera, cobijará a los consejeros. Sólo se destacará, en uno de los lados, a Fellner, hasta ahora único orador. En un aparte, todos posarán para una "amplia" foto de familia.
"Un congreso peronista es in-ma-ne-ja-ble", machaca, pausado, un dirigente con largo historial justicialista para reforzar que hasta el pacto más apalabrado puede demolerse en un pestañeo..



















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