Acá no se va nadie

Acá no se va nadie
La designación de Alejandro Granados al frente del Ministerio de Seguridad le permite a Daniel Scioli actuar en dos sentidos complementarios: por un lado se alinea a la Nación en un momento más que sensible por las fugas que vienen produciéndose desde las PASO; por otro, conserva un resto de autonomía al mantener al resistido Ricardo Casal en el organigrama bonaerense.
El salto de Leonor Granados a las filas massistas llevó todas las miradas a Ezeiza, un distrito gobernado por un “imbatible” que este año jugó de testimonial. Pese a la victoria en el pago chico, su propia hermana, hasta hace pocos días senadora del oficialismo, anunció con bombos y platillos su incorporación al FR, lo que desató una incontenible interna puertas adentro y afuera del distrito.

La hermana del intendente no se preocupó demasiado por “maquillar” su pase: dijo que lo hacía porque Massa era quien había sacado “más votos”. Atrás quedaron los tiempos en que, al asumir, había jurado por la memoria de Néstor Kirchner.

Si bien Dulce Granados, esposa del mandamás y candidata a renovar su banca en el Congreso, se apresuró a presentar un proyecto para multar a los legisladores que se cambien de banca o voten en contra de su partido, no todos creyeron que esa pelea política/familiar fuese tal.

Muchos leyeron en esa jugada una suerte de apuesta de Alejandro Granados por garantizarse “un huevo en cada canasta”. Si la suerte abandonaba definitivamente al FpV en octubre, el desplazamiento al espacio ganador ya estaría iniciado de la mano de su propia hermana. Una jugada clásica.

En la Casa Rosada nunca creyeron demasiado en la “traición” de Leonor, y por eso Granados estaba en la mira. Atento a esa desconfianza, Scioli actuó en consecuencia y “contuvo” al mandamás en su gabinete. Respondió también, así, a la demanda social por la inseguridad con el desdoblamiento del “superministerio” y el desembarco de una “cara nueva”.

Se trata de una reacción habitual en el peronismo cada vez que surge el temor por una diáspora. En 2010, cuando muchos intendentes del Conurbano amenazaban con socavar el caudal electoral del oficialismo, la presidenta Cristina Kirchner designó a Juan José Mussi, hasta entonces el alcalde histórico de Berazategui, al frente de la Secretaría de Medio Ambiente de la Nación. Fue un “pago” y una garantía de contención a los mandamases de la Tercera. Esta vez pareciera ser lo mismo, sólo que quien lo hace explícito es Scioli. Acá no se va nadie.

En perspectiva, quedó demostrado que, para este año, la Presidenta privilegió la estructura del PJ y los jefes territoriales en el armado de las listas. La aventura de Unidos y Organizados, hegemonizada por La Cámpora, quedó difuminada. No alcanzó en la provincia de Buenos Aires, y por eso hace falta seguir apretando las clavijas. Un intendente de la Tercera en un área “clave” del gabinete bonaerense no es una concesión para despreciar.

Vueltas

El desdoblamiento de las carteras será materia de explicación para Scioli. Hace apenas tres años, en mayo de 2010, el gobernador fusionó Justicia con Seguridad para atemperar la salida del cuestionado Carlos Stornelli, que retornó a su sillón de fiscal federal. Designó como titular del “superministerio” a Ricardo Casal, que hasta entonces se desempeñaba al frente de la cartera de Justicia.

Desde entonces Casal fue el blanco de la Casa Rosada y los sectores del kirchnerismo ortodoxo, con la pluma de Horacio Verbitsky a la cabeza. Se habló más de una vez de su salida, se cruzaron nombres, se dio por hecho que Scioli le soltaba la mano. Pero el gobernador lo mantuvo, y lo hace también ahora.

En las últimas semanas, esos rumores habían retornado. Con la cabeza puesta en su proyecto presidencial, Scioli no puede permitirse ceder ni “entregar” un ministro. Casal retorna, así, al sillón que ocupó desde el primer día del gobierno sciolista.

Por su parte, Stornelli se había ido muy cuestionado por distintos casos de inseguridad y el fallido operativo para encontrar a la familia Pomar. Casal tuvo una suerte similar en su paso por el unificado ministerio. Ahora, la efervescente Legislatura deberá volver a votar el desdoblamiento.

En sus primeras definiciones como ministro designado, Granados dijo que la Provincia "necesita la policía en la calle" y prometió trabajar "codo a codo" con los intendentes. Su postura a favor de la Policía Municipal es clara. También su culto por la “mano dura”. Aunque aclaró no ser “Copperfield" y, en una muestra de indudable viveza, hasta se permitió parafrasear al Papa Francisco. "Recen por mí", pidió. En esa oración se juega buena parte de la suerte del oficialismo.

Comentá la nota