No tenemos que escandalizarnos si sentimos la necesidad de rezar, ni de pedir cuando estamos en la necesidad. Si bien debemos aprender a hacerlo también en los tiempos felices, la oración de petición va a la par de la aceptación de nuestros límites y de nuestra creaturalidad. Lo dijo el Papa en la Audiencia General del 9 de diciembre. La Biblia - recordó - lo repite infinidad de veces: Dios escucha el grito de quien lo invoca. También nuestras peticiones balbuceadas, las que quedan en el fondo del corazón, que tenemos vergüenza de expresar, el Padre las escucha.