La multipartidaria católica

La multipartidaria católica

Por Julián Fragueiro

Cerramos la semana con la gran foto. Convocados por Monseñor Jorge Lozano, con la presencia también de Jorge Cassaretto, la Pastoral Social anota el poroto de fin de año: Tener bajo el mismo techo, en la misma mesa, a los principales políticos de la oposición para firmar un documento donde se afirma que la situación en nuestro país en relación a la droga es desesperante, que el narcotráfico cunde en nuestras tierras, y es la nueva esclavitud del siglo XXI. 

Los allí presentes firman el documento y se comprometen a destinar todos los esfuerzos políticos, ejecutivos y legislativos, en paliar este flagelo.

El parecido con las convocatorias de la Iglesia Venezolana a los antichavistas con Capriles a la cabeza, es inevitable. En el caso de haber sido en el hermano país, el joven Capriles habría sumado el voto de Binner, confeso votante del rejuntado venezolano.

Cuando tanto en Venezuela como en nuestro país, Maduro y Cristina cambian sus estrategias de comunicación, regresan las conferencias de prensa, y se llevan a cabo históricos encuentros con la oposición, los políticos anti K nacionales sienten que pierden terreno, quedan fuera de la foto, y necesitan excusas fuertes para intentar volver al centro de la escena. Lozano les hace el favor.  Y mucho más luego de fructíferos contactos Cristina-Arancedo en Olivos por estos mismos temas.

La Iglesia los junta, TN los muestra. En vivo, en la previa, a la hora de leer todos juntos y en pequeños párrafos el documento, pasándolo por la mesa para que Massa, Stolbizer, De Gennaro, Sanz, Binner, Pino, y otros, lo leyeran cuál grupo de estudio que está repasando para el final.

Siempre sorprende la Iglesia. De La Sota y Scioli también coincidieron con lo escrito, pero no estuvieron en el lugar. Y era lógico. Independientemente de las diferencias, era obvio que se buscaba la gran foto de la oposición unida bajo el manto eclesial y con la impronta de ser llamados por la Iglesia Argentina del Papa Francisco, el hombre del año. Lo que llama a la reflexión es, que en su afán de tener una postura equidistante de todos los grupos políticos, los prelados nacionales quieren con estos gestos despegarse un poco de las últimas movidas en el tablero del gobierno. La designación del sacerdote salesiano y amigo a Alicia Kirchner, Juan Carlos Molina al frente del SEDRONAR, se convirtió en una jugada maestra, casi un jaque que descolocó a los políticos ayer presentes, y a un sector de la Iglesia que por más que intente ocultarlo o mitigarlo, tiene un profundo resentimiento e insalvables diferencias con Cristina y todo el proyecto.

El documento de ayer no es ni más ni menos que repetir como loros muchos de los lineamientos que ya el gobierno marcó con los cambios. El narcotráfico como tema de estado, la asistencia al adicto, como víctima dejando de judicializarlo, y la determinación de todos los ministerios involucrados en perseguir al que la vende y a todos los que siguen en la cadena de valor.

Hay que mirar con atención también algunos gestos. Lozano, Cassaretto, y otros obispos formaron parte de esta convocatoria. Otros hombres, otras líneas. Arancedo desde la Conferencia Episcopal Argentina fue el encargado de las reuniones con Cristina. Es cierto que Lozano también ha participado, pero no hay que ser muy sagaz para darse cuenta en donde se siente más cómodo. Ayer los tenía a todos sentaditos, todos por igual, portándose bien y leyendo de a uno y sin errores.

Es interesante también advertir que los hombres de la Iglesia nacional parece que miden con diferentes varas a los líderes políticos. Ayer en la mesa de Lozano, había fervientes defensores de causas abortistas, gobernantes que promueven donde mandan,  leyes que apuntan en ese sentido, críticos salvajes de la caridad católica, que sienten que no sale de la actitud de dádiva, para que nada cambie y el pobre siga sin poder modificar  su realidad. Pero parece que eso ayer no importaba. El gobierno ha recibido dardos envenenados permanentemente en cada documento de los obispos. Por negociación y convicción, y porque Cristina es antiabortista, las reformas del nuevo código van en ese sentido. Pero parece que nada alcanza.

Seamos claros. Paradójicamente, para una fe que promueve el amor a todos, el encuentro en unidad con el que piensa diferente,  el diálogo permanente y profundo,  resulta llamativo que no pueda manejar el  odio visceral, la crítica feroz, y el concreto deseo de que de una vez por todas,  este proyecto político termine. Eso es, guste o no, lo que piensan millones de laicos argentinos, y no pocos obispos también. Bergoglio no se encuentra en este grupo, pero él es la cabeza visible de los obispos más “progresistas” dentro de la Iglesia. Aguer, desde La Plata, es referente del sector más duro, que igual, y en el verticalismo del dogma, silencioso y dócil, se en columna  detrás de Francisco.

En un país donde el 95% de los habitantes dice ser católico, y donde una presidenta gana con el 54% de los votos y hoy mantiene una imagen positiva del 45%, es muy fácil llegar a la conclusión de que también hay millones de “católicos kirchneristas”. Pero a partir de los hechos, es simple descubrir que casi  ninguno de ellos está en los lugares de mando ni en las cúpulas de la Iglesia nacional. Y hasta suena lógico. El deseo de cercanía con el pueblo, con las patas en el barro, te lleva a otros lugares. Hoy son miles los jóvenes, los laicos y los curas  que militan en los barrios, en las capillas y parroquias, en las villas. Y ya están acostumbrados a ser rechazados e invisibilizados por esa Iglesia que aman, por ser católicos muy comprometidos y militantes K al mismo tiempo.

La Iglesia Católica hace más de 2000 años que funciona en este planeta. Y tiene sucursales en cada barrio de cada ciudad del mundo. Los políticos y gobernantes pasan, ella queda y sigue.

Por eso está con todos, y con ninguno.

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