El rigor de la campaña ha tensado la cuerda y caldeado los ánimos. Mientras la migración de kirchneristas a las filas massistas se instaló como la noticia política de cada semana, los esfuerzos en el sciolismo por potenciar la figura del gobernador como eventual candidato del PJ a la presidencia se ven opacados por la realidad conflictiva que tristemente padece la Provincia.
Al peregrinaje semanal de trabajadores de distintas áreas del gobierno que se acercan a calle 6 a reiterar reclamos, la incomodidad creció por estos días ante una cita, varias veces postergada, con los damnificados de la inundación que sufrió la ciudad de La Plata el pasado 2 de abril.
El cónclave transcurrió entre momentos de tensión, impotencia, bronca, desdén y dolor. Acompañado por el ministro de Infraestructura, Alejandro Arlía, su par en Educación, Nora de Lucía, el intendente Pablo Bruera y el diputado Gabriel Bruera, Scioli ensayó en el encuentro una escena que tuvo mucho de promesas, pero poco de compromiso político. La indignación sobrevoló la reunión y un gusto a poco fue el resultado de una demanda que comenzó en el mismo momento en que bajó el agua en la capital bonaerense.
Los entretelones de la reunión dejaron al descubierto al gobernador, quien lejos de poder calmar los ánimos, enardeció a los vecinos ante las respuestas vacías o cargadas de promesas ya escuchadas a un petitorio presentado hace meses y que Scioli parecía desconocer.
Por otro lado, nuevamente, aunque más inoportuno que en otros momentos, la versión de una posible salida de Ricardo Casal del Ministerio de Justicia y Seguridad inundó el mundillo político. Si bien el trascendido fue desmentido por el propio vocero del gobernador, Alejandro Delgado Morales, el dato novedoso esta vez lo aportó la hipótesis de que Casal dejaría el Gabinete y asumiría al frente de la Fiscalía de Estado, un puesto que quedó bacante desde la muerte de Ricardo Szelagowski.
La salida del funcionario, según esta presunción, implicaba un desdoblamiento de la cartera: se designaría a Iván Budassi en Justicia y a Alberto De Fazio en Seguridad. Por el momento, la decisión entró en un cuarto intermedio.
Sin embargo, los desalientos están a la orden del día para la administración sciolista. Al sorpresivo pase de Leonor Granados, hermana del intendente ultra kirchnerista Alejandro Granados, a las filas de Sergio Massa, se le sumó un cachetazo en la sesión de Senado, que vislumbra un escenario complejo de acá a octubre.
El flamante bloque del Frente Renovador improvisó una medición de poder que lo dejó bien parado, adjudicándose una suerte de victoria cuando impidió la aprobación de una ley del oficialismo al solicitar que se trate sobre tablas el caballito de batalla de las propuestas massistas: la Policía Municipal. La negación del bloque comandado por Cristina Fioramonti imposibilitó el quórum e hizo caer una sesión que por ahora no tiene fecha próxima.
No contentos con el logro, el massismo puso en la mira la aprobación de una prórroga de la licencia del secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, quien además ocupa la vicepresidencia primera del Senado. Tras la advertencia de una irregularidad institucional el Frente Renovador escondería el verdadero propósito de la observación: quedarse con ese puesto y hacer tambalear aún más al oficialismo que comenzó el año con 28 legisladores pero hoy sólo cuenta con 20.
Sin embrago, como si se tratara de un libro, la vuelta de página se ha vuelto un requisito fundamental en momentos de campaña, porque desde hace tiempo las preocupaciones del gobernador se han instalado en otro ángulo.
El viaje a Corrientes de Daniel Scioli no sólo tuvo como intención respaldar a Carlos "Camau" Espínola, que el 15 de septiembre enfrentará a Ricardo Colombi, el mandatario que buscará la reelección, sino lograr el compromiso de los caciques provinciales de reunir el Consejo Nacional del PJ, discutir la reconstrucción del partido y trabajar desde allí para las elecciones presidenciales de 2015.
El escenario político está repartido. Por un lado están los oficialistas, que aunque reman contra la corriente apuestan a calmar las aguas y que un viraje en el resultado de las PASO los posicione en primer lugar en octubre. Por otro los massistas, que hacen uso de las grietas en la gestión actual y cuelan en cualquier ocasión y espacio sus aspiraciones políticas.














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