Cristina llegó a Roma y fue recibida con banderas de La Cámpora

Cristina llegó a Roma y fue recibida con banderas de La Cámpora

La visita de la presidenta a Italia.Distendida se sacó fotos con militantes y turistas argentinos. Hoy se reúne con Lula y mañana con el Papa.

Alfombra roja, flores, guardaespaldas, fans. Apenas habían pasado unos minutos de las 15 de Roma cuando, en el pico de calor de un día sofocante, Cristina Kirchner hizo un inhabitual ingreso al lujoso hotel donde se hospedará en una de sus últimas giras internacionales como Presidenta. Con un coqueto conjunto en tonos violetas, de gasas al viento y anteojos oscuros, la mandataria argentina rompió el protocolo -como gustaba hacer su marido- y se acercó a charlar con turistas-militantes que la esperaban allí algo excitados. Ya habría tiempo para la agenda oficial en serio, que arranca hoy con un encuentro con el ex presidente Lula da Silva y tendrá su punto máximo el domingo, en un nueva audiencia con el Papa Francisco.

El Tango 01 había aterrizado a las 14.47 en el aeropuerto de Ciampino, una hora y media antes de lo previsto, por una escala más corta de lo programado. Según explicó un experimentado funcionario, la falta de tanques de combustible complementarios -quitados tiempo atrás por una cuestión de seguridad- obligó al avión presidencial a hacer dos paradas en el trayecto Buenos Aires-Roma: una en Recife y otra en Málaga. La segunda es la que se habría acortado y adelantó la llegada. No está claro si esa fue la razón, pero cuando apareció en la entrada del hotel Eden, en la turística zona de Piazza Spagna, Cristina estaba de particular buen humor. Fueron menos de cinco minutos, pero intensos.

Apenas la Presidenta bajó del auto, la custodia empezó a hacer el camino hacia la alfombra roja que le habían preparado los conserjes del hotel. Uno de ellos, de frack, le interrumpió el paso para obsequiarle un frondoso ramo de flores. Fue entonces que un trío de señoras vio luz y se mandó: "¡Cristina, Cristina", le gritaron. Y Cristina fue. "¿De dónde son chicas?", rompió el hielo la Presidenta. "De La Pampa", le contaron. "¿Y es la primera vez que vienen?", siguió Cristina. "De La Pampa, de La Pampa", se apuró la más nerviosa, mientras otra manipulaba la cámara de fotos. "Sí, sí, pero te pregunto si es la primera vez que vienen", insistió la Presidenta. "No, no, la segunda, vinimos hace unos años", entendieron y posaron para la foto.

Mientras, un petiso de bigotes que esperaba en la sombra, entendió que ahora le tocaba a él. Lo frenó la custodia: "Andá, pero despacio. Y cuando termine con las señoras". Cristina terminó y el petiso, "de Buenos Aires", fue. "Vinimos para verte a vos", le aclaraba a la mandataria mientras desenrollaba una bandera de "La Cámpora-Comuna 6". "Traé a tu mujer para la foto", lo mandó Cristina, mientras se corría del cachete un pedazo de bandera. El tipo obedeció y hubo foto para tres.

Ya completamente distendida, la Presidenta entró por fin al hotel y saludó especialmente a uno de los conserjes y al chef que, con la sonrisa congelada de los nervios, no le soltaba la mano. "Los dos más importantes de acá", devolvió Cristina y logró soltarse del cocinero.

A esa altura, en medio del desborde y por los costados, ya había entrado al lobby la mayoría de los funcionarios que acompañaban a la Presidenta. Los que vinieron en el avión oficial (el canciller Héctor Timerman, el vocero Alfredo Scoccimarro y la periodista Alicia Barrios -amiga personal de Jorge Bergoglio- y su marido), más el secretario de Culto, Guillermo Oliveri; el embajador ante la Santa Sede, Eduardo Valdés; y el embajador ante la FAO, Claudio Rozencwaig.Hasta que en la masa, entre todos, como uno más, apareció el ex secretario de Comercio Guillermo Moreno, ahora con cargo en Roma. "¿De Clarín? ¿Cómo va, bien", saludó gentil Moreno. "Bien, bien. ¿Y usted?", devolvió Clarín. "Bien, bien, pero mirá que yo no hablo con la prensa, eh", cerró con un sonrisa. Mientras, otro funcionario confirmaba que la Presidenta iría el martes a la Expo Milán, como anticipó ayer este diario.

Aprovechando el tumulto, ahora adentro del hotel, Cristina pasó rauda hacia los ascensores. "Permiso, permiso", venía un colaborador atrás, pegado, con tres valijas en cada mano. "Lo más seguro es que la Presidenta se quede en su habitación hasta mañana", aclaraba otro para no generar falsas expectativas en la prensa. En la entrada, ya habían enrollado la alfombra y sin fans.

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