El Gobierno se comunicó con varias cámaras en busca de apoyo a los decretos; no hubo una sola respuesta
"Nadie va a hablar ni muerto", dijeron en una exportadora de manufacturas. Horas antes, desde el Ministerio de Planificación se habían comunicado con Héctor Méndez, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA). Por lo menos cuatro entidades más -entre otras, una agroalimentaria- recibieron el mensaje.
"Necesitamos apoyo a la Presidenta" fue la consigna, que no tuvo el éxito de, por ejemplo, aquel 4 de octubre de 2007, pocos días antes de las elecciones presidenciales, cuando la orden fue respaldar al Indec ante críticas de la oposición. Ese día, en una coincidencia de sólo tres horas, empresarios de primera línea hicieron fila para hablar a través de comunicados, Télam o Radio 10. Lo hicieron Jorge Brito (Adeba), Juan Carlos Lascurain (entonces presidente de la UIA), Osvaldo Cornide (Confederación de la Mediana Empresa), Enrique Pescarmona (Impsa), Marcelo Fernández (Confederación General Empresaria), Carlos Wagner (Cámara de la Construcción) y Carlos de la Vega (Cámara de Comercio). Varios reconocieron a este diario que era un pedido del Gobierno.
La Argentina es otra. Ayer, lo más optimista que llegó a los diarios fue un comunicado, emitido por el propio ministerio de Giorgi, con declaraciones de Daniel Funes de Rioja, presidente de Copal, tras un almuerzo en la sede de la cámara alimentaria. "Coincidimos con la ministra en la importancia que tienen para el país las políticas que lleva adelante el gobierno nacional, en pos de alentar la expectativa de inversión en el país, que nos permitirá que los sectores productivos accedan a créditos a menores tasas y mejores plazos", decía Funes de Rioja en el texto.
¿Usted coincide en las políticas del Gobierno?, le preguntó después LA NACION a Funes de Rioja, que fue menos enfático: "Hubo coincidencias en que necesitamos financiamiento, sí". En la UIA se quejaron. "No salió ni Cornide y la que habla es nuestra corriente más liberal", dijo un dirigente.
En realidad, la única bendición empresarial pública y de peso que recibió el Fondo del Bicentenario fue de Brito, en enero, apenas desencadenada la crisis del Banco Central, y molestó bastante entre sus pares. El banquero, que había consultado a varios de ellos antes de hablar, tuvo que volver a explicar días después, en reuniones privadas, sus motivos: temía que la permanencia de Martín Redrado provocara problemas financieros.










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