Por ley, el lunes 13 de mayo vence el plazo para fijar las PASO. El 22 de junio deben presentarse las listas y la Rosada aún no tiene quién encabece la boleta
Cristina Fernández de Kirchner tiene las próximas dos semanas para disipar todos los rumores y convocar a las PASO, la segunda experiencia de primarias que medirá la temperatura de las elecciones generales de medio término. A pesar de las dudas, esparcidas en especial en territorio bonaerense, en la Casa Rosada juran que la Presidenta sellará la realización de las internas abiertas fiel a su estilo de estirar el misterio: esperando al último minuto permitido por ley, el lunes 13.
“Está muy orgullosa de las primarias”, afirman en despachos oficiales. Semanas atrás, la mandataria las defendió en un acto en Casa de Gobierno.
Más allá de ser una mera formalidad, el decreto presidencial marcará el puntapié inicial del cronograma electoral que culminará el 27 de octubre con las elecciones generales. Y si bien el clima político ya comenzó a convulsionarse en el verano, el llamado a las PASO iniciará la recta final que se extenderá poco más de un mes. El 22 de junio, con la presentación de las listas para las internas, se terminarán las dudas, que abundan en Buenos Aires, el distrito electoral clave de cualquier comicio. El kirchnerismo se juega la elección allí, temeroso de que la fortuna no lo acompañe en Córdoba (donde el mandatario José Manuel De La Sota intenta comandar un peronismo opositor), Santa Fe y Capital Federal, ambos reacios para los candidatos de la Rosada.
Con los ojos puestos en la mayor provincia, el armado de las listas no resultará un trámite sencillo en la Quinta de Olivos si pretende equilibrar las distintas fuerzas. Hay demasiados interesados para pocos lugares: el sciolismo, los intendentes, el colectivo cristinista Unidos y Organizados (UyO) pujan por aportar sus nombres. Pero el principal problema (y más urgente hoy) en la cabeza de Cristina Kirchner es quién encabezará la boleta. Hace meses se especula que ese lugar le pertenece a la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner. Aún antes de la caída de imagen post-inundación en La Plata, su postulación debía superar un escollo: la cuñada presidencial no tiene domicilio bonaerense que habilite su candidatura.
Sin esa carta, un abanico de posibilidades se abrió en el oficialismo con especulaciones para todos los gustos: desde el jefe comunal Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), pasando por el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo y el presidente de la Cámara baja, Julián Domínguez; hasta el diputado provincial Fernando “Chino” Navarro, referente del Movimiento Evita.
No todos están interesados en competir. A pesar de integrar la mesa de organización provincial, en los eventos K armados para golpear al sciolismo, cerca de Domínguez asegurar que no está buscando revalidar su mandato que vence el 2015. Y cuando le preguntan por el tema a Randazzo, el ministro afirma que él es “candidato a arreglar los trenes”: una carta de gestión ejecutiva vale más que una legislativa pensando en el futuro. No obstante, ambos son “hombres del proyecto”. Es decir, con una orden presidencial salen a recorrer la provincia.
Mientras tanto, UyO se envalentona con obtener más espacios que en la última elección, que marcó el desembarco en especial de La Cámpora a escena. El PJ histórico (leáse, los intendentes) reniega del poder que puede perder en manos más jóvenes. Pero dentro del colectivo, también hay un débil equilibrio de celos a tener en cuenta en el reparto de espacios.
Finalmente, un Daniel Scioli encaminado a no romper, que también aspira colar parte de su gabinete, sobre todo en la lista provincial, para retomar el control de la Legislatura con un kirchnerismo que lo confronta más que la “oposición”.
Como en 2009, el “enemigo” del oficialismo sigue siendo el techo de los 30 puntos, que ni siquiera Néstor Kirchner y las testimoniales lograron sortear. A priori, ningún precandidato K hoy lo supera, por lo que la estrategia oficial depende de que enfrente no haya un armado opositor fuerte. En el medio: el efecto Sergio Massa. En todas las encuestas se modifica el tablero electoral dependiendo cómo se ubica el intendente de Tigre, que espera el decreto de convocatoria para definir su jugada. EL peronismo desencantado espera su definición con la misma inquietud que la Rosada.









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