La ampliación de derechos en las urnas

La consagración del matrimonio igualitario llevó a las primeras planas a militantes de las organizaciones de gays, lesbianas y transexuales. Varios de ellos se postulan para cargos electivos. Aseguran que apuntan a la igualdad y no a lo sectorial.

Casamiento en el 2010, candidatura en el 2011, la presencia de las figuras más conocidas de la militancia gay –las que pasaron por el Civil tras la aprobación del matrimonio igualitario– en las boletas es una de las novedades electorales de este año. Especialmente en la ciudad de Buenos Aires, donde los partidos tomaron registro de la buena recepción que tuvieron los porteños del reconocimiento de ese derecho.

“Me lo ofreció la gente de Martín Sabbatella. Como soy afiliado a Nuevo Encuentro, y por la militancia por el matrimonio igualitario, les pareció que tenía el perfil para ser candidato. Tuvimos una reunión y lo pensamos, los dos, porque a Ale, mi marido, también le ofrecieron integrar la boleta”, cuenta Ernesto Larrese.

El y Alejandro Vanelli fueron la primera pareja gay en casarse en la Capital Federal, el 30 de julio pasado. Venían de tener un protagonismo marcado en el tema, ya que también habían estado entre los primeros en llevar la cuestión a los tribunales, con un amparo que presentaron en el 2007, cuando les negaron un turno para casarse en el Registro Civil. La historia pegó fuerte porque llevaban 34 años juntos; Larrese es actor y Vanelli, un representante de artistas reconocido en el medio. Mercedes Morán, Boy Olmi, Esther Goris y Ana María Pi-cchio fueron algunos de los asistentes al Civil. Larrese y Vanelli ahora son candidatos de Nuevo Encuentro a comunero y legislador porteño.

María Rachid, Alex Freyre, Norma Castillo, Julio Rovelli y Juan Ignacio Marasco son otros de los militantes LGBT que trasvasaron a la política en listas del Frente para la Victoria, Nuevo Encuentro, el PTS y la Coalición Cívica. El caso de Rachid, cuarta en la lista de legisladores del FpV, es el más conocido, por la inconveniente pelea que tuvo con Claudio Morgado en el Inadi. A Rachid le bajaron el perfil en la campaña.

Alex Freyre ya había sido candidato, en el 2007, por el Partido Socialista. Está en la misma lista a legisladores porteños que ella, aunque mucho más abajo, en el lugar 21. Freyre es director de la fundación Buenos Aires Sida. Se desencantó con el Partido Socialista cuando, el año pasado, todavía no había sido sancionada la ley de matrimonio igualitario, hizo un intento de casarse en Santa Fe y el gobernador Hermes Binner no lo respaldó. Finalmente, consiguió hacerlo en Tierra del Fuego, avalado por la mandataria provincial Fabiana Ríos.

El perfil de Norma Castillo es un mix: además de ser activista en cuestiones de género –abrió el primer centro de jubilados LGTB–, es militante social, en una cooperativa de la Federación de Tierra y Vivienda que conduce Luis D’Elía.

Julio Rovelli integra la Juventud LGTB del Partido de los Trabajadores Socialistas y Nacho Marasco es candidato a comunero por la Coalición Cívica. “En mi caso tengo un doble rol, integro Jóvenes por la Igualdad y desde el 2001 milito en la Coalición Cívica”, dice Marasco. Ese doble rol, asegura, le ha permitido al activismo LGBT “abrir puertas que de otra manera serían más difíciles de abrir”.

Algunas estimaciones aseguran que el voto gay en la Ciudad llega al 10 por ciento de la población. Para Larrese, sin embargo, no se trata de poner el foco en el voto gay, sino en los heterosexuales que simpatizan con aquellas causas que hacen a la igualdad de derechos.

“Hay un voto gay como hay un voto judío o negro –dice sobre el tema Larrese–. Sin embargo, no creo que por ser gay vaya a traccionar más votos gays de los que puedan tener Filmus o Tomada por sí mismos. Para mí es ilustrativo que la gente que más nos viene a felicitar por el matrimonio igualitario sean heterosexuales. La gente homosexual históricamente no le ha dado tanta importancia al tema como la gente que tiene un pensamiento progresista de igualar derechos.”

La consultora Doris Capurro recuerda que con la sanción de la ley hubo un proceso. “La sociedad porteña estaba totalmente polarizada a favor y en contra, pero una vez que se votó y cuando se tomó conciencia de todo el debate, se generó una mayoría a favor. El tema arrancó empatado y polarizado, pero terminó en un reconocimiento social en favor del matrimonio igualitario.”

No todo el universo LGBT está a favor de poner el pie en la política. En la CHA, por ejemplo, tienen una posición de no aceptar candidaturas. César Cigliutti, su presidente, apunta que la sanción del matrimonio igualitario “fue un trabajo de 27 años que hizo la sociedad civil. La CHA y las otras organizaciones trabajaron desde su ámbito de pertenencia, no hizo falta que fuéramos diputados, senadores o candidatos. Y justamente eso es un aporte de la sociedad civil a la democracia. Para los partidos ahora somos redituables, pero cuando no lo éramos estuvimos solos. Por eso reivindicamos la independencia de la organización, el derecho que tenemos a hablar con ministros, senadores, diputados y presidentes, no como parte de un partido, sino desde la sociedad civil”.

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