UCR – MDP: de locomotora de la democracia a furgón de cola del partido militar

La Coalición CAMBIEMOS respondió a un armado político que iba por el desplazamiento del poder después de 12 años de dominio kirchnerista. Concebida como tal, quedó en claro que todos iban a tragarse algún sapo, pero de allí a la indigestión de batracios hay un largo trecho.

Colgados del pasamanos de este espacio colectivo, encontramos a Agrupación Atlántica, al PRO, a la UCR, a FE (Momo Venegas) a la Coalición Cívica, Unidos Somos Invencibles (Rodríguez Saá) y otros marginales de la política que salen en las fotos o hacen de maestro de ceremonia. El sacrificio conjunto finalizará el domingo 25 a las 18. Pero es necesario pasar el tamiz por el aporte de la UCR a esta “solución” exclusivamente electoral.

El candidato a intendente por CAMBIEMOS, titular de Agrupación Atlántica, doctor Carlos Fernando Arroyo proviene y tiene inclinaciones hacia la derecha peronista, empatía con organizaciones vinculadas a militares y hasta una militancia ideológica, su partido vecinal fue una pantalla.

No debió extrañar que por la salida pacífica, aprobada por un plebiscito nacional con Chile, durante el conflicto por el Beagle, Arroyo haya calificado al ex presidente Raúl Alfonsín como un vende patria, azuzado por el diputado provincial Pablo Farías. El legislador del GEN lo sacó a la cancha y dejó en evidencia ante numerosos testigos, el rechazo que le produjo a Arroyo el resultado de un pronunciamiento ciudadano, que evitó cualquier conflicto armado con Chile, cuando todavía había heridas sin cicatrizar, tras la zozobra de la Guerra por nuestras Islas Malvinas.

La dura calificación de Arroyo para el doctor Raúl Alfonsín, debe ser tomada  como una afrenta normalmente por  correligionario que se precie de tal. Pero lo curioso del caso es quien salió a copar la parada fue nada menos que el presidente de la UCR local, doctor Daniel Núñez, con expresiones contundentes como “Arroyo es un garante de los principios radicales”.

No es el único caso de vahído político que sufre el joven titular del radicalismo, en esta ocasión protegido desde la nebulosa (en el mismo acto en Don Orione) por Vilma Baragiola y Mario Rodríguez, hijos políticos del padre de la recuperación de la democracia, hoy ambos están en la dura fajina de conservar lo que resta de la UCR de Mar del Plata, para disputar rentables espacios de poder con la estructura que todavía queda en pié, en lo que se conoce como la utilización de la política.

Por estas horas, Ricardo Alfonsín ha demostrado preocupación por designaciones que podría efectuar el ingeniero Mauricio Macri, al frente del Ejército. ¿Cuál es el límite de la tolerancia en una campaña política? ¿Se respetan, si existen, los acuerdos programáticos? ¿Cómo se defienden los espacios y cuál es el margen de la resignación? El marco de una coalición resulta insuficiente, para poner en juego banderas que han costado sangre, sudor y lágrimas.

Seguramente Daniel Núñez no fue a recibir a Chascomús (cuando no había nafta) a Raúl Alfonsín cuando debió entregar el gobierno en forma adelantada, para el regocijo del partido militar, beneficiado luego por los indultos. Seguramente tampoco acompañó la vigilia de su recuperación tras el accidente en Río Negro que lo mantuvo durante meses en agonía. Alfonsín seguía haciendo campaña pueblo por pueblo. Tampoco debe haber estado en el Luna Park cuando en el 2008 mandó un mensaje grabado, postrado en su lecho de enfermo, su enfermedad terminal no le permitió recibir su merecido homenaje. Tampoco debe haber participado de la columna que llevó la demostración a las puertas de su modesto departamento en la Avenida Santa Fe, en una conmovedora demostración espontánea de miles de militantes, que entonando las consignas marcharon desde el Luna Park.

No hay margen ni causa que merezca tragarse más sapos en un contexto de arreglos políticos, a cómo den lugar.

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