Alberto Dearriba.
En política, los porotos se cuentan en las urnas y no sólo por los camiones que pueden bloquear rutas.
La foto del miércoles pasado en Córdoba que juntó a Hugo Moyano, José Manuel De la Sota, Francisco De Narváez y Roberto Lavagna es un nuevo paso de la derecha peronista en pos de conformar una oposición al kirchnerismo, pero se trata de un cuarteto de iguales en el que falta el primus inter pares. Cualquier fuerza política necesita en la Argentina un liderazgo claro, pero entre peronistas, del color que sean, mucho más.
Los incipientes experimentos anteriores de los disidentes anitkirchneristas, como el que protagonizaron Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá en la primarias abiertas de 2011, terminaron en disolución y bochorno, precisamente porque ambos aspiraban a un liderazgo que no era aceptado por el otro.
Al margen de la valoración política que se haga de los integrantes del cuarteto de la fotografía de Córdoba, es cierto que cada uno de ellos tiene "algo" en sus respectivos distritos, o en su ámbito de acción, pero ninguno puede avanzar un paso más allá de sus fronteras.
Los disidentes podrían sumar al gobernador santacruceño Daniel Peralta y al diputado riojano Jorge Yoma, lo cual puede servir para la relativa sinergia que puede tener un armado legislativo, pero resulta sumamente azaroso pensar en la fotografía del jueves como una película proyectada a 2015. Será entonces cuando la falta del primus inter pares, el primero entre iguales, el director de orquesta, será imprescindible para definir la candidatura presidencial.
De la Sota –el que aspira a ese lugar– es muy fuerte electoralmente en Córdoba, donde revalidó añejos títulos con votantes de clase media y baja, pero no tiene nada en Santa Fe, ni en Buenos Aires. Cuenta con apoyo mediático evidente del grupo Clarín, pero no mueve el amperímetro fuera de su provincia, por lo cual fue descartado en 2003 por Duhalde, quien debió aceptar finalmente a Néstor Kirchner. Sin embargo, De la Sota aspira a organizar a la derecha peronista como candidato presidencial para 2015. Este es el principal escollo para que Mauricio Macri convierta el cuarteto en quinteto, ya que obviamente no está dispuesto a resignar su candidatura presidencial. Otra de las trabas es que en el PRO no faltan sectores que no se fuman de ningún modo a Moyano. Y, a la inversa, que no pocos peronistas se niegan a marchar bajo un candidato no peronista.
Moyano puede aportar su capacidad de daño y movilización, pero, en política, los porotos se cuentan en las urnas y no sólo por los camiones que pueden bloquear rutas. Para los sindicalistas, el salto de un terreno a otro siempre fue muy complicado. La clase media los rechaza y muchas veces por lo que tienen de bueno y no sólo por sus mañas. A veces los acusa de matones y corruptos, pero a veces esgrimen argumentos antiobreros.
Lavagna es un economista moderado, tanto que Néstor Kirchner debió desprenderse de él para poder avanzar en las transformaciones más profundas que se sucedieron. Aunque con aspiraciones políticas, el economista sigue pensando que la política debe someterse a la economía. Y Kirchner creía exactamente lo contrario. Sea como fuere, el perfil técnico de Lavagna resulta digerible para la clase media de las grandes ciudades argentinas, más allá de que se considere peronista. Su imagen en esa franja social, generalmente gorila, le alcanzó apenas para ser tercero de Cristina Kirchner y Elisa Carrió en las presidenciales de 2007, cuando reunió un magro 17 por ciento en alianza con la Unión Cívica Radical.
Su presencia en la foto del cuarteto cayó como un balde de agua fría en el PRO, con quien el economista había avanzado decididamente en una alianza porteña. Para los macristas, el cuartetazo cordobés es una expresión de la vieja interna peronista y no están dispuestos a enredarse en ella.
En cambio, De Narváez cree que Macri quiere usar al peronismo sin entregar nada a cambio. Esa fue la razón que esgrimió para romper su alianza con el PRO luego de la elección de 2009.
De Narváez fue tercero en 2007 como candidato a gobernador por la Provincia de Buenos Aires con Jorge Macri como postulante a vice (casi 17 por ciento), pero saltó al estrellato dos años después, cuando derrotó inesperadamente a Néstor Kirchner en las elecciones legislativas de 2009 (34 por ciento). Su ajustado pero resonante triunfo signó la lectura exagerada o interesada de esa elección legislativa, como una derrota terminal del kirchnerismo, pese a que el Frente para la Victoria (FPV) obtuvo la mayor cantidad de votos en la suma nacional. El empresario colombiano buscó entonces en la justicia la habilitación para una candidatura presidencial, pero la Constitución es clara en su veto a un eventual presidente extranjero. Tras la negativa de la justicia, volvió a concentrarse en la gobernación provincial y, en alianza con la Unión Cívica Radical, obtuvo apenas el 16 por ciento en 2011. Esos son sus porotos en el principal distrito electoral. No es poco, pero no alcanza. En las encuestas no le va mal, pero lo muestran muy lejos de Daniel Scioli. No es poco, pero fuera de Buenos Aires De Narváez pisa el desierto y sin agua.
El diputado kirchnerista Carlos Kunkel dice que el gobernador bonaerense financia la abundante campaña del Colorado. De Narváez sueña con que Scioli dé el gran salto, pero el ex motonauta aguarda su momento fuera de la foto.
Tampoco estuvo en Córdoba otra figura clave del peronismo bonaerense: el intendente de Tigre, Sergio Massa. Señalado por las encuestas como figurita en ascenso, mantiene una posición similar a la Scioli.
Massa está lejos del gobierno que lo tuvo como jefe de Gabinete, pero no rompe, pese a que los disidentes peronistas le reclaman una decisión. Si Cristina Fernández no es habilitada como como candidata presidencial, Scioli irá por el sillón de Rivadavia y Massa tendrá abierto el camino para aspirar a la Casa de Gobierno de La Plata. Es lo mismo que quiere De Narváez y por lo tanto se rechazan.
La ausencia del inendente de Tigre, pese a haber sido invitado, irritó a los referentes de la derecha peronista más que la presencia de Lavagna a los macristas. Pero ninguno puede imponerle correctivos al otro. Hay caciquejos, pero no un cacique.
Pueden pelearle un segundo puesto al radicalismo, en el que tampoco hay un liderazgo preeminente. Pero están lejos del kirchnerismo, que conserva la conducción de Cristina Fernández, pese a la fecha de vencimiento constitucional.
El nerviosismo crece entre quienes pretenden un gran frente de derecha, porque dentro de nueve días el Poder Ejecutivo Nacional podrá convocar por segunda vez en la historia a las Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que se realizarán el 11 de agosto. Comenzará entonces a correr el cronograma que obliga a los partidos a presentar las alianzas que competirán en sus respectivas internas antes del 12 de junio y las listas de candidatos el 22 de junio.
El ex candidato radical Ricardo Alfonsín viene urgiendo a los socialistas a cerrar un acuerdo porque, de lo contrario, entienden que "damos ventajas". Lo sabe por experiencia propia.
De todos modos, el juego de las cooperativas electorales es favorable en las elecciones legislativas sobre la base de que nadie invada el distrito ajeno.
El problema que encuentra la derecha peronista y no peronista para constituir una gran alianza es que los resultados de los comicios de octubre prefigurarán el escenario para 2015,cuando el país deberá decidir entre dos modelos enfrentados.

















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