De Uribe a Fidel, los ex líderes que se resisten a iniciar sus vidas de jubilados

Alejados del poder, varios ex presidentes logran la atención pública al criticar o asistir a sus sucesores
Son líderes que tuvieron en sus manos el destino de millones de personas, altos índices de popularidad y, en algunos casos, el reconocimiento de sus pares, más allá de los vaivenes de sus gobiernos.

Sin embargo, una vez que dejan el poder, algunos se resisten a marcharse a sus casas para iniciar una tranquila vida de jubilado, lejos de las intrigas palaciegas. Otros, en cambio, son llamados por discípulos o aliados para que presten servicios a la causa.

En los últimos días, Colombia y Uruguay dieron una muestra clara de los choques y pugnas que hay entre los ex mandatarios y sus sucesores. No así en Brasil, donde la aspirante a la presidencia, Dilma Rousseff, recurre al carisma y al magnetismo de su jefe, Luiz Inacio Lula da Silva, para escalar en las encuestas.

Después de ver frustradas sus ambiciones de obtener una nueva reelección, Alvaro Uribe le cedió el mando del país a su ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos. Pero no sin antes complicar las relaciones bilaterales con el gobierno de Venezuela, al que acusó nuevamente de refugiar a los "bandidos de las FARC". Santos no emitió opinión sobre el incidente, se limitó a decir que hasta el 7 de agosto mandaba Uribe y descartó un diálogo con las FARC.

Con más del 80% de popularidad, Uribe ya advirtió que respetará a su sucesor, pero que no se callará. Los analistas que conocen a Santos auguran fuego cruzado con Uribe -que ahora integra una comisión de la ONU que investigará el asalto israelí a una flota humanitaria-, desde el momento en que el ex mandatario cuestionó a miembros de la flamante coalición de gobierno y criticó su acercamiento a Chávez.

Otro ex presidente de la región, Néstor Kirchner, hoy secretario general de la Unasur, también ocupa sus horas en la crisis entre Colombia y Venezuela. Pero Kirchner jamás se distanció del poder, e incluso podría intentar volver en 2011.

Tabaré Vázquez, el popular ex mandatario de Uruguay, mantuvo diferencias con su sucesor, José Mujica, pero siempre se mostraron unidos.

Desde marzo pasado, Tabaré se venía manteniendo en silencio, sin emitir opinión alguna sobre el nuevo gobierno. Sin embargo, la semana pasada, atacó de frente a su sucesor: encolerizado, dijo que rechazaba "la debilidad" del gobierno de Mujica frente a la presión de Philip Morris, que pretende reducir las advertencias de los males del tabaco que se imprimen en las cajas de cigarrillos.

Lejos de callarse, Mujica minimizó el incidente y le enrostró a Tabaré la incapacidad de Uruguay para solucionar la crisis con la Argentina por la papelera Botnia.

Por el momento, Rousseff, seria aspirante a quedarse con la presidencia de Brasil en octubre, tiene una relación brillante con Lula, que ocupa los huecos de su agitada agenda con actos de campaña para impulsar la candidatura de su elegida para derrotar a José Serra, del PSDB.

El propio Serra también es apuntalado por un ex presidente: hoy, igual que en la campaña de 2006, Fernando Henrique Cardoso intenta trasladar sus altos índices de popularidad al candidato de su partido.

Hace pocas semanas, Lula dejó en claro cuánto le cuesta dejar el poder: después de llorar de emoción en una entrevista al recordar sus logros, se negó a descartar un regreso al Palacio del Planalto en 2014, año en el que Brasil, a instancias suyas, será sede del Mundial de Fútbol.

De Lagos a Bachelet

Considerado el primer estadista surgido de la democracia moderna chilena, el socialista Ricardo Lagos hizo poco por disimular su apoyo a Michelle Bachelet en la campaña de 2006. La intervención del mandatario provocó la ira del líder opositor y actual presidente, Sebastián Piñera, que en enero pasado finalmente le arrebató el poder a la Concertación, que gobernaba desde 1990.

Pero, al igual que sucedió con Lula y Cardoso, la popularidad de Bachelet superó a la de Lagos: ella cuenta hoy con más del 80% de imagen positiva, lo que la convierte en el máximo referente de la oposición y la mejor opción de la Concertación para 2014.

Donde sí se advierte una guerra declarada entre el presidente y su antecesor es en México. Además de combatir al narcotráfico, el presidente Felipe Calderón se encuentra en un abierto enfrentamiento con su predecesor, Vicente Fox, que lo despidió de la secretaría de Energía cuando el actual mandatario anunció su candidatura en 2006.

Ese año, Fox volvió a la carga y se atribuyó la victoria de Calderón cuando declaró: "Me tocó ganar dos veces: el 2 de julio de 2000 y el 2 de julio de 2006". Incluso, tras las últimas derrotas legislativas del Partido Acción Nacional (PAN) en julio de 2009 y el mes pasado, el ex inquilino de Los Pinos advirtió: "Si se va a gobernar, hay que hacerlo bien". Calderón, por medio de sus partidarios del PAN, intenta vincular a la anterior administración con los carteles de la droga, que hoy tienen en jaque al país.

Pero posiblemente el que conviva con el mayor lastre de un ex gobernante es el presidente de Cuba, Raúl Castro. Más aún si el predecesor es su hermano mayor, Fidel, líder histórico de la revolución y el hombre que mantuvo el poder absoluto durante 47 años. Desde que asumió el cargo en 2006, Raúl amagó con una serie de reformas mínimas y una tibia apertura. También se mostró abierto a discutir con Estados Unidos sobre todos los temas, incluidos "los presos políticos [sic]". Pero Fidel, recuperado, lo fue desautorizando desde sus "Reflexiones".

Menos iba a permitir que su hermano obtuviera la atención mundial después de que el régimen iniciara un proceso de liberación de disidentes. En apenas unas horas, Fidel reapareció con su uniforme militar, concedió una extensa entrevista televisiva, visitó un centro científico, habló ante la Asamblea Nacional y presentó sus memorias. El primer tomo, claro.

Son líderes que tuvieron en sus manos el destino de millones de personas, altos índices de popularidad y, en algunos casos, el reconocimiento de sus pares, más allá de los vaivenes de sus administraciones.

Sin embargo, una vez que abandonan el poder, algunos se resisten a marcharse a sus casas para iniciar una tranquila vida de jubilado alejados de las intrigas y de los arreglos de palacio. Otros, en cambio, son llamados por discípulos o aliados para que presten servicios a la causa.

En los últimos días, Colombia y Uruguay dieron una muestra clara de los choques y pugnas que hay entre los ex mandatarios y sus sucesores. No así en Brasil, donde la aspirante a la presidencia, Dilma Rousseff, recurre al carisma y al magnetismo de su jefe, Luiz Inacio Lula da Silva, para subir en los sondeos.

Alvaro Uribe le cedió el mando del país a su ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos, pero no sin antes complicar las relaciones bilaterales con el gobierno venezolano, al que acusa de refugiar a los "bandidos de las FARC". Santos no emitió opinión sobre el incidente, se limitó a decir que hasta el 7 de agosto mandaba Uribe y descartó dialogar con las FARC.

Con más del 80% de popularidad, Uribe dijo que respetará al próximo mandatario pero que no se callará. Los analistas que conocen a Santos le reconocen vuelo propio y auguran fuego cruzado con el futuro ex mandatario desde el momento en que cuestionó a miembros de la flamante coalición de gobierno y al tibio acercamiento que insinuó con Venezuela.

Respecto de la espinosa disputa entre los Estados vecinos, el ex presidente Néstor Kirchner, hoy secretario general de la Unasur, volvió a mediar entre Caracas y Bogotá, cuyos cancilleres mantuvieron ayer un encuentro en la capital colombiana. Bastante mejor que su anterior gestión, que terminó en un rotundo fracaso luego de varios días de paseo en la jungla venezolana a la espera de una liberación de varios rehenes de las FARC que en ese momento nunca llegó

Kirchner jamás se distanció del poder -al que pretende volver en 2011- debido a que su mujer, Cristina Fernández, es la de jefa del Estado argentino. Incluso opositores y analistas sostienen que el santacruceño es el cerebro de los lineamientos estratégicos del gobierno de su esposa por medio del llamado "doble comando".

Tabaré Vázquez, el popular ex mandatario uruguayo, mantuvo diferencias con su sucesor, José Mujica, pero siempre se mostraron unidos. Desde marzo pasado, Vázquez no hizo referencias sobre el nuevo gobierno, pero días, encolerizado, dijo rechazaba "la debilidad" del gobierno de Mujica frente a la presión de Philip Morris, que pretende reducir las advertencias de los males del tabaco que se imprimen en las cajas de cigarrillos. Lejos de callarse, el presidente, un duro ex guerrillero, minimizó el incidente y le enrostró a Vázquez la incapacidad de Uruguay para solucionar la tensa relación con la Argentina tras la instalación en suelo uruguayo de una pastera frente a Gualeguaychú.

Por el momento, Rousseff, seria aspirante a quedarse con la presidencia de Brasil en octubre, tiene una relación brillante con Lula, que ocupa los huecos de su agitada agenda con actos de campaña en en favor de la también ex guerrillera para que venza a José Serra, del PSDB.

La candidatura de Serra, hoy y en 2006 también, fue apuntalada por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, el cacique mayor del PSDB que dejó el cargo con elevadísimos índices de aceptación, luego opacados por la estrella de su sucesor.

A fines de julio pasado, Lula no descartó retornar a Planalto en 2014, año en el que Brasil, a instancias suyas, será sede del Mundial de Fútbol.

Considerado el primer estadista surgido de la democracia moderna chilena, el socialista Ricardo Lagos hizo poco por disimular su apoyo a su par Michelle Bachelet en las presidenciales de 2006. La intervención del mandatario levantó la ira del líder opositor y actual presidente, Sebastián Piñera, que en enero pasado le arrebató el poder a la Concertación, que gobernaba desde 1990. Pero como en el caso Lula-Cardoso, el aura de Bachelet relegó a Lagos y su discípula cuenta hoy con más del 80% de imagen positiva, convirtiéndola en el máximo referente del arco opositor y la opción de la Concertación para 2014.

Donde sí se advierte una guerra abierta es en México. Además de combatir al narcotráfico, el presidente Felipe Calderón, se encuentra enfrentado con su predecesor, Vicente Fox, que lo despidió de la Secretaría de Energía cuando el actual mandatario anunció su candidatura para los comicios de 2006.

Ese año, Fox volvió a la carga y se atribuyó la victoria de Calderón cuando declaró: "Me tocó ganar dos veces: el 2 de julio de 2000 y el 2 de julio de 2006". Incluso, en las últimas derrotas del PAN, el ex inquilino de Los Pinos, advirtió: "Si se va a gobernar, hay que hacerlo bien y hay que tener éxito y resultados". Calderón, por medio de sus partidarios del PAN, intenta vincular a la anterior administración con los carteles de la droga, que hoy tienen en jaque al país.

Pero el que convive con el mayor lastre de un ex gobernante, luego de 47 años en el poder, es el presidente de Cuba, Raúl Castro. Más aún si el predecesor es su hermano mayor, Fidel, líder histórico de la Revolución.

Desde que le fue transferido el poder por una grave enfermedad de Fidel en 2006, Raúl amagó con una serie de reformas mínimas y una tibia apertura. También se mostró abierto a discutir con Estados Unidos sobre todos los temas, incluidos "los presos políticos (sic)". Pero Fidel, recuperado, lo fue desautorizando desde sus "Reflexiones" publicadas en los diarios comunistas.

Menos iba a permitir que su hermano obtuviera la atención mundial después de que el régimen iniciara un proceso de liberación de disidentes.

En una decena de horas, Fidel reapareció con su uniforme militar, concedió una extensa entrevista televisiva, visitó un centro científico y presentó sus memorias. El primer tomo, claro.

LOS PERSONAJES

Alvaro Uribe

Criticó a varios integrantes de la coalición de gobierno de Juan Manuel Santos, su sucesor.

Tabaré Vázquez

Dijo que Mujica fue débil ante una tabacalera. El mandatario le recordó la tensión con la Argentina.

Vicente Fox

Se adjudicó la victoria de Calderón en 2006 y atacó al mandatario por los reveses electorales del PAN

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