Fernando GonzalezEn medio de tantos desatinos que va sumando la Argentina, vale la pena celebrar el clima positivo que se respiró el lunes por la noche en la cena anual del CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento). Entre los 1.100 dirigentes políticos, empresarios y periodistas presentes se privilegió el diálogo; la búsqueda de ideas para el país y la diversidad ideológica y partidaria, requisito que lamentablemente se ha vuelto una excepción en este tiempo de confrontación extrema.
El orador central fue el ministro de Ciencia y Técnica, Lino Barañao, escuchado por un auditorio que iba de Julio Cobos a Mauricio Macri; de Adolfo Rodríguez Saá a Jorge Taiana; de Francisco de Narváez a Juan Carlos Dante Gullo y desde Miguel Pichetto a Martín Sabatella, Jorge Telerman y Gustavo Posse. No era tan difícil. No habría que esperar tanto para estos encuentros multipartidarios. Allí se habló de conformar una agenda pública que le sirva al próximo presidente. Y se planteó una de las carencias más insólitas de esta democracia argentina: la de un debate entre los candidatos presidenciales. El mismo que ya rehuyeron Raúl Alfonsín, Italo Luder, Carlos Menem, Eduardo Angeloz, Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner.













Comentá la nota