Por Fernando LabordaCristinistas y sciolistas firmaron una tregua, que podría extenderse al menos hasta mayo próximo, cuando los tiempos electorales obligarán a definir las candidaturas para unos y para otros.
El ímpetu de algunos hombres del gobernador Daniel Scioli para convencerlo de que éste es su momento para intentar dar el salto a la Casa Rosada parece haberse apagado. Al mismo tiempo, algunos gestos de la presidenta Cristina Kirchner habrían puesto paños fríos tras la ofensiva de ciertos soldados kirchneristas contra la política de seguridad de la gobernación bonaerense y, especialmente, contra el ministro de Seguridad provincial, Ricardo Casal.
"Nos cuesta pensar que Cristina no se presente", admiten íntimos allegados a Scioli. Sus encuestas indican que, si bien Scioli puede tener algunos puntos más de imagen positiva que la Presidenta, ésta tiene un piso sólido y grandes probabilidades de obtener su reelección con cierta comodidad.
"Nos cuesta pensar que Cristina no se presente", admiten íntimos allegados a Scioli
Las fuentes sciolistas también desestiman las conjeturas que indican que si el actual gobernador bonaerense opta por su reelección difícilmente pueda tener una chance de llegar a la Presidencia de la Nación en 2015. "La política consiste en estructurar los tiempos. Muchos gobernadores bonaerenses se apresuraron a proyectarse como presidentes y así les fue. Acuérdense de Antonio Cafiero o de Carlos Ruckauf, quienes al día siguiente de asumir la gobernación se veían como presidentes", señaló un estrecho colaborador de Scioli.
Cafiero obtuvo la gobernación bonaerense, que estaba en manos del radicalismo, en 1987. Dos años después quiso ser candidato presidencial, pero cayó en las elecciones internas del justicialismo ante Carlos Menem. Ruckauf llegó a la gobernación en 1999, que dejó en 2002 para colaborar con la presidencia de Eduardo Duhalde, y la crisis dejó en el camino cualquier sueño presidencial.
Scioli les habría enviado señales a sus seguidores para que dejen de fogonear cualquier hipótesis que lo acerque a una candidatura presidencial en reemplazo de Cristina Kirchner y para que desmientan cualquier diferencia con el gobierno nacional. La primera que lo habrá entendido debió ser la esposa del gobernador, Karina Rabolini, quien a principios de año, en declaraciones periodísticas, al comparar a Scioli con los Kirchner, había expresado que el mandatario bonaerense "tiene muy buena relación con todo el mundo" y "creció a través de las uniones y no de los conflictos", al tiempo que admitió que "no hay cura que no se acueste pensando en ser Papa".
Ahora, funcionarios del gobierno bonaerense destacan la similitud entre las expresiones de Scioli y de Cristina Kirchner en sus discursos del 1º de marzo ante los legisladores en materia de seguridad. "Los dos plantearon la necesidad de desideologizar el debate. Incluso la Presidenta habló de la falsa dicotomía entre mano dura y garantismo", subrayaron. El mismo día, a l hablar ante la Legislatura bonaerense, Scioli enfatizó su "agradecimiento a la señora Presidenta por el apoyo permanente que le da a la provincia de Buenos Aires".
Scioli les habría enviado señales a sus seguidores para que dejen de fogonear cualquier hipótesis que lo acerque a una candidatura presidencial
Después de eso, los ataques al ministro Casal cedieron de inmediato y éste se preocupó por aclarar ante los micrófonos que no tiene "ninguna diferencia" con la ministra de Seguridad de la Nación, Nilda Garré, y por señalar que los ataques a la política de seguridad provincial provienen de personas que no forman parte del gobierno nacional, en alusión a León Arslanián y a Horacio Verbitsky.
La alternativa de una candidatura presidencial de Scioli ha quedado relegada para un eventual escenario que avizoran remoto. Entretanto, los dirigentes sciolistas tratan de consolarse con algunos de los últimos gestos de la presidenta de la Nación, que a juicio de ellos la mostraron lejos de estar cooptada por el sector más radicalizado del oficialismo. Es probable que algunos de ellos mastiquen cierta bronca, pero todos entienden que el estilo del gobernador bonaerense no da para una conflagración.









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