Somos todos cristinistas

De cara a los comicios provinciales los candidatos buscan identificarse con la Presidenta y su gestión. Más allá de las coincidencias de fondo, a ninguno escapa que cuenta con una intención de voto que ronda el 50%. Para algunos el guiño presidencial puede ser fundamental. Pero no garantiza un triunfo.
Una de las mayores virtudes del ex presidente Néstor Kirchner, reconocida hasta por sus más enconados adversarios, fue su capacidad para construir una sólida base política que le permitió transitar su Presidencia en un marco de fortaleza envidiable, impensada cuando llegó al poder con poco más del 20% de los votos luego de que Carlos Menem, tras imponerse en primera vuelta, renunciara a disputar el balotaje con el entonces diputado nacional.

Para ello, bajo el concepto de la “transversalidad” tejió una intrincada red de alianzas con partidos políticos nacionales y provinciales, gobernadores e intendentes, sectores disidentes de otras fuerzas, sindicatos y organizaciones sociales, que le dieron sustento a su proyecto político. Eso, sumado a un carisma innato y una particular personalidad que lo posicionaron como uno de los mandatarios de mayor reconocimiento popular.

En los cuatro años de su mandato a su lado se fue moldeando, en el marco de los sueños reeleccionistas del matrimonio presidencial, el perfil que la entonces senadora Cristina Fernández le iba a dar, durante su gestión, a sus estrategias de construcción política.

Y si bien hasta su muerte el ex mandatario mantuvo su imagen de “hombre fuerte” del Gobierno nacional, la Presidenta logró imponer su propia impronta tanto en lo ejecutivo como en lo político, más allá de compartir con su marido esa capacidad de mantener latente el conflicto. Característica que tiene como ejemplos más contundentes el enfrentamiento con el campo por las retenciones, la guerra con el grupo Clarín, la dura disputa con la oposición en el Congreso y hasta las tensas relaciones bilaterales con Estados Unidos.

En ese contexto, como sucediera antes durante los dos mandatos de Menem, con Néstor luego y con Cristina ahora, toda señal de cercanía o reconocimiento redunda para los circunstanciales aliados tanto en respaldos políticos en tiempos electorales como económicos en caso de los gobernadores, más allá de la coyuntura del momento. Entonces una reunión, un acto compartido, una invitación a la Rosada, un viaje a una provincia y hasta una foto casual es suficiente para que luego se busque usufructuar esa circunstancia pensando en futuros beneficios.

Ahora bien, solo un ingenuo podría pensar que la bendición presidencial es suficiente para ganar una elección o encarar sin zozobras una gestión de gobierno. Y la realidad marca que en la política los ingenuos no llegan lejos.

El caso local

Lo cierto es que a esta realidad no escapa la dirigencia fueguina, cuyo posicionamiento respecto al kirchnerismo fue evolucionando junto a los vaivenes de la propia experiencia presidencial.

En la recta final hacia las elecciones de junio, en la que se dirimirán cargos ejecutivos y legislativos con la Gobernación como principal objetivo para las fuerzas contendientes, la imagen y gestión de la Presidenta forman parte de los argumentos electorales de los distintos candidatos. Algunos los muestran más veladamente que otros pero casi ninguno, sea kirchneristas o no, deja de hacer alguna referencia al gobierno nacional.

Obviamente, la lupa está puesta sobre todo en los candidatos del peronismo, ya sea que vayan por dentro o por fuera del partido. Tanto Adrián Fernández como Rosana Bertone y Mario Daniele se reconocen kirchneristas de la primera hora y se adjudican la representatividad del proyecto nacional en Tierra del Fuego, por lo que confían en que serán los elegidos por Cristina. Hasta ahora la Presidenta estira la decisión, pero ya habría llamados desde la Rosada propendiendo a la unidad. Si es así, la concreción del consenso requerirá a sus impulsores afinar más que nunca la cintura política.

Como dato de color cabe mencionar que durante la interna del PJ los medios recibieron una gacetilla que mostraba al diputado nacional Rubén Sciutto, entonces precandidato a gobernador, compartiendo cartel de campaña con Cristina como el supuesto elegido por el dedo presidencial. En definitiva, fue el caso testigo de que la foto no alcanza para triunfar.

Un caso paradigmático es el de la gobernadora Fabiana Ríos. La mandataria provincial fue crítica furiosa de los Kirchner cuando como diputada nacional compartió bloque con Elisa Carrió. Pero su inesperado triunfo en las elecciones provinciales la ubicó en la paradoja de mantenerse firme en sus convicciones o bien aceptar que el interés provincial exigía ciertos sacrificios a la hora de entablar una relación institucional con el Estado central, sin que ello significara renunciar a sus convicciones.

Los primeros meses de la gestión Ríos estuvieron signados por una total frialdad rayana en el olvido por parte de la Nación, más allá de que desde el Ejecutivo fueguino se insistiera en la corrección de las relaciones institucionales.

Hoy la realidad muestra que hay una estrecha colaboración entre ambos Ejecutivos y que ese trabajo conjunto en distintos ámbitos -como el legislativo nacional y el diplomático por la Causa Malvinas- generó importantes beneficios para la Provincia. En ese contexto, para muchos los cinco viajes de Cristina a Tierra del Fuego son una muestra de la ahora aceitadas relaciones. Y muchos consideran a Ríos como genuina representante del kirchnerismo en la provincia, lo que genera más de un resquemor en el peronismo.

Eso sí, como es de esperar, desde el primero hasta el último funcionario de Ríos, y la misma gobernadora, se encargan cada vez que pueden de resaltar las consonancias.

Mientras tanto, un caso curioso es el de Encuentro Popular, otra fracción en la que se escindió el oficialismo luego de la crisis terminal del ARI fueguino.

Su flamante candidato a gobernador, José Martínez, también acumula como legislador provincial un largo historial de oposición al kirchnerismo, al que llegó a considerar como el mal de todos los males. Mantuvo esa postura en sus primeros meses como senador nacional, pero luego se convirtió en un ferviente defensor e impulsor de todas las iniciativas del kirchnerismo en la Cámara alta. Incluso, cuando en la discusión de leyes fundamentales para el oficialismo se contaba voto por voto especulando sobre la posible suerte de cada proyecto, Martínez era incluido sistemáticamente dentro de la tropa propia.

Ese viraje le valió a Martínez durísimas críticas de parte de la oposición, que lo tildó como el nuevo exponente de la borocotización de la política criolla.

Hoy el senador reivindica el modelo kirchnerista y promete replicarlo, claro que con matices, en la provincia. Pero en esa identificación se apoya en gran parte la estrategia electoralista de EP.

No por nada su compañera de fórmula, la referente del Partido Humanista Mara Martín, afirmó que “nos une la aspiración de que Cristina Kirchner renueve la Presidencia, y trabajamos para hacer de la política de partidos políticos y militantes una congregación de militantes que no estén tan aferrados a un cartón político, sino trabajar en una construcción un poco mas amplia; construimos para salir de esas estructuras”. Lógica kirchnerista en estado puro.

Quizás el que menos referencia hace al kirchnerismo es el candidato a gobernador del MPF, Jorge Garramuño, cuya estrategia pasa por la alianza con la UCR. Sin embargo, cada vez que pudo reconoció logros de la gestión kirchnerista y durante su último periodo como intendente de Ushuaia mantuvo una buena relación con el gobierno de Néstor Kirchner.

En esta lectura no debe dejar de mencionarse a los municipios de Ushuaia y Río Grande, administrados por el radicalismo.

Si bien está totalmente descartada cualquier identificación electoral tanto de Jorge Martín como de Federico Sciurano con Cristina, ambos Ejecutivos mantienen una relación estrecha con la Nación.

En ambas ciudades se aplican distintos programas nacionales relacionados, por ejemplo, con el fomento de la producción, el empleo y el turismo. Por eso a nadie sorprende que alguno de los intendentes viaje a Buenos Aires a gestionar, ni tampoco la llegada a las ciudades de funcionarios kirchneristas.

Es lo que corresponde en el marco de una gestión de gobierno, pero a los ojos del electorado el respaldo nacional significa sin dudas un plus para las aspiraciones reeleccionistas de Sciurano, y para las chances del candidato radical de Río Grande, Gustavo Melella.

Mientras tanto, otros candidatos -posibles o confirmados- como el senador Mario Colazo, quien buscaría la Intendencia de Río Grande, también mantienen una estrecha identificación con el kirchnerismo. En el caso de Colazo, se alejó de la UCR y se integró a las filas del Frente Para la Victoria, y es otro de los fervientes defensores de las presidencias kirchneristas. Y a él se suman varios candidatos para integrar los distintos testamentos en juego en las tres localidades de la provincia.

Concretamente, casi nadie en Tierra del Fuego deja de nombrar a Cristina. O deja de hacer mención a su gestión y a la de Néstor, o al respaldo del Gobierno nacional a la provincia. Sería ilógico hacerlo cuando se trata de una Presidenta cuya intención de votos ronda el 50%. Una cifra nada desdeñable, y que desvela a los viejos y a los neo kirchneristas.

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