El Senado y una complicada convivencia

La ruptura entre los bloques fuertes del Parlamento provincial se puso en evidencia. En la disputa quedaron desconcertados los demás espacios políticos. Detalles de una pelea que llegó para seguir.

La campaña demolió, aplastó, desintegró la buena vecindad. Si hubo acuerdos en algún momento, al menos los de protocolo, se terminaron.

En la Legislatura provincial va a ser difícil que pueda prosperar cualquier proyecto que envíe el Ejecutivo, o proponga a través de una conferencia de prensa el FR.

Todo indica que las sesiones van hacia un destino de campo minado, donde cada movimiento ordinario se puede convertir en causa de reproches y acusaciones cruzadas.

“¿Vamos a poner la casa para que le festejen el cumpleaños a otro?, bramó ante La Tecla un legislador del FpV. Se refería al despliegue que hizo el massismo en las últimas sesiones truncas de la Cámara Alta. El tema, o la excusa de la pelea, fue el tratamiento de la Policía Local.

La creación de un cuerpo policial de prevención, de alcance municipal y supeditado al mando del intendente, fue tomado por los dos principales precandidatos a la Presidencia, Daniel Scioli y Sergio Massa, como caballito de batalla de la campaña. De hecho, en un primer momento, el oficialismo y el massismo publicitaron haber alcanzado un acuerdo para su tratamiento, del que quedaba autoexcluido el Frente Amplio UNEN.

Sin embargo, el ajustado tratamiento en Diputados dejó al descubierto no sólo las diferencias explícitas entre pares de bancada, sino también la dudosa paternidad de la propuesta. El tema había sido fogoneado por el massismo mucho tiempo atrás (incluso cuando Massa integraba el grupo de los jóvenes intendentes oficialistas), pero quien dio inicio a la discusión formal fue el ministro de Seguridad, Alejandro Granados, cuando envió el proyecto al Parlamento. Fue por orden de Scioli, que de inmediato incorporó la iniciativa a la emergencia recientemente decretada.

El mandatario no tuvo reparos en las modificaciones requeridas por intendentes de su propio partido, en tanto lograran que la propuesta fuera aprobada. Y así lo hicieron en Diputados, donde el oficialismo supo contener la mayoría que le brindaban muchos aliados, como Nuevo Encuentro y la Celeste y Blanco, de Francisco de Narváez.

En el Senado la situación fue distinta. La paridad que existe entre las fuerzas del FpV y el Frente Renovador hacía necesaria una negociación sutil e intensa. Pero eso no sucedió. Casi fue lo contrario. El show de las acusaciones, posteriores a las frustradas sesiones, indica que el FpV tuvo un “exceso de confianza” y no reforzó los “avales” de los socios.

Fue el caso de Mario Ishii, un personaje a esta altura indescifrable, que debía votar en alianza con su “interbloque” del FpV. Eso le daba la mayoría al oficialismo, que de esta manera convertía en ley la iniciativa. Pero Ishii no recibió los llamados necesarios, o no supo sostener algunas promesas, que desde el FpV dicen que había acordado. Tampoco hubo sintonía entre el presidente del cuerpo, Gabriel Mariotto, y la jefa de la bancada oficialista, Cristina Fioramonti.

Pero las acusaciones, que llegaron a invadir los pasillos legislativos fueron dejando como saldo la ausencia total de diálogo entre las partes. El consenso quedó para el olvido, y abrió el juego a una pelea tan encarnizada como bizarra.

Las licencias de los legisladores quedaron entrampadas en un tironeo entre el FpV y el FR, que poroteaban los votos. Estaban en paridad, ése era el gran problema. El FpV contaba con 19 propios y 2 aliados (Mónica Macha, de Nuevo Encuentro, y Nidia Moirano, del denarvaísmo), y el massismo, con 20 integrantes, logró sumar al enigmático, Ishii.

Más allá de la definición quedó claro que las vueltas del proyecto, que estuvo más de un año circulando por las comisiones y en su camino sufrió reformas de todo tipo, se llevó puesto el “consenso” que alguna vez había asomado por el ámbito legislativo.

En el Senado quedó claro que ningún acuerdo tendrá la confianza absoluta de las partes. “Hubo mucho manoseo, y se rompieron códigos que antes ni se cuestionaban, como lo de las licencias, porque si te toca perder tenés que bancarlo”, indican desde el FpV, todavía molestos con el juego desarrollado por el massismo.

En la Cámara Baja, aunque la situación es distinta, porque el FpV cuenta con un número más holgado al sumar a sus aliados de Nuevo Encuentro y la Celeste y Blanco, comenzaron a vislumbrarse diferencias. El presidente del cuerpo, Horacio González, en dupla con el vice, José Ottavis, mira con cautela los pasos de los aliados, porque teme que ciertas diferencias puedan desbordar los acuerdos.

La proximidad de las definiciones electorales les juega en contra. Esperan que el Mundial de Fútbol, un suceso popular que baja la atención de la opinión pública hacia hechos de gestión, enfríe un poco las disputas en el ámbito parlamentario. “Va a haber al menos una sesión durante el transcurso del Mundial, pero será tranquila; el problema va a ser cuando termine el certamen”, dice, con alerta, un viejo asesor legislativo.

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