Scioli: con amigos así, no necesitás enemigos

Scioli: con amigos así, no necesitás enemigos

Carlos Zannini calificó como “antiperonista” el balotaje. Un verdadero papelón. El gobernador se enfrenta a la encrucijada de diferenciarse de La Morsa y de su candidato a vice para poder llegar al sillón de Rivadavia

"Mejor que no me ayuden”. Ese debe haber sido el pensamiento de Daniel Scioli tras escuchar a su compañero de fórmula, Carlos “Chino” Zannini, un ex maoísta devenido en kirchnerista de paladar negro, que ayer no tuvo mejor idea que salir a cuestionar el sistema de balotaje.

"El balotaje siempre fue antiperonista. Fue una forma que encontró (Alejandro) Lanusse para joderlo al viejo", se quejó Zannini al cuestionar la posible segunda vuelta electoral que se realizará en caso de que Daniel Scioli o Mauricio Macri no consigan más del 45% de los votos, o más del 40% y una diferencia de más de 10 puntos con el segundo candidato. Las declaraciones de Zannini y decir que el oficialismo tiene miedo de caer derrotado en una segunda vuelta, es prácticamente lo mismo.

La realidad es que a Perón poco le preocupó el balotaje, una institución electoral que nació en Europa un siglo antes del surgimiento del peronismo (ver aparte), que se adopta en distintos países del mundo y que fue incorporada a nuestra Constitución con la reforma de 1994. El tres veces presidente de la Argentina le demostró al dictador Lanusse que no sólo le daba el cuero para volver al país tras 17 años de exilio, sino que también hizo que gane su delfín Héctor Cámpora las elecciones en 1973. Luego él mismo se puso al frente del proceso electoral y, meses más tarde, triunfó en las elecciones presidenciales con más del 62% de los votos, 40 puntos más que el radical Ricardo Balbín, obteniendo así el mayor caudal de sufragios de la historia democrática de nuestro país. En todo caso, quienes más atentaron contra el sistema democrático fueron las agrupaciones guerrilleras, como las que integraba Zannini, que alzaron las armas para combatir al gobierno democrático.

El Chino ayer también intentó negar, de forma muy poco convincente, que haya sido designado por la presidenta Cristina Kirchner como candidato a vice del Frente para la Victoria para "condicionar" a Scioli en un eventual gobierno del ex motonauta. "Eso es una barbaridad. El cargo de vicepresidente es bastante anodino", sostuvo.

En realidad, así como la candidatura de Aníbal “La Morsa narco” Fernández (es fuertemente resistido por la Iglesia), es un verdadero yunque para las aspiraciones presidenciales de Scioli, que requiere de los votos independientes o moderados para evitar la segunda vuelta, la figura de Zannini también lo pone al gobernador bonaerense en una verdadera encrucijada. En ese contexto, la estrategia sciolista está apuntando a borrar a Zannini de la campaña electoral: los afiches sólo mencionan a Scioli y todo indica que con los avisos de TV harán lo mismo.

“Cuanto menos aparezca junto a Aníbal Fernández, Zannini y (Axel) Kicillof, el ministro de Economía que es candidato a diputado, mejor”, sostienen en el comando de campaña sciolista. Por lo pronto, muchos de los intendentes del Conurbano se preparan para emprender el “operativo supervivencia”. ¿En qué consiste? En repartir la boleta cortada, para evitar quedar pegados a La Morsa. No se trata de una estrategia novedosa: ya lo hicieron en el año 2009 cuando, en momentos que se avizoraba la derrota de Néstor Kirchner y los candidatos testimoniales frente a la lista que encabezaba Francisco de Narváez, no dudaron  en recurrir al reparto de la nómina cortada para garantizar la gobernabilidad en sus distritos. No por casualidad, en la interna del Frente para la Victoria, los jefes comunales del Gran Buenos Aires se encolumnaron detrás de la candidatura de Julián Domínguez y muchos de ellos, por lo bajo, aseguran que hubo una “mano larga” en el Correo Argentino, desde donde no habrían repartido boletas de Domínguez en innumerables mesas. La alarma se encendió cuando la elección ya estaba jugada. El correo es una empresa estatal presidida por Juan Carlos Tristán, un personaje que reporta al inefable vicepresidente Amado Boudou y a La Cámpora.

Asimismo, el gobernador está mandando a sus principales colaboradores a decir y mostrar lo que no puede reconocer públicamente por ser candidato del oficialismo. Por ejemplo, el presidente del Banco Provincia, Gustavo Marangoni, se mostró el viernes pasado en un asado con algunas de las espadas más filosas de la oposición como las diputadas Patricia Bullrich y Laura Alonso, mandando una señal de que el sciolismo está abierto al diálogo, en contraposición a la intransigencia K. La foto del encuentro, que se realizó en la casa del diputado José de Mendiguren, ex titular de la Unión Industrial, generó la ira de varios exponentes del ultrakirchnerismo.

Asimismo, el principal referente económico de Scioli, Miguel  Bein, está proponiendo públicamente medidas que son la antítesis de lo que viene haciendo el kirchnerismo: llegar a un acuerdo  con los fondos buitres, para que la Argentina pueda tener acceso al mercado internacional de capitales, combatir la inflación y recortar los subsidios que favorecen a los sectores socialmente más acomodados.  Habrá que ver, entonces, si los gestos diferenciadores de Scioli alcanzarán para contrarrestar las zancadillas discursivas del kirchnerismo ortodoxo.

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