El vicepresidente habló el jueves en una cena de legisladores radicales en San Nicolás. Y criticó el DNU de Cristina para pagar deuda pública con reservas del Banco Central. La conducción de la UCR salió en defensa de Cobos y del partido.
La foto de Cobos con la cúpula del partido al que prometió volver formalmente cuando deje la Vicepresidencia fue una señal de acercamiento tras las críticas internas que recibió por votar junto al Gobierno por la remoción de Martín Redrado del Banco Central. Esa fue la excusa perfecta que encontró el oficialismo para golpear en dos direcciones: a la principal fuerza de oposición en el Parlamento y a quien aspira a encabezar su fórmula en el 2011.
Aclarando que no quería sonar "dramático", el jefe de Gabinete leyó la presencia de Cobos en San Nicolás -donde los radicales concluyeron ayer su encuentro, sin la participación del vicepresidente- como "una posición golpista". En tanto, Randazzo consideró "una vergüenza" que el presidente del radicalismo (en referencia a Ernesto Sanz) "le dé instrucciones al vicepresidente, que fue elegido para acompañar un proyecto y no para buscar destruirlo". Detrás de los funcionarios salieron a coro a pedir una vez más la renuncia de Cobos el jefe del bloque de senadores del oficialismo, Miguel Pichetto, y su par de diputados, Agustín Rossi.
En el Ejecutivo se enfurecieron, entre otras cosas, al enterarse de las declaraciones que formuló Cobos en San Nicolás, frente a una tribuna opositora, rechazando el DNU que firmó Cristina para el pago de deuda con reservas del Central. La acusación de "golpistas" o "destituyentes" ya se tornó una costumbre del oficialismo para atacar a sectores que no opinan como quiere el Gobierno, como sucedió antes con el campo y los medios y otros actores políticos y sociales.
El embate modificó el eje a los radicales, quienes ayer esperaban centrarse en promocionar la agenda parlamentaria consensuada en el primer encuentro de sus legisladores. En cambio, debieron dedicar buena parte de las energías a contestarle al Gobierno. Sanz desestimó que se ejerciera presión sobre Cobos para aprobar o rechazar proyectos, como sostuvo Randazzo. Y advirtió que dentro del radicalismo "nadie da órdenes a nadie", porque "no hay D'Elías ni Morenos". Y opinó que "no hay cosa más golpista y desestabilizante" que tener actitudes "confrontativas y de encierro". Oscar Aguad, titular del bloque de diputados, leyó el ataque al radicalismo como "un signo de debilidad del oficialismo" y Gerardo Morales, su par del Senado, optó por responder con un mensaje a Cristina: "Ladran Sancho, señal que cabalgamos", dijo entre risas (la Presidenta había cambiado la palabra "cabalgamos" por "son perros", el jueves, en referencia a la oposición).
Con mayor o menor calor en sus palabras, cerraron filas en la defensa del vicepresidente y del partido los cobistas y los que, puertas para adentro, siguen observando al vice con cierta distancia. Entres los últimos se anota Ricardo Alfonmsín, vice primero de la Cámara de Diputados, quien respondió a las acusaciones del Gobierno con una ironía. "Ni ellos se lo creen", sostuvo. Sobre la actitud de Cobos, en cambio, declaró: "no siempre aprobará los proyectos del radicalismo". Y opinó que "si lo hace, será porque es un hombre formado en el partido y comparte ideas, principios y valores".
La senadora mendocina Laura Montero un voz que suele interpretar a Cobos, reclamó "niveles de tolerancia" para evitar quiebres institucionales y "una armónica sucesión del Gobierno en el 2011". Mientras despedía a los últimos dirigentes del hotel, el secretario general del partido, Jesús Rodríguez, le dijo a Clarín que el radicalismo trabaja para "sustituir al Gobierno en 2011", pero que no existe "vocación de desalojo del poder". Todos apuntaban a que el ataque oficial demuestra su preocupación por el avance radical.
El nuevo frente de conflicto
Florencio Randazzo: "Pedirle al vicepresidente que actúe en contra de la voluntad popular, como hizo el jefe radical, tiene un claro objetivo destituyente".
Aníbal Fernández: "La actitud de Cobos es poco seria. Y deja pegada a la Unión Cívica Radical en una situación cuasi golpista".










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