Se opaca la estrella de Axel Kicillof en el Gobierno, que desconfía de sus criticas al Indec

El economista que saltó a la fama cuando el Estado lo propuso como director de Techint, apareció inicialmente como el nuevo golden boy del kirchnerismo y hasta se le aventuraba un destino ministerial. Sin embargo, sus recientes críticas al Indec, así como la débil defensa que hizo de la ley de medios, pusieron en alerta a la Casa Rosada que no es afecta a los “libre pensadores” aunque sean de izquierda.
A primera vista Axel Kicillof tiene todo para triunfar en el universo kirchnerista: Joven, pintón, militante progresista y universitario brillante. El ADN que trazó Cristina Kirchner para tipificar el perfil de dirigente que imagina para renovar su gestión en un eventual segundo mandato.

Esto hizo que cuando se supo que era el elegido para integrar el directorio de Techint, las especulaciones se disparáran y varios imaginaran en el gobierno que acaso este joven marxista podría saltar del cargo de sub gerente de Aerolíneas Argentinas que hoy ostenta, directamente a un ministerio.

Kicillof proviene de la militancia universitaria en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA donde fundó la agrupación TNT (Tontos pero no tanto), que como todos esos grupos que en los 90 jugaban al rol de una izquierda transgresora y libertaria independiente de todas las fuerzas políticas, terminaron cooptadas por la generosa chequera del kirchnerismo.

El máximo referente de ese armado universitario es Mariano Recalde que en la Facultad de Derecho auspicia la agrupación NIB, un remix del original TNT de Económicas. Con el acceso al poder, los cargos y los contratos, estos militantes mejoraron su nivel de vida, al costo de adormecer a sus agrupaciones en la misma monotonía discursiva del resto de las fuerzas políticas universitarias tradicionales. Con el agravante que intentaron conciliar el apoyo a una fuerza de poder real como el kirchnerismo con un discuso iconoclasta, lo que las convirtió en parodias de su época dorada.

Cuando Recalde asumió la presidenmcia de Aerolíneas llevó a su amigo Kicillof como subgerente de Finanzas. Se conocen desde el secundario cuando cursaban juntos en el Nacional Buenos Aires y seguramente ya se sentían la elite progresista y bien pensante, destinada a enderezar el país.

Aún quienes se ubican en las antípodas ideológicas de Kicillof reconocen que se trata de un economista brillante a nivel académico, que atravesó la carrera con un promedio de 9 y se doctoró con los mismos honores.

Sin embargo, lo que debio ser su salto a la fama definitivo, lo complicó internamente. Su intervención en el programa 678 dejó un gusto agridulce en la primera línea de la Casa Rosada. No se lo vio comprometido en la defensa de iniciativas vitales para el kirchnerismo como la ley de medios y la pelea con el grupo Clarín, temas que despachó con frases de ocasión.

El problema de los libre pensadores

Es que Kicillof no reniega de sus convicciones marxistas y sus propias apreciaciones económicas. Un ejemplo fragarante de esto es el think thank CENDA (Centra de Estudios para el Desarrollo Argentino) que creó y lidera para exponer su pensamiento económico. Esta organización se explaya con total impunidad en una de las peores herejias que se puede cometer en el kirchnerismo: la crítica al Indec y la elaboración de un índice de precios propio –elaborado en basea las estadísticas provinciales-, que por ahora no ha sido multado por Guillermo Moreno.

Luego de su designación en Aerolíneas el año pasado, CENDA había discontinuado la publicación de este índice, pero curiosamente este año volvió a publicarlo.

Estos pruritos y su sinuosa participación en 678 cambiaron de manera notable la mirada de la Casa Rosada sobre el economista. “Lo único que no necesitamos son librepensadores”, afirmó uno de los hombres políticos más importantes del Gobierno.

Lo que no significa que el gobierno vaya a desistir de ubicarlo en el directorio de Techint, ya que por la habitual torpeza política del grupo de Paolo Rocca ahora el tema pasó de ser una discusión casi administrativa a una pelea hecha y derecha de las que le gustan al kirchnerismo para reforzar su épica de consumo masivo: El gobierno contra las corporaciones.

De hecho, si bien se lo suele mencionar en los emdios como un "economista de La Cámpora", lo cierto es que Kicillof no se sumó a esa organización, muy cuidadoso en mantener ciertos márgenes de autonomía, que como se sabe no es del agrado del kirchnerismo.

Es que el modelo de funcionario ideal es el que encarna el ministro de Economía, Amado Boudou, que asume sin la mínima discusión las iniciativas de la Presidenta, y a quien todavía le siguen reconociendo que logró estatizar las AFJP cuando buena parte del gobierno pensaba que era una iniciativa imposible de concretar.

La mezcla de alineamiento incondicional y capacidad de concretar aún las iniciativas más ríspidas son valores incalculables en el esquema de poder del kirchnerismo. Y aquí también Kicillof dista de ofrecer garantía de éxito. “Una cosa es ser un intelectual brillante y otra muy distinta ser brillante en la gestión”, afirman en el gobierno que aunque parezca un chiste tienen muy presente que uno de sus pocos antecedentes de gestión fue la apertura del posmoderno bar “Espero infito” en Carranza y El Salvador, que nunca logró equilibrar sus cuentas y tuvo que cerrar.

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