La normalización del sector externo abre las puertas de la unidad nacional

La presidenta convocó a aunar fuerzas. Sectores del trabajo y la producción aseguran que ese acuerdo es posible a partir de la superación de las restricciones en divisas que vislumbran el acuerdo con el Club de París y la confluencia con los BRICS.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner eligió el escenario montado en la Plaza de Mayo en conmemoración de los 204 años del primer gobierno patrio para realizar una convocatoria que, en el contexto actual y según coincidieron los diferentes sectores de la producción, aparece como estratégica.

Allí la presidenta convocó a poner en pie la Unidad Nacional necesaria para atravesar el próximo período.

FRAZADA CORTA. Las dificultades para integrar los diversos intereses contrapuestos que conviven en nuestro país están determinadas en gran parte por la denominada "restricción externa", es decir la escasez de divisas necesarias para financiar la posibilidad de un crecimiento sostenido.

Es que, según estimaciones recientes, un crecimiento anual del PBI nacional de un punto se traduciría en un incremento de un 4% en las importaciones de insumos industriales y de alrededor de un 10% en la demanda externa de energía.

Los límites para nutrir un espiral de crecimiento capaz de integrar a los distintos sectores a un planteo de unidad nacional surgen precisamente de ese cuello de botella que viene imponiendo la restricción del sector externo.

BOCANADA DE AIRE. Sin embargo, pocos días después de la convocatoria presidencial a ese acuerdo nacional, el gobierno, a través del ministro de Economía Axel Kicillof, finalmente logró alcanzar un acuerdo con el Club de París para la reestructuración de la deuda que se mantiene con el organismo y que involucra a 15 países acreedores. Con este acuerdo, y dejando de lado los denominados fondos buitre, cuya naturaleza pasa por lidiar en los tribunales, la Argentina habría resuelto el último eslabón pendiente del default de 2001 en lo que hace a su relación con el mercado internacional.

El acuerdo, está dicho, reconoce una deuda de 9700 millones de dólares que incluyen el capital original más intereses y punitorios desde la declaración del default a la fecha y abre un período de pago de cinco años con una tasa de interés del 3% anual. Además el texto no plasma el requisito de monitoreo del Fondo Monetario Internacional.

Así las cosas, el acuerdo no sólo implica la normalización de las relaciones con los países miembro y el saneamiento de las cuentas externas de la Argentina y, por lo tanto, su capacidad de obtener nuevas fuentes de financiamiento exterior, sino que también establece pautas que permiten prever que el nivel de las tasas para acceder a ese endeudamiento estará en un rango inferior a los dos dígitos.

EMERGENTES. A su vez, el mismo día miércoles, la Argentina recibió de parte del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia la invitación a participar de la cumbre de los BRICS a realizarse en junio en la ciudad de San Pablo y que reunirá a las cinco potencias emergentes que ya explican la cuarta parte del PBI mundial.

La invitación no es inocente ni carente de interés. El gesto de Rusia, que necesariamente debe contar con el consenso de sus socios del BRICS, plantea la integración más directa de la Argentina a un nuevo bloque que ofrece grandes oportunidades en materia de integración mundial. Es que los BRICS no sólo pueden consolidarse como una plataforma de exportación de mercancías que incrementen el ingreso de divisas (ya son en su mayoría mercados para los productos nacionales), sino también reúnen las características para proveer inversiones extranjeras en materia energética en la medida en que son sede de grandes empresas del sector.

Además, en la agenda del bloque, está planteada la puesta en pie de un banco propio como fuente alternativa de financiamiento de sus miembros para proyectos estratégicos y con fondos nominados en monedas nacionales distintas que el dólar y el euro. una gran oportunidad para sortear la restricción externa y financiar los ejes para el desarrollo de la unidad nacional.

TESTIMONIOS. Para Abraham Gak, del Plan Fénix, "todos estos pasos que se están dando en materia de relaciones internacionales son imprescindibles para la consolidación de la situación interna. Argentina tiene que encarar su reinserción en el mundo manteniendo el principio de soberanía e independencia para el desarrollo de sus objetivo locales. El acuerdo con el Club de París nos va a dar más libertad para encarar la definición de nuestras políticas económicas. La falta de condicionalidad es fundamental. La posibilidad de la incoporación de la Argentina al bloque de los BRICS plantea una posibilidad de desarrollo. Son dos hechos relacionados y muy complementarios. Quiero dejar señalado que la Argentina no debe endeudarse para hacer frente a los gastos corrientes sino a promover la inversión legítima." concluyó.

Las voces del empresariado coincidieron con la visión del fundador del Plan Fénix. Raúl Zylbersztein, secretario general de la CGERA destacó que "la diferencia de este financiamiento es que no es para plata dulce como en los años '70 y los '90 cuando nos quedamos con deudas y sin ningún activo, hoy si se transforman los empréstitos en inversiones de infraestructura y energía, redundará en una mayor competitividad para la producción nacional" y, continuó, "esperamos que esto redunde en una baja de la tasa de interés a nivel internacional, y que los bancos que operan a nivel local también bajen sus tasas".

Consultado sobre los actores que debieran sentirse interpelados por el llamamiento de la presidenta, Marcelo Fernández, presidente de la Confederación General Empresaria (CGERA) manifestó que "los ejes de la unión nacional deben pasar fundamentalmente por los sectores del trabajo y por el empresariado pyme, actores que vienen generando riqueza y distribuyéndola, invirtiendo tiempo y esfuerzo. La unidad nacional, desde lo productivo debe estar enmarcada en el futuro del proyecto nacional, que va a sostener un modelo económico basado en la inclusión, la solidaridad, la generación de empleo mediante la industrialización y el reordenamiento territorial federal", sostuvo el presidente de la CGERA.

Por su parte, Daniel Donikian, presidente de la Cámara Industrial de las Manufacturas del Cuero (CIMA) destacó también la convocatoria. "El país necesita repensar la argentina que viene, para desde lo productivo dar soluciones a problemáticas como la seguridad o el trabajo, lo que podemos lograr agregando más valor a nuestras materias primas en origen, lo que genera más trabajo por regiones, más riqueza y más igualdad".

Norberto Fermani, presidente de la Cámara de Industrias Ópticas (CADIOA) expresó que "es un buen momento para que los sectores empresarios nos reunamos para fijar una unidad que sostenga el modelo productivo industrial, eje de cualquier acuerdo nacional que busque la inclusión mediante la generación de trabajo digno".

Raúl Zylbersztein expresó que "la unidad nacional tiene que tener como bandera el beneficio común de todos los ciudadanos por encima de los intereses individuales, y la intervención del Estado, que no es más que la Nación jurídicamente organizada desde el voto popular, debe intervenir para ese logro". concluyó. «

OPINIÓN I

El peor error sería cambiar los ejes del modelo productivo

Héctor Recalde

Diputado fpv

El discurso del 25 de Mayo de la presidenta fue muy profundo. En primer lugar llamó a reestablecer el diálogo para lograr una unidad sostenida en valores y en ideología, no en el vacío. Reivindicó la participación de pueblo cuando hablo de héroes. La identificación simbiótica del pueblo con los héroes es muy significativa. No hubieran existido los segundos sin los primeros. Me recordó la frase de Federico García Lorca: "Hay que ser duros con las espuelas y blando con las espigas", está bien ser duro con los poderes económicos que quieren desestabilizar y ser blando con la AUH, la movilidad jubilatoria y las condiciones de los más débiles.

Mientras se habla de fin de ciclo y de gobierno de transición la presidenta pudo convocar a una enorme multitud que la escuchó en silencio, esa es la base de la unidad nacional.

Cuando se habla de Unidad Nacional se habla del trabajo y la producción que son los que pueden llevarla a cabo sobre la base de los cambios cualitativos que caracterizaron este modelo desde el inicio: la industrialización, la sustitución de importaciones y la prioridad al mercado interno. Se habla de ajuste pero la inflación no va a llegar al 30 por ciento. El único ajuste que hubo fue hacia arriba como por ejemplo en las asignaciones familiares. Hay que reclamarle a los que votaron en contra de la movilidad jubilatoria o de la estatización de las AFJP que hagan una autocrítica.

El peor error sería cambiar los ejes del modelo en virtud de esa Unidad Nacional.

El acuerdo con el Club de París es un enorme avance. El FMI nos estuvo castigando porque Néstor Kirchner nos liberó de ellos. Quizás en este contexto necesitemos financiamiento internacional y el acuerdo va a ayudar a conseguirlo pero sin castigo a través de las tasas de interés.

Hemos superado el castigo político que nos querían imponer porque esas tasas a las que nos querían someter no tenían lógica económica sino que eran una señal política.

La deuda con el Club de París incluye el Blindaje, el Megacanje y hasta por endeudamiento en armas durante la dictadura por el conflicto con Chile.

El acuerdo conserva la independencia que consiguió Néstor Kirchner con Lula y Chávez.

La unidad nacional es posible en la medida en que, por ejemplo, los empresarios esté dispuestos a bajar los precios. Ellos se quejan por las tasas de interés que fijó el BCRA pero si bajan los precios entonces van a bajar las tasas.

El eje de la Unidad Nacional es proteger a los ciudadanos más vulnerables, tener tasas de rentabilidad razonables. Hay sectores económicos que quieren debilitar al gobierno para imponer condiciones, otros que tienen un rol opositor para imponer políticas opositoras.

OPINIÓN II

El sujeto social es el campo popular

Hugo Yasky

Sec. gral. cta

Los trabajadores, los sectores populares y el empresariado –tanto del campo como de la industria que forma parte de la pequeña y mediana empresa– son los que tienen que tomar en sus manos la convocatoria que ha hecho la presidenta a fortalecer la Unidad Nacional.

Esta Unidad Nacional tiene que proyectarse como unidad del campo popular para profundizar un programa que, desde 2003, puso como eje la distribución de la riqueza, la recuperación del poder adquisitivo, la gestación del trabajo y la producción nacional que hoy conforman el piso a partir del cual se debe construir el sujeto social capaz de expresar la proyección de la Argentina como una nación que sea capaz de consolidar los avances que se han logrado.Hay condiciones. El kirchnerismo asumió la conducción del país cuando terminábamos de salir de un proceso de destrucción que devastó el tejido social y productivo y que generó millones de excluidos y demostró que en lo que era el piso del cráter que generó el neoliberalismo, haba dos opciones. La que decía que había que profundizar las políticas aplicadas hasta ese momento, las recetas ortodoxas y la otra que fue la obstinada propuesta de Néstor Kirchner para darles protagonismo a los sectores populares. Hoy estamos mucho mejor, con 5 millones de empleos y una trama social que se ha ido recuperando a partir de las políticas sociales, el empleo y las paritarias. Desde un piso más alto están presentes de nuevo las dos opciones. Por un lado los que replantean las relaciones carnales y una integración vertical con los Estados Unidos. Un proyecto que va a asentarse en la reprimarización de la economía y en reafirmar el lugar secundario de la Argentina en la división mundial del trabajo y que va a significar desatar los lazos con los países de América Latina que han intentado el mismo rumbo que nosotros. Los que en 2005 le dijimos que no al ALCA. El otro proyecto es el que encarna la presidenta de la nación y que marca como horizonte profundizar el camino. Ella dijo una frase fundamental "puede haber pueblo sin revolución pero no revolución sin pueblo". Se refirió al sujeto social que debe tomar en sus manos esa construcción que fortalezca la apuesta a seguir avanzando en nuevos desafíos de una Argentina que sea capaz de producir, generar industria, valor agregado, trabajo y seguir distribuyendo la renta de los sectores empresarios. La apelación a que no hay cambio sin pueblo habla de que ese sujeto social al que se está convocando: somos los trabajadores y los pequeños empresarios. Lo que se conoce como el campo popular. Hablar de un proyecto nacional es hablar de la necesaria unidad del campo popular para encarnar ese proyecto. Los grupos dominantes saben que si este proyecto se consolida difícilmente puedan volverlo atrás. Estamos en la pulseada final. Como decía Yupanqui, "la flecha está en el aire".

OPINIÓN III

Los empresarios apostamos a la unidad nacional

Osvaldo Rial

Titular de la UIA bonaerense

Los empresarios recibimos con expectativa el llamado de la presidenta Cristina Kirchner a la "unidad nacional", y comprometemos nuestro aporte para contribuir en todo lo que esté a nuestro alcance para llegar a ese objetivo.

Destacamos también la convocatoria a combatir la pobreza, y es allí donde el sector privado, generando empleo genuino y aumentando la productividad, puede realizar una de sus mayores contribuciones.

Los empresarios enrolados en la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires (UIPBA) estamos comprometidos con los objetivos planteados, y no sólo trabajamos a la par del gobierno nacional, sino también con la administración bonaerense de Daniel Scioli.

Un ejemplo es el lanzamiento del Consejo Productivo Bonaerense (COPROBA), donde las cámaras empresariales de la provincia hemos dado una clara señal de unidad que, confiamos, será tomada como un camino a seguir por otras entidades gremiales empresarias.

Este modelo al servicio de la producción ha permitido también unir a múltiples sectores que venimos bregando por ese objetivo desde hace años, y fuimos los primeros en levantar nuestras voces contra modelos perimidos que pusieron a la industria en un segundo plano.

Quienes integramos el COPROBA hemos lanzado a pleno el funcionamiento de la entidad brindando apoyo a herramientas y políticas de fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas impulsadas por la presidenta y el gobernador. Coincidimos en llevar adelante la bandera de la idea de desarrollo productivo para la provincia y el país.

La Argentina ingresó en un proceso político y económico interesante, donde el diálogo puede ser la clave para profundizar un modelo de producción y consumo, y a la vez introducir las mejoras necesarias de un proceso que lleva once años y que, como es lógico, necesita cada vez mayor sintonía fina, aunque sus fundamentos permanezcan en la dirección correcta.

El reciente acuerdo alcanzado con el Club de París es un claro ejemplo de cómo se van resolviendo las asignaturas pendientes, y confiamos en que posibilitará un mayor acceso al financiamiento por parte de nuestras empresas.

En la UIA bonaerense creemos que el camino liderado por el gobernador Scioli en la provincia de Buenos Aires, trabajando junto al sector público y privado a favor de la producción, merece ser acompañado cada vez más.

Estamos convencidos de la necesidad de profundizar un modelo de producción y defensa del mercado interno incentivando el consumo, y confiados en que los cambios en curso posibilitarán recrear un clima de mayor inversión en la Argentina.

Tenemos especial expectativa en el objetivo de aumentar la inversión en el transporte ferroviario de cargas y en el marítimo, para mejorar la competitividad de la industria reduciendo costos y dotando de mayor eficiencia al sistema.

También en el objetivo de dotar de mayor valor agregado a nuestra producción primaria, a través del proceso de industrialización de la ruralidad, y llegar a más mercados.

Entrevista a Héctor Méndez, presidente de la UIA

"Ningún dirigente que se precie puede hacer oídos sordos"

–¿Qué sectores considera que están interpelados en el llamado a la Unidad Nacional desde el punto de vista político y de los representantes sectoriales?

–Ningún dirigente que se precie de tal puede hacer oídos sordos a una convocatoria de la presidenta en esa dirección. No es un problema político sino de convivencia y de mejora de las condiciones de vida para todos los ciudadanos.

–¿Sobre qué programa económico debe desenvolverse?

–La presidenta debe tener los cinco o diez temas fundamentales. Cada uno deberá colaborar en esa dirección desde el lugar que le toca. Nosotros hablaremos con los empresarios y veremos a qué es a lo que hay que renunciar. Una de las claves para la unidad nacional es entender que no existe acuerdo posible si nadie está dispuesto a renunciar a algo. La renuncia también incluye al Estado porque si el Estado me pide sacrificios y no los hace en su propia administración no sería ético.

–Detrás de la idea de renuncia está la idea de ajuste… ¿Cuáles son los problemas económicos que identifica?

–Hace falta un ajuste. Se podría criticar el hecho de que podría haberse realizado antes, pero no quiero pasar ninguna factura. Lo que importa es saber qué es lo que se necesita en este momento y trabajar en función de eso.

–Usted apoyó la sanción de la Ley de Trabajo Registrado… Ahí renuncia el Estado, los trabajadores ¿y ustedes?

–Lo que no nos pueden pedir es que a uno lo castiguen por una falta al igual que el que tiene 100 mil faltas. Nosotros somos los que más aportamos a los salarios dignos y con protección. La industria es la que menos gente en negro tiene. No es un mérito, tiene que ver con las características del sector, estamos dispuestos a colaborar en el blanqueo. Para nosotros el trabajo en negro es una competencia desleal.

–Las medidas que se tomaron de enero a esta parte (la devaluación y la suba de tasas) ¿han sido correctas, precisan de una corrección?

–Han ido en el sentido correcto. Hay que darle un voto de confianza a los que están al frente y apoyar las medidas que toman. No es fácil. Los ajustes son siempre tragos amargos. Los empresarios tienen que aceptar que el interés general es más importante que el individual y el Estado debe velar por el interés general. Si el Estado decidió esto es porque sino se hubiera complicado la situación.

–¿Considera que la tasa de interés actual es compatible con las necesidades de la producción?

–No. No es compatible. Pero las variables tienen vasos comunicantes. Yo no puedo apretar por un lado si la próxima no lo hago por otro. Si apreto por los dos lados al mismo tiempo explota la cañería. Se va negociando. La tasa de interés es muy alta para los empresarios.

–¿Las medidas de estímulo como el Fondear, o la LCIP sirven para equilibrar esos defasajes?

–Claro. Es la manera de buscar los caminos haciendo todo menos doloroso. Si el Estado considera que hay cosas que hay que cambiar porque el mecanismo anterior no da para más está bien que lo haga y cada sector verá cómo en un trabajo mancomunado podrá ir corrigiéndolo.

–¿Y las paritarias cómo encajan?

–Lo que digo lo hago desde el lugar del empresario. No me pueden criticar por eso porque es mi lugar cómo el de los sindicalistas es reclamar más. Yo estoy obligado a decir que acá vale diez, en Uruguay vale cinco, en Chile vale cuatro y en Brasil vale tres. Estoy obligado porque si los costos son altos no podemos competir. Los salarios han obtenido un crecimiento muy importante y en buena hora. Si hay que hacer ajustes, a todos nos toca. El ajuste que menos voluntad veo es el del Estado.

–¿Por dónde debería producirse? ¿Por los subsidios?

–No, creo que tienen que revisar sus costos. Pero primero tenemos que saber dónde estamos parados porque si no dan los números, hay que ver qué es necesario y qué no. El Estado está perdido. Analicemos que es lo que se puede revisar. No digo que haya que sacar subsidios. Es necesario transparentar.

–¿Y esa mejor administración debiera traducirse en una menor presión tributaria sobre el sector empresario?

–No. Sobre los trabajadores, sobre el impuesto a las ganancias.

–¿En el empresariado hay homogeneidad a la hora de acompañar un proceso de unidad nacional con el liderazgo de la presidenta?

–El tema es dialogar. Los empresarios son absolutamente permeables. ¿Quién quiere que le vaya mal al país? Sólo una mala persona. Necesitamos el sacrificio de todos, la presidenta merece este apoyo. No se debe politizar. No me llevo muy bien con la presidenta porque a veces digo cosas que no le gustan, pero digo lo que tengo que decir y trato de apoyar. El llamado no lo hizo una kirchnerista, ni una camporista o una peronista. Lo hizo la presidenta cuya responsabilidad es mayor que la de todos nosotros.

–Cristina dijo que la unidad nacional no debía ir para atrás….

–Está bien porque si no empezamos con el revisionismo. No quiero la Argentina de hace diez años. Quiero una Argentina para adelante.

-¿Qué valoración hace del rumbo hacia los mercados financieros?

Los técnicos encargados han considerado que es necesaria. Yo no soy economista, si es lo que decidieron los que saben de esto y están al mando, yo acompaño.

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