A 4 meses del triunfo, la UCR juega su mejor juego: la interna todos contra todos

A 4 meses del triunfo, la UCR juega su mejor juego: la interna todos contra todos
Cuando todos pensaban que Vilma Baragiola era la referente de la resurrección radical empezaron a surgir las históricas internas.
El 2013 pareció ser el año de la resurrección de la UCR. Después del pase de Daniel Katz al kirchnerismo el partido centenario quedó a la deriva y la dispersión entre radicales K y radicales progresistas llevó a la derrota y le entregó la intendencia al entonces vecinalista Gustavo Pulti. La crisis del radicalismo no es exclusiva de la UCR marplatense. Después del helicóptero de Fernando de la Rúa, el 3% de Leopoldo Moreau, la candidatura de Roberto Lavagna y la muerte de Raúl Alfonsín, su hijo no tuvo mejor idea que llevar al partido a una alianza con Francisco de Narváez. Así arrastró al partido a una crisis más para rifar la posibilidad de recuperación y ser una alternativa al kirchnerismo y cedió ese lugar al partido socialista y a exradicales encabezados por Margarita Stolbizer.

El último papelón de la UCR se vivió en la elección de agosto de 2013. Hubo varias listas y todas jugaron al límite de la lealtad, con trabas, intentando que no participen de la interna o que no lleven la lista completa. El triunfo de Vilma Baragiola y los concejales que iban por su reelección, pareció ser una señal positiva para el centenario partido que supo conducir los destinos de la ciudad con hombres como Ángel Roig, Elio Aprile o Daniel Katz. Desde el triunfo de agosto en adelante los rumores de que Vilma había negociado con Sergio Massa el reparto de la boleta cortada, y un sinfín de trapisondas, ganaron la calle. Lo cierto es que Vilma logró imponerse en las elecciones generales de octubre a pesar de que el FAP, a nivel provincial, apenas conquistó el tercer lugar.

La noche de la victoria, hasta los que enfrentaron a Vilma en la interna y le imposibilitaron llevar la boleta completa, se anotaron en la foto. La señal parecía ser clara: “Aprendimos del error y separados y peleados no llegamos a ningún lado”.

Pero la “enseñanza” duró poco. Las distintas posturas respecto a si le correspondía o no ocupar la presidencia del Concejo Deliberante, y las visiones encontradas respecto de la conveniencia o no de tomar esa responsabilidad institucional, comenzaron a marcar las primeras grietas que en realidad no son nuevas; son viejas disputas y viejas rencillas que existen hacia el interior de la UCR que no logran saldar alianzas y generan que los acuerdos sean circunstanciales y coyunturales. Las traiciones siempre están a la vuelta de la esquina.

Baragiola es hoy la principal figura del radicalismo en Mar del Plata, todos decidieron encolumnarse detrás de ella una vez que ganó la elección. Pero ¿es realmente la líder? ¿Todos están convencidos que es la mejor exponente?

En el Concejo Deliberante, el bloque está atado con alambre. Y las ataduras ya empiezan a soltarse. La dupla Maximiliano Abad y Nicolás Maiorano nunca vieron a Vilma como líder. Por el contrario, se sienten iguales y con la capacidad de disputarle los espacios de poder. Las primeras diferencias en este “nuevo Concejo Deliberante” ya comenzaron a surgir y los dos radicales varistas (movimiento político de Franja Morada) ya empezaron a trabajar para cuidar su nidito. De hecho, Abad ya dio varios gestos de “independencia”.

Por otro lado, Mario Rodríguez está aislado en el bloque. El hombre de Ricardo Alfonsín hizo todo lo posible para que Vilma perdiera la primaria del FAP y luego le brindó un tibio apoyo. Tras el triunfo de Vilma nada cambió: se maneja solo en el bloque, con un diálogo prácticamente roto con los demás.

Eduardo Abud y Cristina Coria tampoco son vilmistas de la primera hora. El primero siempre respondió a Elio Aprile y la edil al expresidente del Concejo Deliberante Mauricio Irigoin. Ambos fallecieron y ellos no volvieron a alinearse detrás de nadie. Si bien hoy son “orgánicos” y responden a la presidenta del Concejo, ninguno hace más esfuerzo del necesario.

La situación es tal, que hasta hay rumores que aseguran que Tony Costantino, el hombre que Vilma eligió para ser el secretario legislativo, es un “infiltrado” del exintendente Daniel Katz. Él, claro está, lo niega y la presidenta del HCD lo respalda.

Vilma tiene una clara decisión: mostrarse como confiable para el establishment local sin importarle qué costo interno le pueda traer esta decisión. La primera señal estuvo dirigida a don Florencio, la segunda a los empresarios del transporte, y continuar como a lo largo de su mandato favoreciendo la destrucción del patrimonio arquitectónico en pos de la proliferación de torres. Hoy, la línea discursiva de Vilma se asemeja más a la de una vice intendenta que a la de una figura que busca marcar diferencias con la actual gestión, a quien enfrentó en las últimas elecciones.

Lo que cada día está más a la vista es que la crisis de identidad y de proyecto político que vive la UCR a nivel nacional y provincial es un poroto al lado de la realidad que vive el radicalismo marplatense. Tantos años de gestión y tantas peleas de palacio han dejado heridas abiertas mal cicatrizadas que en la superficie parecen curadas, pero si uno saca la cascarita puede encontrarse con una gran infección. Lo que el radicalismo demostró en estos cuatro meses es que ni los que le ganaron a todos los demás confían entre sí y cada uno está mirando para el costado a ver quién es el primero que “traiciona”, mientras que los que perdieron se sienten convidados de piedra y acompañan sabiendo que Vilma está convencida de que no los necesita.

Por el lado de los aliados del FAP, también derrotados en la interna, no han logrado ni consolidarse como espacio ya que todos están peleados con todos y se vuelven Vilma-dependientes. A pesar de haber conseguido en 2011 dos diputados provinciales, la incidencia en la realidad política local es nula. No se sabe más allá de alguna gacetilla de algún proyecto intrascendente para la ciudad que opina Alfredo Lazzereti o Pablo Farías sobre el aumento del transporte o sobre la posición monopólica de don Florencio o la habilitación de dos nuevas salas de juego entre gallos y medias noches.

El triunfo del FAP y la estrella de Vilma, a poco de comenzar, parece opacarse y mimetizarse con el oficialismo local encabezado por Gustavo Pulti. Solo el tiempo dirá si el radicalismo marplatense será una opción de poder o si, como suele ironizarse sobre el centenario partido, “las elecciones son esa cosa menor que pasa cada dos años que nos interrumpen las cosas importantes que son nuestras eternas internas”.

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