La Matanza, eje de especulaciones electorales

La Matanza, eje de especulaciones electorales
El encuentro en ese distrito de intendentes oficialistas del 9 de marzo permitirá conocer hasta dónde sus expectativas de integrar la lista de diputados nacionales tienen correspondencia con la realidad.
El desafío de “juntar más intendentes que en Santa Teresita” el pasado 24 de enero no es el único a la vista del próximo encuentro del 9 de marzo en La Matanza: el anfitrión e intendente, Fernando Espinoza, tendrá ocasión de calibrar su expectativa de ocupar el segundo lugar de la lista de diputados nacionales bonaerenses con la realidad de un oficialismo que aspira a ocupar los primeros lugares de la nómina con los más “puros.”

Trance que también atraviesa Martín Insaurralde que aspira exactamente a lo mismo. Ambos estiman imprescindible el paso por el Congreso de la Nación para encaramarse entre los candidatos a suceder en la gobernación a Daniel Scioli en el 2015: proyecto en el que ya trabaja Julián Domínguez con el consentimiento de la presidente Cristina Fernández.

La sutil diferencia a favor de Insaurralde es que la presidencia del PJ no figura como probabilidad de destino cierto en su horizonte político. Espinoza y el titular de la Cámara de Diputados se deshacen en recíprocas gentilezas para cederse uno al otro el primer paso hacia un sitial que no parecen demasiado interesados en ocupar si es que, como sospechan, podría convertirse un premio consuelo que no conformaría a nadie.

Un “chupetín de lata” en el argot del peronismo. O una “cáscara vacía” en las crudas palabras de Hugo Moyano cuando renunció al cargo que ahora otros esquivan, en paradójico tributo.

Ese no es el único riesgo para Espinoza que podría tropezar con otro si es que su pedido fuese atendido de forma positiva. “No hay duda que si es diputado a La Matanza le correspondería la presidencia de la Cámara”, sueltan los oficialistas dispuestos a colocarlo en un brete que libere cupos a futuro.

Domínguez sí estuvo en la reunión previa de La Matanza el pasado 15 de febrero como lo hizo antes en Santa Teresita, donde resolvió no asistir Julio De Vido. Pese a ser uno de los organizadores, el ministro de Planificación Federal no viajó a la Costa Atlántica cuando supo que lo haría el vicepresidente de la Nación, estigmatizado por los intendentes del Conurbano como un “impresentable.”

Valoración tangencial que utilizan para castigarlo por la supuesta representación de intereses de “La Cámpora” sin herir, en apariencias, los sentimientos de Cristina por esa formación auto rotulada juvenil. La ausencia de De Vido, entienden, no pudo estar en mejor sintonía: sus diálogos con los intendentes son auditados por Andrés “El Cuervo” Larroque.

¿Bastarán los trascendidos que hicieron llegar a la prensa para que Boudou desista de hacerse presente el 9 de marzo? Tal vez la respuesta la tenga Cristina quien sigue encontrando un grado de resistencia pasiva entre los intendentes en su programa de desgaste progresivo de Scioli. Más que el proyecto presidencial del gobernador, los urge mantener en pie la administración de la que reciben recursos de coparticipación impositiva vitales para sus arcas.

¿Hallará comprensión, además de la paciencia, solicitada por intermedio de Descalzo hace una semana, cuando se comprometió a girar los 152 millones adeudados en concepto de juegos de azar, fortalecimiento municipal e inclusión social? Sobre el manejo de recursos de esos ítems repiquetea la crítica del gobierno nacional acerca de las dudas a la forma en que administra el gasto la gestión provincial.

Esa promesa fue efectuada al jefe del bloque del PJ en la Federación Argentina de Municipios (FAM) cuando la negociación con los gremios docentes no habían ingresado en la encerrona en que parece haber caído con la reciente declaración de Alberto Sileoni: el ministerio de Educación no reabrirá las paritarias.

El tope a la discusión salarial viene balcanizando la representación de todas las centrales sindicales que podrían ver atomizada así su capacidad de interlocución frente al sector empresario. La consolidación como tendencia del malestar social es la única vía que aprecia la oposición para horadar el núcleo duro de votantes del kirchnerismo.

Más que un repunte, en sus sondeos la presidente experimentaría un torniquete que detendría el sangrado de votos hacia Alicia Kirchner, descontada como número uno en la lista de diputados nacionales por la Provincia. Se entusiasman, incluso, con una mejora en simultáneo de Francisco De Narváez quien apuesta a captar votos anti K con una boleta que coloque a su apellido junto al de Scioli, producto de llevar como segundo postulante de “Unión Celeste y Blanco” a José, ex secretario general de la Gobernación y hermano de Daniel.

Una conducción “muy dura” como la que se ejercería en el oficialismo de acuerdo a funcionarios domiciliados en el Conurbano pero con rango jerárquico en la Casa Rosada, terminaría de alentar una experiencia como la del 2009 se entusiasman cerca de De Narváez.

Tal vez para eso haga falta que el gobernador adopte una postura que lo quite del lugar de indefinición que despierta en los encuestados: no todos están seguros de su pertenencia al oficialismo o a la oposición. Al Gobierno, según parece, lo carcome la misma duda.

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