Larreta, ante el mayor desafío de su gestión, busca estirar plazos

Larreta, ante el mayor desafío de su gestión, busca estirar plazos

Preocupan transporte interurbano y cumplimiento de aislamiento estricto en una etapa que podría alargase más si casos no bajan.

El Gobierno porteño mantenía ayer su idea de contar con más días de monitoreo, tal como anticipó este diario, para iniciar una etapa restrictiva de aislamiento, todo un desafío en el distrito que reporta la mayor urgencia dentro del país, junto con la provincia de Buenos Aires. Pareciera que no hay más plazo, pero la lógica de esa intención también se sostiene. Es que, a partir de la flexibilización de hecho de los porteños y luego la apertura a una fase de “cuarentena light” resulta complejo controlar una situación del extremo opuesto.

Pareciera que para la Ciudad de Buenos Aires apelar a la “responsabilidad social”, clave en la batalla contra el coronavirus, se torna más que complejo, pero evitar la circulación de personas que transitan de un distrito al otro cada día también parece contraponerse con la decisión de restringir el uso de trenes, colectivos y subtes a diario, cuya utilización desciende levemente cada día, de acuerdo con los informes que emite el Gobierno porteño.

Horacio Rodríguez Larreta también se enfrenta al mayor desafío de su gestión hasta ahora, no sólo el sanitario que comparte con Alberto Fernández y Axel Kicillof, sino además (y como consecuencia de aquel) al político que le deparará el resultado del manejo de la pandemia. A pesar de la sintonía compartida y las medidas en conjunto, en la última etapa del aislamiento, más precisamente en las dos últimas, el jefe porteño se mostró más en soledad con algunas medidas como la apertura de casi todo el comercio minorista con atención al público. Busca un plazo de unos días más para determinar las condiciones de mayor o menor aislamiento obligatorio; le importa evitar medidas que sabe serán antipáticas para el comercio y para una parte del núcleo de su base política en los barrios porteños. Por eso quisiera estirar “el recreo” y mientras ir preparando a los vecinos sobre la crítica situación sanitaria que enfrenta el país con eje en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

En los últimos días, para el Gobierno porteño hay una cierta estabilidad aunque la curva de contagios de coronavirus no para de ascender. Muestra preocupación en un piso alto de infectados de alrededor de 700 por jornada, pero asegura que el mentado factor R0 se mantiene estable por el momento. Por eso argumentaba esta semana la necesidad de seguir observando cómo se comportan esos guarismo trágicos para definir.

Por otra parte, si se ingresara por quince días en una etapa de cuarentena estricta, el resultado recién se tendría al menos una semana después de finalizado el aislamiento.

El Gobierno nacional mira también la ocupación de camas de terapia intensiva que promedia 54,1% en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), pero también el número de fallecidos. Ayer se sumaron 34 muertes y se registraron 2606 nuevos casos de enfermos de Covid-19, de los cuales 1.482 pertenecen a la provincia de Buenos Aires y 942 a la Ciudad de Buenos Aires.

En ese monitoreo, la administración nacional comentaba experiencias en otros países y mencionaba el polémico caso de Suecia, que señaló el diario El País de España. Allí, el epidemiólogo jefe de la Agencia de Salud Pública y a quien se considera un propalador de la teoría de la “inmunidad de rebaño”. Es que Anders Tegnell lamenta ahora no haber decidido una cuarentena. El experto consideró “terrible” y evitable la cantidad de muertos por Covid-19 en ese país y lamentó el alto número de fallecidos en geriátricos.

“Suecia, con una estrategia más suave, ha registrado 5.161 muertos, con una tasa de 50,30% por 100.000 habitantes, cinco veces más que Dinamarca, nueve que Finlandia y diez que Noruega, aunque por debajo de España, Italia Bélgica y Reino Unido”, señala el periódico español.

“Las cifras de muertos en Suecia son terribles y deberían poder haberse evitado”, dijo Tegnell, mientras que El País explicó que más del 90% de los muertos por coronavirus en Suecia son mayores de 70 años, y la mitad del total proceden de asilos.

“Fue como si el mundo se volviese loco y que todo lo que habíamos discutido pareciese olvidado. País tras país cerraron sus fronteras y sus sociedades completamente”, afirmó y sostuvo que “ el virus es “impredecible” y que “aún no tenemos una buena respuesta a qué podíamos haber hecho. Hay diferencias claras entre países, cómo se registran los muertos, porcentaje de población anciana, cómo organizamos los servicios geriátricos. Sacar conclusiones ahora puede llevar a muchas respuestas erróneas”.

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