El kicillofismo rechaza una reconciliación “para la foto” y prioriza la construcción de una mayoría opositora. Máximo Kirchner salió a desmentir diferencias ideológicas para evitar que la interna siga escalando.
María Cafferata
Axel Kicillof alegó que tenía problemas de agenda cuando Ricardo Quintela lo llamó, por segunda vez, para preguntarle si viajaría el sábado a La Rioja a participar del acto homenaje a Enrique Angelelli. Máximo Kirchner ya había confirmado su presencia, y el gobernador riojano esperaba convertirse en el arquitecto de una foto de unidad inédita. Pero el “milagro” no sucederá: el gobernador bonaerense no quiere escenificar una unidad que, intuye, se agotará al día siguiente cuando las recriminaciones del cristinismo continúen. El objetivo, insiste, es otro: construir un frente amplio capaz de derrotar a Javier Milei.
El riojano Quintela suma a Máximo Kirchner a un acto y le hace prometer a Kicillof que también viajará
“¿De qué sirve la foto si después no hay una discusión sincera? Eso ya lo hicimos y salió mal. Primero la foto y después no hay garantía de nada, nos siguen puteando más de lo que putean a Milei”, deslizó un funcionario cercano al gobernador bonaerense, poco después de que Kicillof hubiera tomado la decisión de no participar del acto junto a Máximo en La Rioja. Quintela insistió durante varios días. Creía que convencer a Kicillof sería más sencillo que convencer al líder de La Cámpora. Pero el gobernador terminó declinando la invitación.
Kicillof tiene su estrategia para ganar las elecciones en 2027 y, desde hace un tiempo, mira más hacia afuera del peronismo que hacia adentro. Antes que pensar en resolver la interna, insisten en el kicillofismo, hay que trabajar en construir un frente amplio y federal que aglutine a la mayor cantidad de fuerzas opositoras a Milei. El resto, argumentan, se resolverá por su propio peso. “Los muchachos después verán si quieren jugar a ganar o facilitarle 4 años más a la derecha”, sacan pecho en La Plata.
Otros tiempos. Ricardo Quintela y Axel Kicillof detrás de Cristina Fernández Kirchner en un acto homenaje a Néstor Kirchner, el 25 de mayo de 2023. Instagram @ricardocquintela
Es la misma lógica por que explica que no visita a Cristina Fernández de Kirchner en San José 1111 o participar de otro tipo de actividades “en nombre de la unidad”. “El hecho de que sigamos trabajando con ministros de La Cámpora, que muchas veces nos quieren dinamitar el gobierno, es una demostración de que Axel tiene vocación de unidad. Pero no hay que correr el eje. El eje es cómo construimos una fuerza grande para ganarle a Milei”, desliza un dirigente kicillofista, quien todavía recuerda las dificultades para aprobar, a fin del año pasado, el endeudamiento y el Presupuesto 2026 en la Legislatura bonaerense.
Pese a las resistencias de Kicillof, que recibió con dureza el paralelismo con Agusto Vandor –sindicalista asesinado en 1969 luego de proponer un “peronismo sin Perón”– del camporista Facundo Tignanelli, todavía existen varios interlocutores que trabajan para reunirlo con el cristinismo. Y si no a él, al menos con sus embajadores políticos, como “Carli” Bianco o Gabriel Katopodis. Algunos intentan lograrlo desde el Congreso, como Germán Martínez o José Mayans, y otros desde las provincias, como Gildo Insfrán y el propio Quintela.
Quintela fracasó, admiten varios de los dirigentes que sí viajarán a La Rioja este sábado, porque se equivocó en querer publicitar la foto. “Así como está la cosa no va nadie. Hizo todo demasiado público, estas cosas son en reserva, no contando en público quién va y quién no va”, masculla, irritado, un referente de peso en el cristinismo que viene trabajando para reunir a todos los socios mayoritarios del peronismo –Máximo y Kicillof, pero también Sergio Massa y los gobernadores– hace un mes.
Axel Kicillof junto a Lula en España.
Hasta que esto suceda, Kicillof planea continuar con su agenda de trabajo por las provincias. Ya recorrió La Rioja –ese fue el argumento que utilizó, incluso, para no ir el sábado–, Tierra del Fuego, Córdoba y Corrientes. El equipo que trabaja en su candidatura presidencial insiste en que, si bien Provincia de Buenos Aires es clave –por representar más del 40% del electorado y por concentrar el voto duro kirchnerista–, la disputa con Milei está destinada al fracaso si no se logra recuperar los votos perdidos en el norte del país y los grandes centros urbanos de Santa Fe y Córdoba.
Las negociaciones, insisten, llegarán con el tiempo. Kicillof se niega a negociar el candidato que lo sucederá en Provincia de Buenos Aires a cambio del apoyo de Cristina en la elección presidencial y esta resistencia, atisban en el propio kicillofismo, estirará la tensión hasta último momento.
La otra estrategia
Todos los dirigentes y dirigentas que visitan a Cristina a su departamento de Constitución, donde cumple con la prisión domiciliaria, coinciden en que la ex presidenta está dolida con Kicillof, que la ruptura es definitiva y que le corresponde a él llamarla por teléfono para romper con la guerra fría que dura desde el cierre de listas del año pasado. Las encuestas que le llegan a San José 1111 le muestran que, silenciosa y encerrada, mide más que ningún otro líder de la oposición. Mide más que Kicillof –por solo un par de puntos– y que Sergio Massa y el resto de las figuras del peronismo que amagan con competir por la presidencia, como Sergio Uñac.
Estos datos sirven como insumo de negociación para La Cámpora, que se convirtió en su vocera oficial desde que ella dejó de publicar cartas y enviar audios o mensajes. La bandera “Cristina presidenta” apunta a apelar a esos votantes kirchneristas duros, que el camporismo está convencido de que no son de Kicillof, sino que en su mayoría responden fielmente a la figura de CFK. Ninguno cree realmente que Cristina pueda ser candidata, la inhabilitación política ratificada por la Corte Suprema es inapelable, pero la promesa funciona como estrategia de acumulación política en PBA.
Cristina Fernández de Kirchner, presa en San José 1111, a un año de su detención TW La Cámpora
En el último mes, La Cámpora subió el tono de la confrontación contra Kicillof, acusándolo de traidor, de que no estaba en condiciones de ser candidato presidencial y que era inentendible que no fuera a visitar a Cristina. La estrategia enfureció al gobernador bonaerense, pero no respondió. Y, cuando la tensión amenazaba con derivar en una ruptura, Máximo intervino para bajar un poco los ánimos.
El jefe de La Cámpora dio una entrevista en C5N el lunes por la noche en la que aseguró que no había diferencias ideológicas con Kicillof, desmintiendo una premisa que había comenzado a instalarse en la propia militancia camporista para justificar la pelea con el gobernador. “Estoy convencido que no estamos en veredas opuestas con Kicillof. Nosotros compartimos el peronismo en la provincia de Buenos Aires. Él es presidente del PJ y gobernador, después hay debates y discusiones lógicas de adentro de la política, que no interesan”, afirmó Máximo.
Las palabras del líder de La Cámpora sirvieron para bajar la temperatura a la interna, pero no convencieron a Kicillof. El gobernador, insisten en su entorno, continuará apostando a construir por fuera del peronismo antes que ordenar la disputa puertas adentro. Un obstáculo más para la foto que Quintela imaginó para el sábado.












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