La interna del oficialismo bonaerense amenaza con escalar a guerra abierta

La interna del oficialismo bonaerense amenaza con escalar a guerra abierta

Crecen las acusaciones entre las fórmulas que encabezan Domínguez y Fernández; los intendentes, contra Sabbatella

La interna kirchnerista en la provincia de Buenos Aires volvió a recalentarse. Una guerra sin cuartel es la que están librando las dos fórmulas que compiten por la sucesión de Daniel Scioli. Julián Domínguez y Fernando Espinoza contra Aníbal Fernández y Martín Sabbatella, y viceversa. En el medio, el gobernador bonaerense divide su tiempo para atender los requerimientos de todos y hace equilibrio.

Cuando resta menos de un mes para las PASO, las acusaciones de uno y otro lado no paran de crecer. El tono de los discursos encendió las alarmas en el Gobierno y el sciolismo. Y la paz que el kirchnerismo había alcanzado con el ordenamiento de la interna nacional tras el "baño de humildad" de Florencio Randazzo ordenado por la Presidenta se ve amenazada.

"Está claro que no suma, pero por ahora tampoco resta. Que compitan y el que salga elegido será el mejor", dijo, pragmático, un colaborador cercano de Scioli.

En las últimas horas, los cruces se intensificaron. El principal foco de conflicto es la presencia de Sabbatella en el binomio con Fernández. El líder de Nuevo Encuentro es rechazado por la mayoría de los jefes comunales peronistas. Es que aún está fresco el recuerdo de la intromisión del ex intendente de Morón con listas colectoras en 2011 y 2013. Y, sobre todo, cuando compitió contra el Frente para la Victoria en 2009. En esas elecciones, Néstor Kirchner encabezó la boleta con Scioli como segundo candidato a diputado.

Espinoza, que aparece con un rol más mordaz que Domínguez, fue el primero en lanzar un golpe. "Aníbal necesita darse un baño de humildad. Nos hace perder tiempo en la provincia", dijo el intendente de La Matanza, que puso en duda el triunfo del Frente para la Victoria bajo el liderazgo de Fernández.

Fiel a su estilo burlón, el jefe de Gabinete lo trató de "chico", y aseguró que "no está en sus cabales". Y agregó: "¿Gano 31 a 8 y me tengo que bajar? Es poco serio lo que plantea".

Ayer, el dúo Domínguez-Espinoza participó en un acto con Scioli en Moreno. Y hoy se volverán a mostrar juntos los tres en una caravana por las calles de González Catán.

"Domínguez no resta; con Aníbal en la boleta Scioli pierde entre cuatro y seis puntos. La mayoría de los intendentes, el sindicalismo y los movimientos sociales nos acompañan", dijeron fuentes cercanas al presidente de la Cámara de Diputados, que, calculadora en mano, sacan cuentas todos los días para ver si pueden descontar la diferencia que muestran algunas encuestas.

Mientras intenta instalar su postulación, principal preocupación de su equipo de campaña, Domínguez cosechó la adhesión de un ex socio de Sabbatella: Carlos Heller, que se alejó del titular de la Afsca tras las primarias en la ciudad.

Desde Nuevo Encuentro minimizaron el cambio de Heller -"tiene una mirada gorila", manifestaron- y descartaron que Fernández intente invisibilizarlos para evitar mayores fugas de peronistas y aliados.

"La foto de Sabbatella no está en la boleta por decisión nuestra. Tenemos la tranquilidad que nos dan los números, que son excelentes. La única preocupación es que no haya trampas en las elecciones", resumieron desde Nuevo Encuentro.

Esa misma inquietud planteó el ministro coordinador en su habitual conferencia de prensa matinal en Casa de Gobierno.

Esas trampas, según el jefe de Gabinete, involucrarían "esconder" las boletas en varios municipios; aunque no lo hicieron público, según pudo saber LA NACION, Fernández y Sabbatella sospechan de lo que pueda ocurrir en La Matanza, Lomas de Zamora, Merlo, Tres de Febrero y Pilar, entre otros.

El intento de poner en duda los comicios provocó una airada reacción de Domínguez, quien aseguró que Cristina Kirchner "pidió que no haya agravios". Y añadió: "Lo de Aníbal no se compadece con lo esperable. Se equivocó. El jefe de Gabinete no puede decir esas cosas", respondió Domínguez, en diálogo con una radio.

Pese al intento por frenar el debate interno, en Buenos Aires, territorio en el que se desarrollará "la madre de todas las batallas", el kirchnerismo entró en convulsión por el enfrentamiento de las dos visiones que convivieron durante los últimos diez años

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