El oficialismo negocia con los aliados la suspensión de las primarias. Preocupado por las encuestas, trabaja para fragmentar el voto de la oposición. Santilli se apoya en los gobernadores.
Por Paula Marussich
Las chances de reelegir comienzan a acotarse para el experimento libertario. “El ajuste más grande de la historia de la humanidad” tiene costo político. Los escándalos de corrupción también. Los últimos trabajos de opinión pública muestran cómo el affaire Adorni tuvo un fuerte impacto en la imagen del Gobierno nacional y colocó a la corrupción a la cabeza de las preocupaciones de la gente. Con la imagen de Milei en caída desde la irrupción del AdorniGate, la única estrategia posible para el oficialismo es atomizar a la oposición. Por eso, el mayor objetivo político del Gobierno en esta nueva etapa es eliminar las PASO o, al menos, suspenderlas una vez más. La foto de Diego Santilli con catorce gobernadores sugiere que parte del camino podría estar allanado.
A todo o nada, la Casa Rosada buscará aprobar su reforma política. Terminado el Mundial, todos entrarán en modo campaña y el Gobierno aspira a eliminar las PASO en el segundo semestre para romper a la oposición. Quizás, la única forma de reelegir en un escenario fuertemente polarizado. Ayer, Karina Milei le dijo a la tropa libertaria que escuchó al Presidente, en Casa de Gobierno, que la reforma está entre los tres proyectos centrales del oficialismo, junto al régimen de zonas frías y los cambios al proyecto de Inocencia Fiscal. Por la tarde, Bullrich se lo transmitió a los periodistas acreditados en el Congreso tras una reunión que mantuvo con Diego Santilli. “La reforma es prioridad”, dijo la jefa de la bancada libertaria, aunque ese proyecto quedó empantanado en el Senado.
Tanto Santilli como Bullrich advirtieron al Gobierno que los votos para sancionar la reforma electoral que presentó La Libertad Avanza aún no están. Sin embargo, el flamante jefe de Gabinete le dijo a la Casa Rosada que contaba con el compromiso de varios gobernadores para suspenderlas una vez más. En sus conversaciones, el exministro del Interior ofrece la habilitación de colectoras. En el peronismo miran casi con ternura la jugada. “Las colectoras las habilitó Néstor Kirchner cuando medía 70 puntos y todos querían subirse. ¿Te imaginás lo que van a hacer los gobernadores si Milei sigue midiendo 26 puntos?”, razona un armador de la provincia de Buenos Aires.
La suspensión de las PASO y la posibilidad de “permitir una colectora por fuerza política” son parte de la negociación para apurar alianzas en el Congreso que acepta la Casa Rosada. El mensaje que baja el Gobierno en esta nueva etapa es “cuidar a los aliados” y parte de la aceptación de que La Libertad Avanza no tiene mayoría en ninguna de las dos cámaras. Solo puede construirla con la ayuda de la UCR y el PRO.
El día después de la salida de Adorni, el Gobierno respiró optimismo. La arenga de Milei a diputados y senadores incluyó la idea de que su mandato podría seguir hasta 2031, “según sus números”. Justo cuando el nivel de desaprobación al Gobierno de Milei alcanza el registro más alto de la gestión: 58,2 %, para Management & Fit. Mientras que la consultora Inteligencia Analítica muestra una imagen negativa del Presidente que asciende al 62 % y la positiva se ubica en el 27 %. “La caída que comenzó con el AdorniGate y perforó su propia base de votantes”, explicaron. El trabajo de esta consultora revela que “la idea de un candidato de unidad del peronismo duplica en intención de voto a Javier Milei”.
Los números son elocuentes. Si el oficialismo quiere ganar en 2027, la oferta de derecha se tiene que mantener unida y la oposición, fragmentada. Aquí la imagen del libertario juega un papel preponderante. Si decide eliminar las PASO, solo podrá liderar una coalición de derecha en la medida en que llegue lo suficientemente fuerte y competitivo; caso contrario, “se le va a animar cualquiera”, advierte un consultor a este diario.
En efecto, los mandatarios que el martes asistieron a la jura de Santilli se mostraron conformes con la salida de Adorni, pero evitaron dar definiciones sobre el apoyo a la reforma electoral. En parte porque especulan con la imagen de Javier Milei y, en parte, porque usarán la desesperación del Gobierno para negociar en un contexto en el que la asfixia a las provincias no merma.
Además de sus aliados del PRO y la UCR, el Gobierno deberá buscar apoyo en las fuerzas provinciales en el Congreso. Según pudo reconstruir este diario, el bloque Innovación Federal, que nuclea a misioneros y salteños con ocho legisladores, estaría dispuesto a acompañar. Este bloque quiere reintroducir la discusión por Ficha Limpia y tiene diálogo y ascendencia sobre los movimientos de tucumanos y catamarqueños, aunque, por ahora, Osvaldo Jaldo —y solo por ahora— se ha pronunciado en contra.
Otro bloque intermedio es Provincias Unidas. Desde este espacio adelantaron que los gobernadores Llaryora y Pullaro “no quieren suspenderlas”. Sin embargo, el cordobesismo “dará lo que no tiene para que los libertarios no le planten un candidato”, dijo un conocedor de esa provincia a Página/12. Los cinco radicales de esa fuerza también quieren “que quede la ley 2009”.
La UCR es fuerte en el Senado. Con diez legisladores, su decisión será clave para determinar la suerte del proyecto del oficialismo. Aquí entra la promesa de una lista colectora para que puedan integrarse a La Libertad Avanza. Mauricio Macri también activó las negociaciones con el radicalismo y se entusiasma con la reedición de Juntos por el Cambio. “Habrá que ayudarlo”, se divierten en el peronismo, aun cuando la eliminación de las PASO podría dejarlos sin instrumentos para zanjar su propia interna. La ingeniería electoral indica que el que divide a su adversario gana.






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