El ministro les presentó su plan y le reclamaron una policía judicial; aclaró lo que dijo de la causa Nisman
Era hora de una tregua. La relación se había tensado mucho durante los últimos días y el ministro de Justicia, Germán Garavano , no tenía intenciones de consolidarse como el nuevo enemigo de los jueces federales.
Por eso, organizó ayer la reunión junto con el presidente de la Cámara Federal, Martín Irurzun, y la jueza María Servini de Cubría. Fue en los tribunales de Comodoro Py, en una sala de la Cámara, en el segundo piso. Estuvieron casi todos los camaristas (sólo faltó Horacio Cattani), y de los jueces de primera instancia, Servini, Sebastián Ramos, Ariel Lijo, Rodolfo Canicoba Corral, Sebastián Casanello, Marcelo Martínez de Giorgi, Luis Rodríguez y Julián Ercolini.
El ministro les presentó su plan Justicia 2020 de reforma judicial, incluido el proyecto que tan mal había caído en Comodoro Py: el de creación de un nuevo equipo de jueces de instrucción que serán convertidos en federales para perseguir el crimen organizado, una iniciativa que algunos de los que estaban en la reunión ven como una amenaza a su poder.
Ayer le dijeron al ministro que el problema estaba en las fuerzas de seguridad, que lo que él planteaba era "una utopía" y que era necesario crear una "policía judicial".
Es una vieja idea que la Justicia reflotó en los últimos tiempos. La semana pasada dijo lo mismo la jueza de la Corte Elena Highton y anteayer el presidente del alto tribunal se lo pidió, en persona, a Garavano. Fue en una reunión celebrada el jueves, a última hora de la tarde, por Ricardo Lorenzetti, el ministro y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, en el Palacio de los Tribunales. Se trató de una visita amigable, en la que se habló de tecnología y modernización de la Justicia. Llegaban en buenos términos: Peña venía de autorizar una adecuación de gastos para el aumento del 10% en el Poder Judicial.
Viejos conocidos
Ayer, Garavano estuvo acompañado por su viceministro, Santiago Otamendi, que hace muchos años trabajó para Servini. Eso, sumado a que Garavano también tiene un pasado lejano en este fuero federal, sirvió para distender el clima.
La relación era tensa desde hacía algún tiempo. Mientras tanto, en Comodoro Py cada vez se hablaba más del presidente de Boca, Daniel Angelici, como el interlocutor con Mauricio Macri. Esta semana, Garavano dio una entrevista por radio y la situación empeoró. Dijo que un eventual pase del caso Nisman a la justicia federal no ofrecía mayores garantías. Ayer, sin que nadie se lo recordara, volvió a explicar lo que había querido decir. Insistió en que no criticó a la justicia federal y que lo que dijo era que ningún fuero daba más garantías que otro.
Garavano afirmó además que la prioridad del Presidente es luchar contra el narcotráfico y que, por eso, estaba promoviendo el nuevo equipo de jueces ("el fuero boutique", lo llaman con maldad en Py). El ministro les dijo que era un plan piloto. "¿Entonces es prueba y error?", le preguntó Canicoba, que lo tuvo arrinconado en esa discusión durante un rato. Garavano alegó que siempre las reformas son prueba y error. Fue Servini, que como Canicoba tiene más de 20 años de jueza federal, quien le dijo que su proyecto era una utopía. Ella le explicó algo en lo que coinciden casi todos: que el problema de las causas de narcotráfico está en el trabajo de las fuerzas de seguridad, no de los tribunales. "El 99% de las causas que nos llegan son de escasa cantidad [de droga]", dijo Lijo.
Garavano contestó que el Ministerio de Seguridad está reformando las fuerzas. Además, no se privó de una declaración romántica: "Si no creyera en las utopías, no estaría haciendo todo esto". Un rato más tarde, con tono menos idealista, les dijo que tenía claro que si terminaba mal su paso por el Ministerio, no iba a poder ejercer nunca más en la justicia federal.








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