El dólar le gana a la inflación en agosto y en la City sospechan que será la nueva regla a partir de ahora

El dólar le gana a la inflación en agosto y en la City sospechan que será la nueva regla a partir de ahora

El tipo de cambio mayorista ya subió 1,8% con un IPC que no superaría el 1,6% según las consultoras. Economistas avizoran un cambio de tendencia.

Por Claudio Zlotnik.

De manera silenciosa, el Gobierno le está enviando una señal distinta al mercado cambiario: el dólar oficial no sólo quebró el techo psicológico de los $1.500, sino que además se encamina a cerrar agosto con una suba superior a la inflación.

Es la segunda vez en el año que esto sucede. La primera vez fue en junio último, cuando el tipo de cambio mayorista subió 5,2% contra una inflación del 1,9%.

Esta vez, el cambio de marcha luce más gradual. Pero -a diferencia de la vez pasada-, ahora el mercado interpreta que sería un cambio de tendencia, más allá de las volatilidades propias de cada mes.

Ayer, el dólar mayorista terminó en $1.512, con un avance del 1,8% en lo que va del mes. Las principales consultoras privadas, en cambio, proyectan que el IPC de agosto se ubicará entre 1,5% y 1,6% (Eco Go y Ferreres anticiparon estos registros), por debajo incluso del 1,9% del IPC junio que el propio Luis Caputo había anticipado que sería superado hacia abajo.

En la City ya no leen este movimiento como un episodio aislado. La sospecha creciente es que el Gobierno empezó a aplicar una dinámica cambiaria diferente: evitar un nuevo atraso del tipo de cambio y permitir una mejora real muy gradual del dólar, siempre bajo control y sin sobresaltos.

No se trata de una devaluación. Mucho menos de un esquema de flotación libre. La idea que empieza a instalarse entre los operadores es bastante más pragmática: que el dólar avance, en promedio, apenas por encima de la inflación para preservar competitividad sin poner en riesgo el proceso de desinflación.

La prioridad cambió: ahora importa reactivar la economía

El cambio de enfoque tiene una explicación política y económica.

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Hace pocas semanas, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, reconoció que la actividad económica venía creciendo por debajo de lo esperado por el equipo económico.

Ese diagnóstico fue reforzado luego por una serie de medidas impulsadas por Caputo destinadas a abaratar el crédito hipotecario mediante licitaciones de plazos fijos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES.

Detrás de esas decisiones aparece una nueva prioridad: mantener a raya las tasas de interés.

¿Hacia un nuevo paradigma?

Durante buena parte del año, el Gobierno aceptó un férreo esquema monetario para consolidar la baja de la inflación. Pero ese mismo endurecimiento comenzó a golpear a sectores muy dependientes del financiamiento, como la construcción, la industria y buena parte del comercio.

En Economía parecen haber concluido que una plaza excesivamente seca de pesos ya no ayuda al crecimiento y que un mercado monetario algo más flexible puede convertirse en un aliado de cara al ciclo electoral que desembocará en 2027.

¿Estará Javier Milei de acuerdo con esta postura? ¿Hasta dónde sería capaz de flexibilizar este mecanismo?

Un dólar administrado; no liberado

La nueva estrategia no implica que el Gobierno renuncie al control cambiario.

El cepo para las empresas continúa vigente y el Banco Central sigue interviniendo activamente para evitar movimientos bruscos.

Las compras de divisas muestran justamente esa administración cotidiana: esta semana hubo jornadas prácticamente neutras, como la del martes con apenas u$s9 millones, mientras que el jueves la autoridad monetaria adquirió u$s91 millones.

La idea de administrar al dólar sigue vigente y con dos objetivos: sostener la desaceleración inflacionaria y evitar que el tipo de cambio vuelva a quedar artificialmente barato.

Esa tarea también incluye el uso de herramientas financieras como el mercado de futuros y los instrumentos dólar linked, que permiten ordenar las expectativas sin necesidad de convalidar saltos abruptos en la cotización.

De hecho, en las últimas jornadas se notó un fuerte incremento en las operaciones de futuros y de dólar linked. Se trata de instrumentos que el Gobierno tiene a mano para condicionar los precios del dólar spot.

¿El Gobierno empezó a escuchar?

Varios economistas venían reclamando exactamente este giro.

Miguel Ángel Broda, Miguel Kiguel y Carlos Melconian fueron algunos de los referentes que más insistieron durante los últimos meses en que el atraso cambiario y el exceso de restricción monetaria terminaban perjudicando la recuperación de la economía real.

Más recientemente, consultores como Fausto Spotorno y Martín Polo también plantearon que el Gobierno necesitaba permitir un deslizamiento algo mayor del tipo de cambio para evitar la formación de una nueva burbuja de atraso cambiario.

La coincidencia entre esas miradas y los movimientos recientes del equipo económico alimenta la percepción de que, sin anunciarlo formalmente, el oficialismo empezó a adoptar una postura más flexible.

No porque haya abandonado su obsesión por el dólar, sino precisamente porque entiende que llegar a las elecciones de 2027 con una economía estancada sería un riesgo político mayor que permitir una corrección cambiaria extremadamente gradual.

Agosto puede marcar un punto de inflexión

El cierre del mes probablemente deje una foto inédita en la era Milei: un dólar oficial creciendo por encima de la inflación.

Por sí solo, un mes no constituye una tendencia. En la City nadie espera una regla mecánica en la que el tipo de cambio supere todos los meses al IPC.

Habrá períodos de mayor calma y otros de más tensión, dependiendo del ingreso de dólares, de la demanda de cobertura y de las necesidades del Banco Central.

Pero agosto sí podría convertirse en el primer indicio de un régimen distinto: uno donde el Gobierno ya no busque retrasar deliberadamente el dólar como ancla principal, sino administrarlo para que acompañe —e incluso supere levemente— la inflación, mientras intenta reactivar el crédito, sostener tasas más bajas y darle algo de oxígeno a los sectores que todavía siguen esperando la recuperación de la economía real.

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