En tanto la maquinaria propagandística del intendente Gustavo Arnaldo Pulti sigue buscando imponer la idea de un curso inexorable que lleve a su reelección y provoca hechos menores, el caso más evidente es la incorporación de Mario Lucchesi a Acción Marplatense.
Además, y como un dato obvio del devenir de la política de Mar del Plata, hace unos días la diputada nacional Adela Segarra decía que Carlos Cheppi es el candidato natural del FPV o, traducido al idioma elemental que la política maneja, “los demás no existen”. ¿Diego Garciarena? Apenas un adverbio de modo o de tiempo. Por su lado, la jugada de Juan Garivoto, de ganar la primaria del PJ y sumar en un frente con Pulti, sería una salida. Así habría una lista del FPV con candidato propio -Cheppi o Garciarena- y otra con Pulti, ambas llevando a Daniel Scioli y a Cristina Fernández en la boleta.
Ello presupone creer que Cristina será candidata y que irá por la renovación de su cargo, algo que tiene aún un manto de duda notable. Cuando menos dos fuentes con fuerte vinculación a la Rosada insisten en que Cristina no sería de la partida. Se alega la absoluta disconformidad de sus hijos, que le reclaman que dé por finalizada la historia de la política y que se abroquele en los suyos.
La semana próximo pasada, el triunfo de Urtubey en Salta dejó una frase: “Moyano es piantavotos”. Nadie dijo lo contrario, así que queda claro que la dirigencia política no soporta a Hugo Moyano, y ya convive de manera incómoda con él. En este sentido, la saga de los camioneros locales que lo enfrentan está dejando a mucha gente expuesta. Ramón “Toto” Lorenzo ha sellado en estos días aliados impensados. Es que la prepotencia de Moyano, que llega al despropósito de colocar a su hermana Irma Eva como dirigente del sector, y su pretensión de que ésta sea diputada provincial (hay que protegerse tras los fueros), acarrea cada día más disgusto en los camioneros reales.
Es el caso de la situación que se vive con Guillermo López, quien ganó la elección de delegado en la empresa Seprit SA, y enfrenta hoy la directa persecución de Moyano y Héctor Martínez. Por increíble que parezca, todo ocurre a vista y paciencia de los responsables del Ministerio de Trabajo, tanto en la jurisdicción de Nación como en Provincia.
Quizá los trabajadores, para conseguir que los órganos de ley actúen haciéndola valer -¿será mucho pedir?-, deban recurrir al órgano paraestatal “La Alameda”. Su rostro visible, Gustavo Vera, aparece hoy como un actor central con fuerte influencia sobre el fiscal federal de Cámaras Daniel Adler y el juez Rodolfo Pradas. Vera lleva adelante “investigaciones” con cámara oculta, arma expedientes y obtiene resultados que los ciudadanos a derecho no logran. ¿Cuál será el secreto? Todo transcurre en un escenario social y político de deméritos inocultables.











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