El líder piquetero nunca ocultó su defensa del régimen iraní, con el que mantiene lazos, y se convirtió en un cruzado de la inocencia de Teherán en el atentado
Oficialista hasta la médula, fogoso y apasionado hasta llegar a la violencia física, el dirigente piquetero Luis D'Elíahace mucho que no oculta su afinidad y cercanía con el régimen de Irán -adonde viajó varias veces- y que proclama la inocencia de Teherán en el atentado a la AMIA.
Su rostro es el más conocido de las voces conservadas en las escuchas telefónicas con las que el fiscal Alberto Nisman procuró fundamentar su acusación a la Presidenta y al canciller Héctor Timerman de encubrir a los iraníes acusados por el atentado. Allí se lo oye hablar con el lobbista argentino iraní Jorge Khalil. Pese a su temperamento, las escuchas dejan la impresión de que en la relación entre ambos quien llevaba la voz cantante era Khalil.
La militancia política de D'Elía es de larga data. Debutó en la Democracia Cristiana, pasó al Frepaso y en 1997 fue elegido para ocupar una banca de concejal por la Alianza. Había organizado la Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat (FTV), que se incorporó a la Central de Trabajadores de la Argentina. El triunfo de Néstor Kirchner lo convirtió al oficialismo y llegó a titular de la Subsecretaría de Tierras y Viviendas, creada en el Ministerio de Planificación por decreto para él, pese a que poco antes había ocupado por la fuerza una comisaría de La Boca tras el asesinato de un dirigente de la zona vinculado con la FTV.
El año pasado, la Cámara Federal confirmó su procesamiento por intimidación pública, pues en 2008, en una marcha a la Plaza de Mayo contra las retenciones, insultó y golpeó, junto con sus acompañantes, a un manifestante.
Ofició como vocero extraoficial del pensamiento kirchnerista: aquello que el Gobierno no podía decir salía de la boca de D'Elía, quien no tenía empacho en reconocer que a veces desde la Casa Rosada le ordenaban cerrar la boca. Algo similar manifiesta en una de las escuchas con Khalil.
En principio, la denuncia de Nisman lo tomó por sorpresa. El lunes, cuando se conoció la muerte del fiscal que lo acusó de "mantener activas las negociaciones secretas y clandestinas con Irán con relación al plan de encubrimiento", D'Elía se encontraba en Mina Clavero, Córdoba.
Si esperaba alguna clase de apoyo o un tibio guiño de la Presidenta o el Gobierno, fue en vano. Nadie salió a defenderlo y no figuró en los mensajes de la Presidenta en Facebook. Es que los funcionarios estaban -están- tan desorientados como él y, además, no puede decirse que él brillara en los diálogos. Tampoco sus interlocutores.
Más allá del discutible valor probatorio de estas escuchas como fundamento de un plan encubridor diseñado y ejecutado por Cristina Kirchner, como afirmó Nisman, es inocultable el interés de D'Elía, Khalil, el gestor oficialista Ramón Allan Bogado y el piquetero Fernando Esteche en arribar a un acuerdo con Teherán.
Pero lo que más llama la atención en esos diálogos es el tono barato y reo, y la falta de recaudos de estos curiosos complotados. Es más, en una escucha D'Elía se muestra totalmente desinformado y es el último en enterarse de que el gobierno argentino ha firmado el acuerdo con Teherán. Explica que fue Oscar Parrilli, entonces secretario general de la Presidencia y hoy titular de la ex SIDE, quien le avisó, y a continuación D'Elía le pregunta a Khalil por los detalles del Memorándum de Entendimiento, que ya se han difundido.
De todos modos, cuando se lee en detalle la postura de D'Elía sobre el atentado, sorprende el conocimiento del caso del que hace gala este ex maestro. El piquetero no es el único en rechazar la participación iraní. Si bien la llamada historia oficial del caso AMIA gira exclusivamente en torno a la autoría de Teherán, no todos los analistas del caso coinciden. Hay quienes consideran que se trató de una decisión conjunta de Irán y Siria. Otros sospechan exclusivamente de Siria, y otros de una autoría argentina, con apoyo o sin él de Irán o Siria.
Con el paso de los años, la historia oficial se convirtió, para algunos, en algo incuestionable. Para ellos, D'Elía es un hereje. Las escuchas lo colocaron en la hoguera.







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