Por Jorge OviedoLos Kirchner dicen detestar el consenso de Washington y todo lo que representa la economía de los 90. ¿Por qué está entonces Cristina tan seducida por Bill Clinton, el presidente norteamericano de esa época de la "exhuberancia irracional" de los mercados? Clinton desde la Casa Blanca consiguió la sanción del Nafta e impulsó el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Esa que Hugo Chávez, otro amado por los Kirchner, se propuso enterrar y lo hizo, burlándose con su célebre grito: "¡ALCA! ¡Al carajo!" ¿Cómo hace Cristina para estar tan seducida por las ideas de los dos personajes al mismo tiempo?
Pero Clinton, por ejemplo, con su estrecha relación con Carlos Menem fue un importante apoyo, incluso en las discusiones con el FMI para que la Argentina tuviera más créditos. No fue él el de las "relaciones carnales", puesto que esa expresión fue acuñada por Guido Di Tella cuando el presidente norteamericano era George Bush padre.
Pero las relaciones con los Estados Unidos fueron aún mejores durante la era Clinton, aunque inicialmente parecía que los menemistas, entre los que por entonces se encontraban los Kirchner, se llevarían mejor con los republicanos.
Fueron los demócratas quienes siguieron asistiendo a la Argentina con créditos, mientras desde 1997 los republicanos comenzaban a exigir que países como la Argentina debían ser abandonados a su suerte, defaultear las deudas privadas y devaluar la moneda.
Los Kirchner, que ahora miran con tanta simpatía al demócrata Barack Obama, tuvieron primero excelentes relaciones con el republicano y ultra conservador George Bush hijo. Néstor Kirchner, por entonces en la presidencia, se enorgulleció de que Bush hijo lo felicitara en 2003 por ser duro con el FMI y aplicar un fenomenal recorte a la deuda, que básicamente perjudicó a los argentinos que aportaban al sistema de jubilación mixto, con capitalización.
Los Kirchner y el entonces canciller Rafael Bielsa se sintieron muy halagados cuando Bush presentó a Néstor como "el conquistador del Fondo".
El gobierno argentino ya le había dado a la Casa Blanca la alegría de votar por su candidato a presidente del Banco Mundial. Era nada menos que el ideólogo de la Guerra de Irak y de la supremacía norteamericana, segundo del ultraconservador y guerrero Donald Rumsfeld: Paul Wolfowitz. Por su mentalidad ultramontana, alemanes y franceses, que lo consideraban impresentable, enmudecieron ante la desafiante propuesta de Bush.
Néstor Kirchner y su gobierno fueron los primeros en apoyar a un ultraconservador que terminó años después en un escándalo por favorecer fuera de las normas a una empleada que era nada menos que su pareja.
Los Kirchner se pelearon luego amargamente con Bush y todo terminó en el escándalo de la Cumbre de las Américas en Mar del Plata. De la mayor de las amistades a la amarga enemistad en muy poco tiempo.
¿Es entendible tanta admiración por Clinton y haberse llevado tan bien con Bush, que llegó para, como había prometido, barrer con la economía de Clinton?
Si los Kirchner dieran entrevistas sería posible preguntarles.






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