Evita responsabilizar a Pedraza
El Gobierno volvió a insistir ayer en su teoría sobre un presunto complot contra la Casa Rosada por el asesinato del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra. En un día de nervios, malestar y una fuerte preocupación por la masiva marcha que se congregó anoche a las puertas de Balcarce 50, la presidenta Cristina Kirchner lanzó la frase más dura: "Hay algunos que hace mucho tiempo que buscan un muerto en la Argentina".
La jefa del Estado llamó "bandas" a quienes se enfrentaron anteayer en Avellaneda y Barracas, y evitó responsabilizar al líder de la Unión Ferroviaria, José Pedraza, cuyo gremio es sindicado como responsable de los incidentes que provocaron la muerte del militante del Partido Obrero (PO).
"Démosle siempre el crédito de que hay móviles políticos. Todos sabemos las cosas que han ocurrido en el país y los personajes que actuaron y siguen actuando", deslizó la Presidenta, sin dar nombres.
En un día de idas y venidas en la argumentación oficial, Cristina Kirchner cuestionó a las organizaciones que ayer se manifestaron en la Plaza de Mayo. "Hay que tener coherencia y no actuar con grados esquizofrénicos", sostuvo, en un nuevo giro en el discurso presidencial que apuntó sorpresivamente contra el PO.
La Presidenta acusó a esa agrupación de haber actuado con violencia la semana pasada frente al Ministerio de Educación. "Todos vimos que la Policía Federal no había reprimido [ese día] y ayer se reclamaba porque la policía no había defendido al mismo grupo político que había ingresado en el ministerio. Todos tenemos que tener una inmensa responsabilidad". Las quejas presidenciales contra el PO fueron precedidas por una confesión: "Debo decirlo porque no sería sincera si no lo dijera".
Si bien el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, descartó que el ex presidente Eduardo Duhalde estuviera detrás del asesinato, como había sacado a relucir el kirchnerismo, en la Casa Rosada había satisfacción porque, según argumentaban, habían logrado "manchar" al bonaerense con supuestas teorías conspirativas que lo involucraban.
A eso se sumó el dirigente social Luis D´Elía, que apuntó contra Alberto Trezza, subsecretario de Transporte Ferroviario en 2002, durante la presidencia de Duhalde, acusado de encabezar el accionar violento del sindicato ferroviario.
Ante la masiva manifestación que anoche llenó la Plaza de Mayo, el Gobierno debió recibir a un grupo de militantes que reclaman una urgente reunión con Cristina Kirchner. El secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, se reunió con tres dirigentes del PO. Estuvieron Pablo Heller, Pablo Rieznik y Christian Rath, que cuestionaron que ningún funcionario se haya comunicado con los familiares de Ferreyra. "Pedimos ver a la Presidenta porque esto es un asesinato a quemarropa y hay una multitud de elementos para identificar a la patota", sostuvo Heller.
Por el momento, Cristina Kirchner se mantuvo al margen y ordenó al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, que encabezara las negociaciones por el conflicto gremial. Anoche, el funcionario recibió a una delegación de los trabajadores en la sede de la cartera laboral y les propuso incorporar a los despedidos a las empresas tercerizadas.
En algunos despachos de la Casa Rosada seguían ayer las versiones que responsabilizaban por los incidentes a Antonio Luna, actual subsecretario de Transporte Ferroviario, que depende de la cartera que conduce Juan Pablo Schiavi. Otros sectores del oficialismo dijeron a LA NACION que la Presidenta no avanzó aún en esa línea. Schiavi estuvo ayer en el acto en la Casa Rosada y Pedraza ratificó en la Justicia que le había avisado a la Secretaría de Transporte de la protesta que estaba planificada en las vías del Roca.
En medio de la fuerte tensión, Cristina Kirchner defendió su política de no represión en las manifestaciones sociales. "Prefiero pagar mil costos políticos por no reprimir antes que tener que lamentar la muerte de un argentino", dijo.
Anoche, a pesar de que se negó a hablar con los manifestantes, la Presidenta sí recibió a la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, quien le entregó una carta en la que acusaba a Duhalde del crimen de Ferreyra.







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