En busca del caos: la estrategia política de querer incendiar la Provincia

La estrategia de estrangular económica y financieramente a la provincia de Buenos Aires persigue un objetivo político: esmerilar la carrera política del gobernador Daniel Scioli y construir un escenario de caos social que le impida en 2015 ser el sucesor de Cristina Fernández en la Casa Rosada.
Pese a ello, Scioli aún no se anima a romper definitivamente con el kirchnerismo (sólo manda mensajes de que iría a internas) y quiere mantenerse en el Frente para la Victoria, donde hay personajes que quieren borrarlo del mapa político.

El daño colateral puede ser muy profundo. Una provincia desfinanciada significa paralizar la obra pública, sin siquiera contar con recursos para poder tapar los baches de las destrozadas rutas bonaerenses. También significa que se profundice la escasez de insumos en los hospitales, que ya están colapsados. Y a ello se le suma la posibilidad de que no se pueda cumplir, en tiempo y forma, con el pago de salarios de estatales y docentes. En definitiva, los más perjudicados terminarán siendo los trabajadores y los que menos tienen.

La administración K está manejando, de manera absolutamente discrecional, los mecanismos para que las provincias puedan conseguir fondos, beneficiando solamente a los gobernadores más encolumnados con el ultrakirchnerismo. No por casualidad uno de estos mandatarios, Sergio Uribarri, fue quien la semana pasada hizo de anfitrión en un encuentro de gobernadores e intendentes bonaerenses, alineados al kirchnerismo, cuyo único objetivo fue enviarle un mensaje político a Scioli, a quien no dudaron en descalificar por haber blanqueado, hace unos meses, que buscará llegar a la Presidencia.

Uribarri es uno de los figurones cuyo nombre aparece en algunos paper de la Casa Rosada, como posible candidato títere de CFK en las próximas elecciones presidenciales, en caso de que la Presidenta en los comicios legislativos de este año no consiga el número de senadores y diputados nacionales necesarios para avanzar en una reforma de la Constitución. Otro posible candidato es el misterioso Carlos Zannini, alias “el Chino”, que desde el año 2003 se desempeña como secretario de Legal y Técnica de la Presidencia. Zannini mantiene un marcado bajo perfil, prácticamente no se le conoce voz. Pero sabe, como pocos, los secretos del kirchnerismo, incluido los negocios de la familia presidencial. No por casualidad forma parte de la mesa chica de funcionarios que rodea a CFK.

Otros posibles presidenciables arrancan la carrera en desventaja. Uno de ellos es el jefe del bloque de diputados nacionales el santafesino Agustín Rossi, un obsecuente con todas las letras, experto en defender lo indefendible. Ahora bien, en lo que se refiere a construcción política, Rossi deja mucho que desear: sólo suma derrotas en las elecciones realizadas en los últimos años en Santa Fe.

En esta lista de posibles postulantes también aparece el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, cuya construcción política es prácticamente nula. Y el principal apoyo a una eventual candidatura suya podría venir del exterior, más concretamente del empresario Carlos Slim, que logró amasar la fortuna más importante del mundo, en un país como México donde prolifera el narcotráfico y el crimen organizado. La mano derecha de Slim es Juan Manuel Abal Medina padre.

Asimismo, para mantener a distintos gobernadores en caja, el kirchnerismo también está utilizando un mecanismo que luego podría ser usado por la Presidenta: reformar las cartas magnas que contienen cláusulas que limitan las reelecciones en las provincias.

Así es como, en las próximas semanas, el gobernador de Santiago de Estero, el kirchnerista Gerardo Zamora, anunciará oficialmente su intención de reformar la Constitución santiagueña para competir por un tercer mandato, cuando existe una cláusula transitoria que lo prohíbe y que su propia fuerza política incorporó en 2005. El caso de Zamora se registra en una de las provincias más pobres del país (donde campea el clientelismo político) y es un globo de ensayo. Si tiene éxito, podría haber una catarata de referéndum, que en muchos casos podrían incluir compra de votos. En definitiva, haría recordar al tristemente célebre Pacto de Olivos que, en 1994, le garantizó a Carlos Menem seguir rematando el patrimonio nacional.

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