Avellaneda toca blues Anti K

El Congreso de Avellaneda del PJ (ex los Dos Chinos), sin la repercusión mediática que sus organizadores prometían, inauguró un camino seguramente largo ante la justicia electoral, terreno en el que Eduardo Duhalde, Adolfo Rodríguez Saa y Mario Das Neves, entre otros dirigentes del peronismo tradicional, intentarán desalojar al kirchnerismo de la conducción partidaria.

Lejos de su quimérica intención inicial de “rescatar” la candidatura presidencial de Daniel Scioli, y “mover” a Sergio Massa a competir por la gobernación bonaerense, ni Duhalde ni sus seguidores cederán en su cruzada anti K.

Así lo dejó en claro en Avellaneda un congresal entrerriano: frente, alianza o coalición con cualquiera, menos con el kirchnerismo.

Con manifiesta crueldad, dirigentes peronistas insertos en el  oficialismo señalaron a Tres Líneas que al cónclave de Avellaneda asistió “la bancada de la Banelco, completa”, en referencia a la presencia de los ex senadores nacionales Alberto Tell, Ricardo Branda y el ex presidente de aquel bloque, Augusto Alasino.

Pero acidez aparte, el camino abierto por los congresales de Avellaneda será largo, engorroso y lo que resuelva la justicia tampoco será la última palabra. Esa instancia está reservada para la política.

La vida interna del PJ desde la recuperación democrática en 1983, es rica en congresos rebeldes, paralelos, de unificación o ruptura. Tras la derrota electoral ante Raúl Alfonsín, la primera de su historia, se inició una rabiosa lucha por la conducción partidaria que duró casi un lustro, cuando en 1988, Carlos Menem derrotó en la interna a Antonio Cafiero.

El extinto dirigente salteño Julio Mera Figueroa, solía explicar que el surgimiento de bandos contrarios y su fuerte competencia interna, constituían el combustible que mantenía vivo al peronismo después de tanto tiempo.

Así quedaron en la historia política los motes de “Apresurados vs. Retardatarios”, “Verticalistas vs. Antiverticalistas”  y “Ortodoxos vs. Renovadores”, que en cada caso representaron encontronazos fuertes, pero también violentos y hasta trágicos.

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