El FMI alerta sobre riesgos fiscales por la suba de las tasas

El FMI alerta sobre riesgos fiscales por la suba de las tasas

Un estudio reciente del organismo concluye que el aumento de los rendimientos soberanos y, por ende, de los costos de endeudamiento, está incrementando las presiones fiscales en un momento de elevada deuda, lo que hace que la consolidación creíble sea más urgente.

Los diferentes conflictos geopolíticos y bélicos y el consiguiente aumento en el precio de los combustibles más su correlato inflacionario, junto con el mayor gasto en defensa, más la suba de los rendimientos de la deuda soberana jaquean las arcas fiscales. Una vez más desde el máximo organismo financiero internacional, el Fondo Monetario Internacional (FMI), hacen un llamamiento para que los gobiernos pongan en caja sus presupuestos públicos. Claro que esto se da encima en un contexto electoral global donde se están definiendo elecciones claves tanto para el concierto mundial como para el devenir de las guerras y conflictos geopolíticos, por lo que los políticos tienen menos alicientes para equilibrar las cuentas fiscales.

Lo cierto es que el elevado y creciente endeudamiento intensifica la interacción entre la política fiscal y las tasas de interés, y así lo destaca un nuevo estudio del FMI, “Fiscal-Monetary Interactions: The Role of Debt Maturity” de Luca Bettarelli, Davide Furceri, Francesco Frangiamore, Anh Dinh Minh Nguyen y Francesco Scianna, que revela que, cuando la deuda ya es alta, el aumento de las tasas de interés oficiales conlleva un mayor deterioro de los déficits fiscales y la deuda. Además, un alto nivel de endeudamiento también incrementa la sensibilidad de las tasas de interés del mercado a la evolución fiscal, y Estados Unidos es un ejemplo ya que la evidencia muestra que las tasas de interés a plazo a largo plazo se han vuelto más sensibles a la deuda pública proyectada en los últimos años.

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El estudio examina cómo la estructura de vencimientos de la deuda soberana moldea las interacciones fiscales y monetarias en EEUU, y demuestra que el vencimiento de la deuda influye tanto en las consecuencias fiscales del endurecimiento monetario como en su transmisión macroeconómica. Así cuando el gobierno depende en mayor medida de la deuda a corto plazo, los choques de política monetaria contractiva provocan aumentos grandes y persistentes de la deuda pública, un deterioro más pronunciado de las condiciones fiscales y financieras, y caídas significativamente mayores de la producción, la inflación y la inversión privada. Claro que estos efectos se atenúan sustancialmente cuando el vencimiento de la deuda es más largo. Según los autores, el costo de oportunidad del préstamo del intermediario depende en parte del rendimiento fijado al adquirir los bonos, en lugar de únicamente de su rentabilidad de tenencia en un solo período, lo que permite que el vencimiento de la deuda soberana influya directamente en el precio del crédito privado.

Pero no son los únicos que encendieron las alarmas fiscales ante el crecimiento de la deuda global. Los economistas del Banco de Basilea (BIS) Mathias Drehmann y Sonya Zhu analizaron que, en los últimos años, con los niveles de deuda pública cercanos a máximos históricos, el creciente papel de las entidades no bancarias ha transformado los mercados de deuda pública. Los autores prevén que los elevados niveles de deuda del sector público empeorarán las condiciones de liquidez del mercado de deuda pública en general, incluso al aumentar el riesgo de disfunción del mercado. Además, advierten que una amplia presencia de instituciones financieras no bancarias aumenta el riesgo de disfunción del mercado, al tiempo que incrementa la probabilidad de que se produzcan condiciones de liquidez muy favorables.

En fin, todos datos para que bien los tenga en cuenta el equipo económico del Gobierno de Javier Milei a la hora de programar el financiamiento del próximo año. Lo que concluyen todos, es que mientras más se tarde el ajuste más doloroso será. En tal sentido, advierten que todo este panorama podría conspirar con la ventana de oportunidad de la que han disfrutado los emergentes.

Con respecto al estudio del FMI, los economistas del organismo Era Dabla-Norris y Rodrigo Valdés desmenuzaron el informe y estas fueron sus principales conclusiones.

Los rendimientos de la deuda soberana a largo plazo han aumentado drásticamente en varias de las principales economías avanzadas: entre febrero y septiembre, el rendimiento promedio de los bonos gubernamentales a 10 años del Grupo de los Siete aumentó en más de un punto porcentual, alcanzando su nivel más alto en casi dos décadas, así los gobiernos se enfrentan a estos mayores costos de endeudamiento en un momento en que la deuda ya es elevada, y se prevé que la deuda pública mundial supere el 100% del producto interno bruto mundial para 2030, un nivel que no se alcanzaba desde el final de la Segunda Guerra Mundial.Diversos factores impulsan al alza los rendimientos en los países avanzados, entre ellos: la crisis del petróleo, la inflación persistente, una mayor demanda de inversión y un mayor crecimiento futuro previsto vinculado a la IA. Sin embargo, los fundamentos fiscales son cruciales. En las principales economías avanzadas, el elevado endeudamiento, las presiones sobre el gasto y la perspectiva de una gran emisión de bonos en los próximos años ejercen presión al alza sobre los rendimientos que los inversores exigen para mantener bonos a largo plazo. Los mayores rendimientos de referencia en las principales economías también pueden tener repercusiones transfronterizas, empeorando la dinámica de la deuda en otros lugares.La presión sobre los presupuestos ya es evidente. Se prevé que el costo promedio efectivo de los intereses de la financiación pública aumente del 2,3% en 2021 al 3,7% en 2031. Junto con el aumento de la deuda, esto está elevando los pagos de intereses en todo el mundo. Por ejemplo, en EEUU se prevé que los pagos de intereses aumenten de aproximadamente el 2,8% del PIB antes de la pandemia al 5,7% en 2031, lo que equivale aproximadamente al gasto proyectado en la Seguridad Social, el mayor programa de prestaciones sociales. Mientras que, en los países de bajos ingresos, los pagos de intereses consumen actualmente más del 15% de los ingresos fiscales totales, y entre 2011 y 2019, el costo promedio fue de alrededor del 9% de los ingresos.El aumento de los intereses de los préstamos se está convirtiendo en una carga cada vez mayor e inflexible para los recursos públicos, lo que reduce el margen para la inversión pública y el gasto social. Además, limita la capacidad de los gobiernos para responder a las recesiones, justo cuando aumentan las demandas de mayor gasto en defensa, seguridad energética y atención al envejecimiento de la población.Las tasas de interés más altas también modifican la aritmética de la deuda. En un número creciente de economías, las tasas de interés que se pagan por la nueva deuda superan ahora las tasas de crecimiento nominal previstas. Por lo tanto, los gobiernos necesitan saldos primarios más sólidos para evitar que aumenten los ratios de deuda. Sin embargo, se prevé que el déficit primario global (ingresos de un gobierno menos gastos antes del pago de intereses) se amplíe en 2026, en dirección opuesta a la necesaria para estabilizar la deuda.El déficit primario mundial se sitúa en torno al 3,3% del PIB en 2026. Para estabilizar la relación deuda/PIB mundial este año, sería necesario reducirla a cerca del 2,6%. Y dado que se prevé que la deuda mundial siga aumentando, se requeriría un ajuste adicional de magnitud similar en los próximos años.Los gobiernos de varias economías avanzadas están refinanciando más deuda a plazos más cortos, lo que provoca que las tasas de interés oficiales más altas se trasladen más rápidamente a los costes de endeudamiento del gobierno. Esto cobra especial importancia cuando la inflación se mantiene por encima del objetivo y el aumento de los precios de la energía intensifica las presiones inflacionarias. Los bancos centrales podrían verse obligados a mantener las tasas de interés elevadas durante más tiempo, lo que agravaría la dinámica de la deuda, mientras que las preocupaciones fiscales podrían, a su vez, impulsar al alza las tasas de mercado. Por consiguiente, un elevado nivel de endeudamiento y plazos de vencimiento más cortos pueden dificultar y encarecer la recuperación de la estabilidad de precios para las finanzas públicas. La política fiscal debe evitar agravar estas presiones.Las condiciones de financiación para muchas economías emergentes se han mantenido favorables, con una fuerte emisión soberana, precios de las materias primas más altos y diferenciales reducidos. Algunas economías fronterizas incluso han recuperado el acceso a los mercados internacionales. Pero esta oportunidad podría no durar. Es inusual observar un aumento en los rendimientos de las economías avanzadas junto con diferenciales soberanos persistentemente reducidos en los mercados emergentes. Un cambio en el apetito por el riesgo podría reducir drásticamente el margen de emisión y ampliar los diferenciales.Por lo tanto, se necesitan medidas fiscales urgentes. Los mayores rendimientos reducen el margen de maniobra de los países. Las principales economías avanzadas con una elevada deuda necesitan medidas concretas basadas en planes creíbles a medio plazo y supuestos realistas. Esto es fundamental para lograr una gestión sostenible de la deuda, contener los costes de endeudamiento y limitar los efectos negativos en el resto del mundo.Las economías de mercados emergentes deben reducir sus vulnerabilidades fiscales y fortalecer la gestión de la deuda. Para los países de bajos ingresos, donde la financiación externa ya es más difícil, fortalecer los sistemas tributarios y mejorar la eficiencia del gasto son esenciales para preservar el gasto prioritario.Retrasar el ajuste provocaría un aumento de la carga de intereses y de las vulnerabilidades fiscales, limitaría aún más las opciones políticas y, en última instancia, requeriría un ajuste mayor para estabilizar la deuda. Cuanto más tarden los países, más doloroso será el ajuste.

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