El riesgo de una polarización prematura apura y dilapida negociaciones de listas

El riesgo de una polarización prematura apura y dilapida negociaciones de listas

Subieron y bajaron de manera vertiginosa las tratativas por las colectoras en Buenos Aires, entre Vidal y Massa. El tigrense mantiene las negociaciones con los principales operadores de Cristina. Y eso reactivó las conversaciones entre el peronismo federal y Lavagna

Sergio Massa es en estas horas una suerte de caso testigo político. Todo puede ser y a la vez es precario, corre riesgo de desvanecerse en un rato. Massa iba camino a sentarse ayer con María Eugenia Vidal para avanzar con la jugada de las listas colectoras bonaerenses. No ocurrió, aunque nunca se dejó de conversar. A la vez, mantiene abierto su canal de tratativas con el kirchnerismo duro, es decir, no sólo con Alberto Fernández, más allá del reposo obligado. Y hasta se especuló con su retorno al PJ o algo simbólico como una cita para hoy con José Luis Gioja, que anoche era dada por inexistente o incierta.

Está claro que el cronograma electoral va acelerando el ritmo: el miércoles que viene habrá que anotar los frentes electorales y diez días después, los candidatos. Pero al mismo tiempo, la formidable amplitud de las negociaciones –con situaciones insólitas, como las vividas en la provincia de Buenos Aires- contagia vértigo y hasta perfila una polarización prematura no muy presente en el cálculo previo de los consultores políticos. Eso podría trastocar algunas estrategias de los laboratorios electorales del oficialismo y del kirchnerismo. Y constituye una amenaza que obligaría a reconstruir puentes en el peronismo federal y aliados.

En una primera lectura, parece claro que frente a su propio desgaste. El oficialismo ahondó la doble estrategia de centrar la disputa en Cristina Fernández de Kirchner pero con la esperanza de la división que significaría una tercera fuerza de perfil peronista, para afirmarse después en el balotaje.

En la otra vereda, el kirchnerismo parece haber reconocido al menos dos elementos: que la ex presidenta garantiza un piso sólido pero insuficiente –la fórmula invertida con Alberto Fernández sería el ensayo de un remedio, con limitaciones de inicio- y que es necesario sumar referentes –desde Massa a gobernadores del PJ- para intentar un triunfo en primera vuelta.

Resumen muy apretado: el oficialismo apostaría a desequilibrar en una segunda vuelta, para lo cual es vital la suerte de Vidal y el medido repunte que reflejarían sus encuestas nacionales, y el kirchnerismo jugaría a forzar alianzas con el pejotismo y con emigrados del PJ, para apostar a un triunfo en primer vuelta. Pero ocurre que la velocidad con que se están sucediendo los hechos amenaza con una polarización anticipada. Y eso alteraría la mesa de arena de unos y otros: tiempos más breves para el oficialismo y una especie de balotaje anticipado para el kirchnerismo.

El peronismo federal y Massa en primera línea están metidos en ese juego, a gusto o no tanto según el caso. Es un interrogante cuánto mide hoy el jefe del Frente Renovador y más aún cuánto arrastraría en un giro como cualquiera de los que asoma. Es además difuso cuánto lograría asegurarse como correspondencia o "pago": están sobre la mesas su propio lugar y el cuidado de bancas e intendencias.

Massa habría avanzado concretamente sobre las listas colectoras con los operadores más cercanos a Vidal, según dejan trascender en La Plata y confirman fuentes peronistas. Ayer, sacudió esos puentes al negar una cita con Vidal, que viaja hoy a Colombia y retoma sus funciones el lunes. No queda mucho espacio real para negociar y sus interlocutores no ven "voluntad" de conversar.

Sergio Massa y Maria Eugenia Vidal

Ese giro de ayer reabrió expectativas de trato con el kirchnerismo. En el medio, los intendentes que le responden demandan un pronto cierre y se nota cierta tensión interna, que habría tenido un pico en la relación con Graciela Camaño a mitad de la semana pasada, apenas antes del congreso del Frente Renovador. Massa mantiene diálogo con Alberto Fernández, a pesar de recelos viejos y nuevos, y desde mucho antes sus interlocutores son Máximo Kirchner y Eduardo Wado de Pedro.

El serpenteo con final abierto es observado también por los referentes de Alternativa Federal. El arreglo del massismo con Vidal asomaba más claro en términos reales –por la vía de las colectoras- pero terminó el día de ayer virtualmente paralizado. El trato con el kirchnerismo resultaba más difuso –no estaba claro si participando en las PASO o con un compromiso en la provincia y en Diputados- pero parecía más cercano.

El juego propio de Massa y la posibilidad de quedar muy golpeados en un cuadro de polarización creciente recreó las negociaciones entre el peronismo federal y el círculo de Roberto Lavagna. Juan Manuel Urtubey y el ex ministro de Economía podrían apurar algún mecanismo interno, sobre todo si finalmente quedan solos en esta franja electora. Miguel Angel Pichetto es quizá el socio fundador de Alternativa Federal que tiene más clara la necesidad de afirmar este espacio. Fue el más paciente con Lavagna en el momento de la fractura. Juan Schiaretti, bastante malhumorado, también se vería más animado. Cerca del ex ministro de Economía siguen empujando en esa dirección Miguel Lifschitz y Margarita Stolbizer. Juegan las últimas chances de entendimiento.

El jefe de la UCR Alfredo Cornejo (Fabian Mattiazzi)

Claro que todo ese cuadro opositor impacta en el oficialismo. Los comisionados de la UCR para sentarse a negociar con el macrismo –y con el Presidente, en definitiva- tuvieron ayer los primeros contactos en Gobierno después de ratificar su lugar en Cambiemos. Gustavo Valdés –el gobernador radical más decidido por la reelección presidencial- se vio con Macri para celebrar el amplio triunfo en la elección correntina de hace tres días. Alfredo Cornejo, Ernesto Sanz y otros dirigentes estuvieron con Macros Peña.

Formalmente se dejó la puerta abierta a una ampliación del frente electoral. No asoma este momento como el terreno más fértil en franjas peronistas o entre partidos provinciales para ese tipo de propuestas. Se habla, por supuesto, pero la mirada estaría puesta en el mediano plazo y hasta en la hipótesis de un segundo mandato. En lo inmediato, quedó la sensación de que no está cerrado el tema de la fórmula, compartida o con sorpresa. Desafío grande en tiempos que se agotan muy rápido.

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