De Vaca Muerta a energías renovables: los desafíos de la transición energética

De Vaca Muerta a energías renovables: los desafíos de la transición energética

Con el fomento que hoy se intenta dar a la explotación de Vaca Muerta, así como también el crecimiento de las fuentes renovables en el país, no hay duda que se está viviendo una transición en materia energética. Los cambios, las contradicciones, los beneficios. De dónde se parte y hacia dónde se podría ir. 

En 1977, el descubrimiento de Loma La Lata marcó un antes y un después en la historia energética de la Argentina.   Operado por YPF, este yacimiento de gas revolucionó la matriz local, haciendo posible el incremento del consumo de esta fuente energética fósil no solo en las industrias del país, sino también en los hogares. Así se daba comienzo al capítulo de la Argentina gasífera.

 

 

De un modo similar, ahora, este cede protagonismo al shale gas, con la revolución que la industria vive con Vaca Muerta –la formación no convencional que se esconde en el subsuelo neuquino, y representa la segunda reserva mundial de este recurso y la cuarta de shale oil–: según voces expertas, Loma La Lata representaría solo el 10% de la producción que Vaca Muerta es capaz de dar. De ahí que, se anticipa, habría recurso como para abastecer “100 años de consumo” del país.

 

 

“El 2.0 de la Argentina fue, de alguna manera, pasar de un modelo convencional de uso del gas solo para residencial a su masificación”, afirmó, hace unos meses, Osvaldo Del Campo, presidente y CEO de Grupo Galileo, al referirse a lo que aconteció a partir del desarrollo de Loma La Lata. “Simplemente, pensemos una cosa: a finales de los ’70, la matriz energética nacional tenía una participación del gas de menos del 22-23%. 10-12 años después del descubrimiento, y en años que fueron bastante peores a los que estamos viviendo hoy, la Argentina amplió su penetración, su consumo de gas, a más del 50%. Eso implicó convertir más de 1 millón de vehículos a gas natural comprimido, conectar un montón de poblaciones nuevas, hacer muchas centrales eléctricas que se convirtieron a gas natural”, sintetizó a El Cronista.

 

 

Pero, no solo de Vaca Muerta se trata al hablar de las tendencias energéticas que están vigentes en el país. Las fuentes renovables también aportan lo suyo, aunque, quizá, con un nivel mayor de timidez. En 2016, el Gobierno lanzó el Plan RenovAr, con el que aspiraba a materializar los objetivos de la Ley 27.191: 8% de energía renovable en la matriz eléctrica para el 31 de diciembre de 2017 (con fiscalización un año más tarde) y 20% para la misma fecha de 2025. Por cómo fue estructurado –con diversos niveles de garantías, incluyendo una del Banco Mundial, y contratos en dólares a 20 años–, el programa causó mucho interés nacional e internacional, y las ofertas recibidas en las rondas que se hicieron hasta la fecha superaron con creces la capacidad licitada. Algunas inversiones se concretaron, y hay parques que fueron desarrollados y otros que se encuentran en vías de construcción, pero la meta, en los plazos especificados, no se alcanzó. Según los últimos datos publicados por Cammesa, a enero de este año, las renovables solo representaban el 2% de la generación eléctrica nacional (al lanzarse el RenovAr, el porcentaje era 1,8).

 

 

Disrupciones, el contexto

Ahora bien, la introducción del shale y las renovables en las matrices, así como los compromisos que asumió el mundo ante el Acuerdo de París sobre cambio climático de limitar el aumento de la temperatura a 2°C hacia fin de siglo –y hacer esfuerzos porque este no supere 1,5°C–, que implica una gradual descarbonización de la economía planetaria, generan fuertes impactos en la concepción del negocio energético. De allí que, hoy, transición es uno de los conceptos más escuchados en vinculación con la energía. Tanto es así que el grupo de trabajo abocado a este tema durante las reuniones del G20, que lideró la Argentina hasta el 1° de diciembre de 2018, fue denominado “Transiciones Energéticas”. 

 

 

“El trabajo que se está haciendo es identificar políticas de gobierno que el G20 puede impulsar y nos lleve hacia transiciones energéticas más limpias (en términos de emisiones), más transparentes y con sistemas más flexibles”, había anticipado a este medio Daniel Redondo, entonces secretario de Planeamiento Energético de la Nación y chair del grupo en cuestión, previo a las reuniones que tuvieron lugar en junio de 2018 en San Carlos de Bariloche y que convocaron a los máximos responsables en materia energética de las 20 economías más importantes del mundo.

 

 

Más allá de las palabras, la potencialidad del cambio está permeando en la lógica de los negocios y las proyecciones futuras. Y, como en todo proceso de esta naturaleza, no está claro hacia dónde llevará.

 

 

“Creo que, más que hablar de transición, uno tiene que hablar de disrupciones o tendencias que están cambiando o pueden cambiar la industria. Nosotros vemos muchas y, en algunas cosas, se contraponen”, definió, un tiempo atrás, Diego Sebastián García, partner de Bain & Company. En particular, el especialista remitió a tres. En primer lugar, las renovables, cuyo costo está bajando “razonablemente rápido”. Al respecto, advirtió: “Que estos costos bajen depende 100% de que estas fuentes agarren volumen en determinados lugares. Nosotros no somos los que definimos si crecen o no, quienes lo hacen son China o los Estados Unidos”.

 

 

“Otro tema que estamos viendo muy fuerte es si hay o no una coordinación a nivel global para impulsar políticas verdes. Por primera vez en la historia, hay un acuerdo de que tenemos un problema, pero no de cómo solucionarlo”, continuó García, en alusión al Acuerdo de París, a través del cual los países firmantes presentaron planes para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI, los causantes del cambio climático). Sumadas todas estas acciones (oficialmente llamadas Contribuciones Nacionalmente Determinadas o NDC, por sus siglas en inglés), el objetivo de 2°C no llega a cumplirse: por el contrario, aun con ellas, el aumento de la temperatura global podría elevarse a 4°C para 2100. Por otra parte, “no hay ningún enforcement a los planes” presentados por los países. “En el fondo, los mecanismos de cooperación internacional están en un momento delicado, en el cual se está cuestionando su funcionamiento, desde el tema del trade, la energía, lo ambiental. Pero, para nosotros, esta es una disrupción, que no sabemos para qué lado va a ir”, dijo a El Cronista.

 

 

Y sumó una tendencia: el almacenamiento de energía. “Probablemente, es la que tiene más disrupción, porque viabilizaría tener fuentes intermitentes (como la eólica y la solar). También vemos que están bajando los costos y, en algunos de los escenarios que manejamos, las renovables con almacenamiento se podrían hacer viables en menos de cinco años, sin subsidios”. 

 

 

De igual modo, añadió, están bajando los costos de extracción de los hidrocarburos. “Se ha dado una tendencia después de la crisis del precio del petróleo de 2014: están bajando mucho. En contraposición de las renovables, lo que está pasando es que los hidrocarburos están reaccionando y se están volviendo más baratos”.

 

 

Renovables vs. gas

En este punto, la pregunta es obligada: ¿compiten las renovables con el gas? Más específico aún, y poniendo el foco en la Argentina, que tiene abundancia de ambos recursos, ¿el incentivo de uno limita la expansión del otro? Aquí, las opiniones se dividen.

 

 

“En ninguna parte del mundo las renovables son competitivas frente al gas. Son más caras”, dijo Ernesto López Anadón, presidente del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG), tiempo atrás a este medio.  “¿Cómo se amortiza la inversión que se hace al montar una planta? Con un despacho constante los 365 días del año. Con las renovables, en cambio, tenés que amortizar en el 30-40% del año: el costo de hacerlo es más alto”. 

 

 

“Hoy, Vaca Muerta es lo más eficiente”, planteó, a su vez, Gustavo Chaab, vicepresidente de Medioambiente, Salud y Seguridad de YPF, sin dejar de poner en valor la contribución de las fuentes limpias. “En la actualidad, las renovables pueden competir en costo, pero tienen que resolver que solo están disponibles cuando la naturaleza lo permite. El gas es el mejor complemento. Primero, porque está la tecnología para que sean plantas que arranquen y paren. Y, segundo, porque es un recurso abundante para la Argentina. Hoy en día, cuando estén disponibles, las renovables van a entrar. No van a competir con el gas y, en principio, no lo van a desplazar. Porque el gas, primero, va a desplazar al fuel y al gasoil, y, segundo, va a cubrir el crecimiento –junto con las renovables– y va a ir desplazando generación vieja por generación más eficiente. Y, eso, hoy, está disponible solo con el gas”, añadió, un tiempo atrás, al hablar sobre el tema con El Cronista. 

 

 

De todos modos, más allá de la competencia que se pueda dar fronteras adentro de la geografía nacional, la proyección del gas va más allá de ellas. El primer paso de este sueño exportador es la conexión con Chile, que reinició en el segundo semestre de 2018. “El gas es una industria madura en el país, tiene una logística desarrollada, caños vacíos. Hay que ampliar la logística, pero ya estás sobre la base de un negocio que el país conoce y maneja. El gran desafío es ver si lo pone en escala para ir por barco a los mercados mundiales”, detalló  el exsecretario de Energía Daniel Montamat.

 

 

Juego de privados

Ahora bien, los cambios que están teniendo sede en el corazón de la industria también pueden observarse en los modelos de negocio de sus firmas. Cinergia, por ejemplo, tal como contó a este medio su gerente de Mercado Eléctrico, Pablo Alberio, nació en 2010 como trader de gas natural y se convirtió en uno de energía con la Ley 27.191, “apuntando a poder vender, hoy, energía renovable y gas natural y, el día de mañana, energía eléctrica y combustibles líquidos”.

 

 

Transportadora de Gas del Sur (TGS), por su parte, se extendió en la cadena. “Los dos negocios más importantes para la empresa son el sistema regulado de transporte troncal y el procesamiento de gas en Bahía Blanca. Pero, a partir de 2016, hemos avanzado a convertirnos en una empresa se servicios al productor de gas. Por eso, a partir de abril, tenemos una concesión que nos han cedido los productores para construir un gasoducto de captación que, entre el tramo norte y el sur, son 125 kilómetros de gasoducto con un diámetro importante: 36 pulgadas en el norte y 30, en el sur”, describió Javier Gremes Cordero, su director General y CEO. “Estamos invirtiendo más de $ 7000 millones en cinco años para preparar al sistema, para que esté en máxima exigencia”. 

 

 

Grupo Galileo también buscó reposicionarse a partir del nuevo escenario. Lo llama Gas Natural 3.0, un modelo de gas natural que está implementando en todo el mundo y que, en palabras de su CEO, “apunta a permitir que la abundante oferta de gas que hoy existe no se circunscriba solo a grandes proyectos de exportación, como tiene los Estados Unidos, o proyectos muy limitados y concentrados”. 

 

 

Del Campo explicó: “A través de la tecnología que inventamos hace 20 años, que se llama Gasoducto Virtual, creamos un modelo de negocios que sufrió un upgrade tecnológico muy importante en los últimos años, a partir de que tuvimos toda la tecnología de producción de GNL directamente en la cabeza de los pozos. Tenemos un modelo que permite conectar estas nuevas reservas de gas con los clientes que no tienen acceso al gas, de una manera mucho más eficiente, flexible y acorde con los tiempos modernos”.

 

 

A diferencia de las empresas hasta aquí mencionadas, ADBlick Agro no estaba involucrada en la industria energética previo a la coyuntura actual. El interés inicial devino con el lanzamiento del Plan RenovAr, de acuerdo con José Demicheli, Juan Pablo Carrera y Federico Mouso, respectivamente, CEO, director de Negocios y Project Manager de Energías Renovables de esta firma abocada a proyectos de inversión en el agro. En palabras del primero: “Contrario a lo que pasó con el resto de las tecnologías, en el RenovAr 1, solo hubo una adjudicación en biomasa (de 100 MW licitados se cubrieron 15 MW) y una en biogás (proporción similar). Ahí fue cuando ADBlick se puso a estudiar la biomasa a nivel nacional. Le hicimos una consultoría para la prefactibilidad de este proyecto a Monsanto, que lo aprobó y nos dio la oportunidad para poder licitar. Ahí es donde salimos a buscar y damos con nuestros socios BAS Projects Corporation y Global Dominion Access, con quienes generamos una alianza a cinco años para hacer un proyecto de 10 plantas de biomasa”.

 

 

Hoy, son tres las plantas que tienen en ejecución, con una inversión de u$s 300 millones. La primera –ubicada en Santa Rosa, Corrientes– fue la adjudicada en solitario en el RenovAr 1. “Hubo problemas con los socios brasileros, por lo que nuestros socios españoles tomaron el negocio. Nosotros ayudamos a hacer el take over, pero no somos parte del proyecto”, reparó Demicheli. De las 10 en que tendrán el rol de desarrolladores, dos están en marcha. Se trata de plantas gemelas, una en Rojas y otra en Venado Tuerto, que ganaron licitación del RenovAr 2. 

 

 

Otro de los proyectos de la firma, explicó Carrera, la introduce en la energía térmica: la idea es transformar a biomasa calderas que, hoy, usan otros combustibles. “Estamos iniciando ensayos de híbridos de sorbo japoneses, que no están en el país. Es decir, estamos empezando a trabajar en diferentes líneas de generación de biomasa, más allá de las convencionales que se conocen en el país, apuntando a reducir su costo por tonelada”, anticipó. 

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