Los tenebrosos personajes que acechan por las noches a Javier Milei

Los tenebrosos personajes que acechan por las noches a Javier Milei

Por: Ernesto Tenembaum. El líder de La Libertad Avanza manifiesta una tendencia a detectar enemigos y conspiraciones muy por encima del resto de la dirigencia política. ¿A quiénes más señalará con su dedo mientras grita “viva la libertad, carajo”?

En agosto del 2021, el actor Martín Seefeld fue invitado a la mesa de Juanita Viale. Entre los comensales, estaba también el ascendente Javier Milei. En un momento, Seefeld le dijo a Milei que sus modales tal vez dificultaban la comunicación de sus ideas.

-Hay que tratar de cuidar profundamente las formas. Porque me parece que eso es lo que permite que el otro no se cierre y te escuche. Porque por ahí vos estás diciendo algo que tenés razón y que es inteligente, y que es constructivo y es positivo, pero lo decís de una manera muy agresiva y producís en el otro un cerramiento…

Juanita Viale intervino:

-Claro, que no me interesa ni escuchar…

-Y eso te pasa con la pareja, con la familia, con los amigos, con todo—insistió Seefeld.

Milei explicó que si en ese momento ingresara un delincuente con la intención de asesinar a alguno de los invitados habría que evitarlo sin reparar demasiado en los modales.

-Y si ahora aparece un delincuente que lo va a atacar a José. ¿Qué le decís? ¿”José, ten cuidado…”?.

-Pero eso es una situación límite—respondió Seefeld.

Milei levantó la voz, fastidiado.

-Argentina es una situación extrema. Argentina tiene un desequilibrio fenomenal que en todos los aspectos, no sabemos cuándo, porque el tiempo es de Dios, pero ¿sabés qué? Va a explotar. Y cuando vos vas contra un sistema que no da respuesta, que está cerrado y que está construido para que siempre les vaya bien a los políticos ladrones de siempre…el lenguaje políticamente correcto lo inventaron los políticos de mierda para no sentirse incómodos cuando les decís en la cara que son unos chorros.

El episodio, que ocurrió hace dos años, seguramente fue olvidado por la mayoría de las personas que lo vieron. Y no tuvo mayor repercusión. Hasta hace un par de días. El miércoles, Milei lo difundió a través de sus redes con este comentario:

“PREGUNTA: ¿Se dan cuenta que en esa mesa me estaban haciendo una emboscada? Un soldado de JxC agrediéndome de modo directo, obvio que con buenos modales, pero agrediendo y tratando provocar mi reacción. Además: observar la complicidad de la conductora. DESPIERTEN Así funciona...”.

Así, lo que a primera vista era un diálogo más o menos interesante en la tradicional mesa de la televisión argentina, se transformó en otra cosa: en una emboscada a Milei. Seefeld ya no era un actor popular ni un integrante de Los Simuladores sino “un soldado de JxC”. Juanita Viale se transformó súbitamente de una actriz y conductora muy querida en la cómplice de una emboscada. Es un mecanismo utilizado, hasta el cansancio, en otros tiempos, por el recordado programa 678.

Las redes de Milei tienen millones de seguidores, muchos de ellos un tanto exacerbados: leones, como quien dice. Seefeld y Viale son dos personas de carne y hueso. Por un par de comentarios un tanto banales acaban de ser señalados ante millones de personas como conspiradores en contra de su líder. ¿Cómo funcionará este mecanismo en el caso de que Milei llegue a la presidencia de la Nación? ¿De qué manera afectará a la libertad el avance de La libertad Avanza? ¿A quiénes más señalará con su dedo Milei mientras grita “viva la libertad, carajo”?

Pero este problema -el de la existencia de líderes que marcan a personas por haber hecho cosas que no hicieron- se superpone con otro aspecto muy evidente en la reacción de Milei ante aquel diálogo. Martín Seefeld no es un soldado. Juanita Viale no es una “cómplice” de ese soldado. En ese diálogo no había ninguna emboscada. No hay ninguna relación entre el derecho a defenderse ante el ataque de un delincuente con la utilización de agresiones en los discursos de campaña. Pero cuando Milei observa lo que pasa, y lo analiza en frío dos años después, lo que ve es una agresión, una emboscada, soldados, cómplices de soldados.

Eso, que puede ser fruto de un mal momento, en realidad es un patrón. En el recorrido de Milei hacia el estrellato político aparecen permanentemente conspiraciones, por decirlo de alguna manera, difíciles de demostrar. Por ejemplo, hace dos semanas le hicieron una pregunta sobre la educación sexual integral. Milei no planteó objeciones concretas ni desarrolló argumentos. En lugar de eso, desplegó una teoría: “Esta es parte de la agenda del posmarxismo -dijo-; esa agenda posmarxista tiene que ver además con la destrucción del núcleo más importante de la sociedad que es la familia. Y es un ataque directo contra la familia. También está vinculado con otras cosas, tiene que ver con el ecologismo. Y ahí aparecen otros problemas: quieren exterminar la población, con esta idea de ‘cuidemos el planeta’, a punto tal de eliminar a los seres humanos”.

Es un poco absurdo tener que explicar el consenso mundial que existe acerca de los peligros del cambio climático, que se expresan en nuestro país por la repetición de sequías extremas, por el calor que vivimos en este extraño otoño, por los incendios productos de sequías y calor extremo que sufrió Canadá en las últimas semanas, y cuyo humo transformó a Manhattan en una ciudad fantasmal, por el récord de radiación que se midió en Chile esta semana. Aun así, una persona podría dudar y exponer sus argumentos. Milei no hace eso: denuncia una conspiración posmarxista para exterminar a la humanidad por medio de esa advertencia, y la combina con la Educación Sexual Integral.

Javier Milei (Foto: Franco Fafasuli)

Otro ejemplo. A fines de mayo, Twitter aplicó una especie de sanción a la cuenta de Javier Milei, que consiste en que sea más difícil ubicarla a través de buscadores y en limitar, en algo, su influencia. El especialista en informática, Julio López, analizó que tal vez se deba a que se detectó una participación de esa cuenta, la de Milei, que distorsiona el debate público. Algunos números ofrecidos por López para explicar sus conclusiones: en siete años, esa cuenta publicó ¡¡¡194 mil tweets!!!. Para entender lo que es eso, en 10 años Elisa Carrió tuiteó 13 mil veces, y en 20, Cristina Kirchner, que fue presidenta, 16 mil.

Pero Milei emitió una carta donde denunció una conspiración contra él. El contenido de esa carta merece destacarse porque revela, una vez más, el modo de funcionamiento de un posible futuro presidente:

“En las últimas semanas diversas fuentes han confirmado lo que ya sabíamos: hay una decisión concertada entre el establishment político y económico de intentar frenar el avance de nuestro espacio. Esto ha sido confirmado por el propio Fantino y otros. Las pruebas están a la vista. Artículos difamándonos. Canales de televisión que 24/7 se dedican a tergiversar nuestras posiciones para asustar a la población. Ensayistas desconocidas que de repente pululan por todos los medios con elucubraciones siniestras sobre mi vida privada. Periodistas que publican información brindada por nuestros adversarios sin siquiera intentar chequear con nosotros la veracidad de la misma. El ataque de Nosis inventándome un pasado en el Congreso que jamás existió. Hoy se suma un ataque coordinado sobre nuestras redes sociales. Twitter ha decidido ‘desaparecerme’ de la plataforma a pedido de alguien. Lo mismo ha ocurrido en Instagram”.

Cada uno de estos elementos se puede rebatir fácilmente. Las ideas de Milei, más allá de lo que haya ocurrido con su cuenta, son difundidas de manera masiva en Twitter, Instagram, Youtube o TikTok. No hay ningún canal que se dedique a hablar de él 24/7. Ninguno. Todos los candidatos sufren la difusión de artículos que consideran injustos. La utilización del verbo “desaparecer”, así, entrecomillado, es una enormidad. “Ensayistas desconocidas que pululan en todos los medios realizando elucubraciones siniestras sobre mi vida privada”, es una referencia a la escritora Pola Oloixarac, quien escribió un libro con perfiles muy ácidos de nuestras dirigentes políticos. No es desconocida, no “pululó” por ningún lado. Y ha escrito sobre él pero no solo sobre él sino también Macri, Rodriguez Larreta, Bullrich, Cristina Kirchner, Grabois entre muchos otros.

Pero en este caso no importa la realidad, sino la percepción que el candidato tiene sobre ella. ¿Existe una conspiración que incluye a Juana Viale, Martín Seefeld, Twitter, Instagram, Nosis, Oloixarac, Canales de televisión, periodistas, combinada con el posmarxismo que intenta destruir a la humanidad a través de miles de docentes que enseñan educación sexual integral y de miles de científicos que difunden el daño que le está haciendo al planeta la emisión de gases? ¿Eso ocurre? Y si eso no ocurre, ¿qué dice eso de la manera en que percibe, piensa o reacciona Milei?.

La historia política del mundo está repleta de liderazgos que perciben conspiraciones y enemigos frente a hechos naturales de la realidad: una diálogo, un artículo, un libro, una caricatura. La Argentina ha sufrido, recientemente, los efectos de estos mecanismos. Cualquiera puede recordar ese momento impresionante en el que Cristina Kirchner denunció frente a una plaza llena que una caricatura de Hermenegildo Sábat no era una caricatura de Hermenegildo Sábat sino una evidencia de la marcha de un golpe de estado cuasimafioso. En estos días, el Conicet repudió una tira de Horacio Altuna y un sector bastante totalitario del progresismo local la atribuyó a una conspiración mediática contra la ciencia en la Argentina.

Esas cosas ocurren.

Para algunas personas es inadmisible que alguien les discuta, o se burle de ellas, o que la realidad se resista a su voluntad.

El cerebro humano tiene recursos inagotables para acomodarse a esos desafíos.

Aun así, por momentos, da la impresión que el de Javier Milei representa un salto de calidad en ese sentido: su mente tiene una capacidad, un radar, para detectar enemigos y conspiraciones muy por encima de cualquier competidor, al menos en su liga.

No se le escapa nada.

Ve lo que nadie ve.

Juanita Viale y Martín Seefeld conspiran en su contra.

Danger.

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