La elección primaria presidencial del último domingo estableció un récord difícil de igualar a nivel nacional y provincial por el masivo apoyo que registraron en conjunto los tres candidatos a la máxima magistratura nacional surgidos del Partido Justicialista.
Esta cifra, de por sí apabullante, demuestra con claridad el proceso de “peronización” que vive la República Argentina. La fuerza creada por Juan Domingo Perón se da el lujo de incluir al oficialismo y a dos de las principales alternativas opositoras con posturas doctrinarias que en algunos aspectos son diametralmente opuestas.
Aprovechando el amplio espectro ideológico que siempre caracterizó al justicialismo, con cambiantes corrientes de derecha, centro o izquierda en su seno que con el paso del tiempo intentaron representar el pensamiento original del ex tres veces presidente, la ciudadanía nacional ha concentrado cada vez más el voto en los representantes de este partido, al considerar que es la única fuerza en condiciones de gobernar Argentina.
Hasta los comicios del último domingo, la mayor acumulación de sufragios a favor de postulantes peronistas se había dado en la elección presidencial de abril de 2003, cuando Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá registraron en conjunto el 60,8% del total de sufragios emitidos en todo el país.
Cuatro años después, Cristina Fernández y Alberto Rodríguez Saá sumaron casi 59% y ahora, como se dijo precedentemente, con el agregado de Eduardo Duhalde, llegaron a casi 71%. Para el resto de las siete fuerzas opositoras, quedaron migajas, apenas el 29%.
En la Provincia de Córdoba el fenómeno de “peronización” del voto popular se viene dando también aunque en menor proporción a lo que ocurre en el resto del país.
En esta última primaria presidencial, Cristina Fernández, Alberto Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde obtuvieron en conjunto el 59,8% de los votos emitidos por los ciudadanos cordobeses. En otras palabras, seis de cada diez ciudadanos de esta provincia se inclinaron por alguna de las opciones justicialistas.
Este porcentaje fue menor al promedio nacional del 70,4%, pero duplicó prácticamente al que se había registrado en la elección presidencial de octubre de 2007, cuando la actual mandataria y Alberto Rodríguez Saá acumularon el 29,3%. Debe recordarse que en aquella oportunidad Roberto Lavagna, un dirigente de origen pernista, ganó en Córdoba, aunque liderando la boleta radical con el 39,3%. Segunda había sido Elisa Carrió con 22,32%.
En 2003, cuando la disputa se concentró entre Menem, Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá, el voto cordobés a favor de estos tres candidatos justicialistas estuvo en el orden del 51%. En aquella contienda presidencial, en Córdoba fue segundo Ricardo López Murphi y cuarta Elisa Carrió.
Esta tendencia electoral cada vez mayor en favor de dirigentes surgidos del Partido Justicialista es la consecuencia también del hecho de que esta fuerza no ha podido garantizar por diversas causas desde 2003 en adelante un proceso interno democrático, transparente y aglutinador de todas las corrientes internas, como el que se dio en 1988 entre Carlos Menem y Antonio Cafiero.
Ésa fue la última gran interna del PJ a nivel nacional y desde entonces no pude repetirse.
También ha provocado esta adhesión creciente hacia el peronismo los graves errores cometidos por los partidos opositores y las malas gestiones que tuvieron los últimos dos gobiernos radicales de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa.











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