Por Alberto DearribaFin para las especulaciones. Cristina Fernández se reintegró ayer a la actividad plena y lo hizo fiel a su estilo. Anunció cambios en el Gabinete que pueden entenderse como señales del rumbo que adoptará los últimos dos años de su gestión, con especial énfasis en la economía.
La presidenta empoderó finalmente a Axel Kicillof al frente del Ministerio de Economía. A diferencia de lo que sucedió con Abal Medina, le ofreció a Hernán Lorenzino mantener la parte central de su gestión: lo nombró al frente de una unidad especial que se creará para negociar la reestructuración de la deuda pendiente, y lo nominó como embajador ante la Unión Europea. Lorenzino lleva adelante por estas horas una negociación a varias bandas con los fondos buitre, el Club de París y el Fondo Monetario Internacional con el objetivo de terminar de cerrar el frente externo.
Sin dudas, el nombramiento de Kicillof será el que más expectativa genere. Fue varias veces cuestionado por su formación marxista desde los sectores que representan al establishment y por su referencia en La Cámpora. Deberá enfrentar algunos desafíos importantes de cara a los dos últimos años de gestión. Como ministro tiene la potestad de confirmar o cambiar a los secretarios y subsecretarios. La pregunta que surge naturalmente apunta a determinar si Guillermo Moreno seguirá al frente de la Secretaría de Comercio Interior, o allí también habrá cambios.
La otra pata la aportará Carlos Fábrega desde el Banco Central. El ex presidente del Nación llegará a la autoridad monetaria en medio de una sangría de reservas y con dificultades para hacerse de dólares. Su pliego será puesto a consideración del Senado, donde seguramente hará pesar la buena relación que mantiene con los gobernadores a partir de su extensa gestión en el Banco Nación. Fábrega nació en Mendoza y de pequeño se fue a vivir a Río Gallegos donde se desempeó en la sucursal del Nación en esa ciudad, tiene una reconocida experiencia en el sistema financiero y diálogo diario con los banqueros.
El remplazante de Marcó del Pont, que se fue a su casa, tendrá además que cubrir cinco vacantes en el Directorio del Central. Tres de ellas vencieron unas pocas semanas atrás y habían quedado vacantes a la espera de los cambios en el gabinete.
En su puesto en el Banco Nación fue designado Juan Ignacio Forlón, hoy responsable de Nación Seguros y de línea directa con Máximo Kirchner.
En Agricultura, la presidenta optó por un técnico. Carlos Casamiquela trabaja en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) desde 1974. Después de probar con dos ministros de perfil político, Julián Domínguez y Norberto Yauhar, Cristina Fernández vuelve a apelar a un técnico para manejar la relación con los productores que tiene varias aristas conflictivas.
Los cambios en el Gabinete apuntan a terminar con la conducción coral en el equipo económico. La presencia de Capitanich y Fábrega marcan una señal respecto del objetivo de resolver el frente externo, mientras que la designación de Kicillof es un claro mensaje a las voces que, desde distintos sectores, venían reclamando un ajuste como receta.
Habrá que ver si la designación de Capitanich implica una señal también de cara a 2015, cuando el kirchnerismo tenga que buscar indefectiblemente un recambio para la presidencia de Cristina Fernández, pero para eso habrá tiempo.










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