En una Provincia que se incendia, recibió a Solá y a un conjunto de impresentables diputados K para que le otorguen apoyo. Se viene un nuevo conflicto salarial en la administración bonaerense
La diferencia, con lo ocurrido en la Casa Rosada, es que el espectáculo circense realizado en La Plata no estuvo integrado por murgueros o actores de menor nivel, sino por un conjunto de dirigentes políticos, en su mayoría kirchneristas, que se reunieron en la gobernación bonaerense para dar su “respaldo” al mandatario provincial.
Cuesta entender cuál fue el beneficio de la movida, que consistió en que Scioli recibiera a un conjunto de de desarrapados que, por un lado, ni siquiera son registrados por la ciudadanía, y por el otro, son conocidos en el ambiente político por ser impresentables. Muchos ellos, de hecho, no tendrían ningún reparo en traicionar hoy mismo al gobernador, y borrar con el codo lo que escribieron si eso le significa llevar agua para su propio molino.
Un rejunte de diputados
Entre otros, al cónclave de ayer asistieron los diputados nacionales Carlos Kunkel (un K bravucón, que tiene a toda su familia trabajando para el Estado); Carlos Raimundi (un legislador platense que cambia de partido político como de desodorante, al haber sido en los últimos años radical, frepasista, integrante del ARI y ahora kirchnerista), Juliana Di Tullio (la legisladora ultra k, que hace pocos meses increpó al propio Scioli al decir que se tenía que salir a “aguantar los trapos”) y Julián Domínguez (ex ministro de Carlos Ruckauf en lo que fue la peor gestión gubernamental de la Provincia en los últimos 30 años).
Eso no fue todo. También estuvo el inefable Felipe Solá, otro saltimbanqui que cuando fue gobernador puso en marcha una reforma en materia de seguridad, cuyas nefastas consecuencias aún se sienten, con policías que exhiben una alarmante falta de profesionalismo. La reforma de Solá incluyó, por ejemplo, compras directas escandalosas, sin llamado a licitación, que constituyeron negociados que se tejieron a costa de los propios agentes de seguridad con patrulleros que tenían blindajes truchos, chalecos antibalas vencidos, un dirigible que nunca voló y crímenes, como el triple asesinato de policías en la planta transmisora de Arana, que no nunca terminaron de resolverse.
Asimismo, Solá fue el artífice de uno de los negociados mas oscuros en la historia reciente en la Provincia, como fue la renovación automática de licencias, por 15 años, de salas de bingos con máquinas tragamonedas programadas para esquilmar los bolsillos de trabajadores y profesionales que, ante la crisis económica, no encuentran otra alternativa que recurrir al juego.
Si la labor de Solá y de su ministro de Seguridad, León Carlos Arslanián, fue tristemente célebre, la gestión de Alejandro Granados, a cargo de la cartera de Seguridad, tampoco parece representar un cambio. Se trata de uno de los denominados barones del Conurbano, un personaje de estilo far west que hasta reivindica haber corrido a los tiros a pibes que intentaron robarle en su casa de Ezeiza, cuando es el propio Estado el que le exige a la ciudadanía que no haga justicia por mano propia.
Es tal el nivel de improvisación de la gestión que encabeza Granados, que ni siquiera le funcionó la red de buchones y de servicios, que deberían haber alertado al gobernador que se venía una crisis policial, como la que finalmente mantuvo en vilo a la ciudad durante dos días. De hecho, no hubo que lamentar saqueos en La Plata (punteros políticos tuvieron que negociar con saqueadores para evitar que entrarán a supermercados de Tolosa), algo que sí ocurrió en Mar del Plata, Glew y otras localidades bonaerenses.
A la troupe de ayer también se sumó el diputado Héctor Recalde, un abogado laboralista que trabajaba para la CGT y que se pasó a las filas K a partir de que su hijo, Martín, fue puesto a dedo como presidente de Aerolíneas Argentinas. Se trata de la empresa que financia la estructura política de La Cámpora, que cuenta con la flota de aviones comerciales más antigua del continente y que –por su deficiente administración- tiene un déficit de 2 millones de dólares por día que pagamos todos los argentinos con nuestros impuestos.
La caja de Pandora
Durante el encuentro, se escucharon frases para la ocasión. Nada se dijo, por ejemplo, sobre cómo hará la provincia para trasladar el mismo aumento que le dio a la policía al resto de los sectores de la administración pública, lo que pone en serio riesgo el funcionamiento de las escuelas, de los hospitales y de prácticamente toda la estructura gubernamental del Estado bonaerense.
¿Cómo explicará el gobernador que una enfermera de hospital, expuesta a todo tipo de enfermedades infecciosas, cobre la mitad que un agente de policía?, ¿Qué argumento le dará a los auxiliares de la educación, con sueldos que no llegan a los $5000, que deben mantener las escuelas higienizadas y tienen la obligación de alimentar, diariamente, a más de 2 millones de chicos, sin importar que haya clases o vacaciones?, ¿de qué forma se equilibrarán los sueldos de los maestros, que también se han visto afectados por la inflación y que, en caso de no tener una recomposición acorde, no comenzarán las clases?
Tal como lo venimos advirtiendo desde el diario Hoy, han abierto la caja de Pandora en la provincia. Y ahora pretenden cerrarla con impresentables, como son muchos de los que ayer estuvieron en la gobernación bonaerense.
Las contradicciones de la versión oficial
El desconcierto kirchnerista frente a las protestas policiales dejó al desnudo hasta las propias contradicciones. La hipótesis del origen del conflicto más fuerte para el secretario de Justicia, Julián Alvarez, es un complot en el que identificó solo al exjefe policial Salvador Baratta, actualmente concejal de Lanús del Frente Renovador.
El funcionario de La Cámpora y uno de los niños mimados de la presidenta Cristina Fernández, fue uno de los ideólogos de la fallida reforma judicial y su pago chico es Lanús, donde aspira a desbancar al actual intendente Darío Díaz Pérez.
Para llegar a concejal, Baratta participó en agosto de 2011 de la interna como primer candidato de la lista que presentó a Omar López, para competirle la intendencia a Díaz Pérez. Esa lista era impulsada por La Cámpora de Lanús, que comanda el secretario de justicia nacional. López perdió la interna pero alcanzó el piso para que Baratta pueda entrar en la lista del Frente para la Victoria y ser electo concejal. Aunque después, como muchos otros kirchneristas, el exjefe policial se pasó al FR.
Cuando un grupo de policías se habían amotinado hace dos años, luego de los enfrentamientos con militantes de La Cámpora durante la asunción de Daniel Scioli y Gabriel Mariotto en la Legislatura bonaerense, Baratta criticó a los policías en defensa de La Cámpora y con duros términos para el entonces ministro de Seguridad y Justicia, Ricardo Casal.
El actual concejal de Lanús fue subjefe de la Policía bonaerense hasta mediados de febrero de 2011, cuando Casal dispuso su pase a retiro en el marco de una interna con el entonces jefe de la fuerza, Juan Carlos Paggi.












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