Por Martín Rodríguez YebraEl peronismo se mueve a ciegas. Desde 2002 la maquinaria política más poderosa del país no vivía semejante desconcierto, entre líderes menguantes, figuras enigmáticas y dirigentes voluntariosos con poco más para ofrecer que su espíritu de aventura. Encima ahora se suma el horror al vacío: esta vez la oposición tiene proyectos con opciones ciertas de ganar en 2011.
Su regreso con denuncias y promesas de levantar el perfil en el Senado alarmó al Gobierno, en un momento delicado por el susto que pasó Néstor Kirchner con su internación. Hubo más que condescendencia con el paciente Néstor en el bombardeo a Reutemann que desplegó el oficialismo. El plan de supervivencia kirchnerista se basa en la carencia de un candidato que junte los pedazos sueltos del peronismo. Kirchner tuvo precisión de orfebre para labrar una dirigencia de vuelo corto.
Sin moverse, Reutemann sigue en lo alto de las encuestas. Los mismos sondeos exponen el drama de Kirchner. En su convalecencia, desde oficinas del Gobierno encargaron medir su imagen. Querían ver si se notaba una revalorización, como la que vivió Raúl Alfonsín cuando se accidentó en Río Negro. A primera vista, la aguja sigue en el mismo lugar. Abajo.
Un gobernador del Norte y un legislador que vieron a Kirchner en la clínica lo notaron reflexivo. Dio señales de que quiere alentar una renovación dirigencial, cuentan. ¿El susto lo hizo olvidarse de 2011? Difícil. "A los dos minutos ya estaba hablando de su vuelta al PJ", aclaró uno de ellos.
Francisco de Narváez es otro que mira a Reutemann. Quiere pelearle a Kirchner en un desierto peronista, arma un gabinete en las sombras y tiene un presupuesto casi ilimitado. Pero en su entorno saben que será con Reutemann como socio y no como rival que el peronismo lo aceptaría como candidato. Eduardo Duhalde aún no suma aliados. Mientras Reutemann juegue al misterio está condenado a esperar. Felipe Solá también condiciona sus ambiciones a lo que decida el ex piloto.
Otros actores creen que la paciencia pagará. Alberto Fernández, por ejemplo, trabaja para construir una postulación novedosa. Señala a los gobernadores Juan Urtubey y Jorge Capitanich. Otros lo mencionan a él mismo. "Un candidato se construye en seis meses. El que sale ahora se quema", suele decir. Y recuerda el camino vertiginoso que llevó a Kirchner a la Casa Rosada en 2003. Ni Daniel Scioli abandona la ilusión. Puede ser el candidato del Gobierno si Kirchner se abre; o el de una vía alternativa, si se decide a romper.
Como en 2002, nadie sabe cómo se va a votar: en el PJ sospechan que no se aplicarán las elecciones internas que promovió Kirchner.
Un actor protagónico de esta historia la resume así: "Estamos en el juego de las sillas; todos dan vueltas sin ton ni son, pero cuando alguien pare la música van a correr como locos a sentarse atrás de él".
Hoy el ruido es tan alto que les impide siquiera medir las sillas con la mirada.









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