La puntada y el hilo

A poco más de dos meses de las elecciones, todavía están en borrador los acuerdos y los nombres que las principales fuerzas políticas de la provincia someterán al voto.
Luis Beder Herrera mantiene la incógnita acerca de quién será su candidato a vice; el anunciado pacto entre radicales y mazistas está al borde del naufragio, mientras Guillermo Galván sigue analizando cómo generar un flujo electoral sumando a (otros) sectores peronistas; Ricardo Quintela se hace el misterioso y espera para anunciar su candidatura, pero aún no están determinados aquellos que buscarán la diputación capitalina en juego (vence el mandato del único quintelista, el médico Juan Carlos Vergara) y las concejalías. Tití Bosetti está en carrera por la intendencia y basa su incipiente campaña en cañonear al intendente mediáticamente, pero se sabe que ni el "pochismo" ni la gente de Basso están dispuestos a acompañarlo, por lo cual quedaría como un solitario francotirador bederista.

El escueto arco de la izquierda ni siquiera se ha manifestado acerca de las elecciones y está enredado en un problema de personerías, ya que estarían caídas las de casi todos los partidos de esa extracción (unos por no presentarse, otros por no alcanzar el piso electoral) y buscan una sigla vigente para canalizar una posible alianza.

Apenas el lunismo, mediante sus propios medios de comunicación, aclara que Teresita Luna aspira a un cargo electivo nacional –mientras espera una definición por la vicegobernación–, en tanto que su hermano Cacho Luna ya anunció que "no voy a ser candidato a nada" y el espacio lanza tímidamente a Enrique Rodríguez a la diputación.

La única certeza en este borroso panorama llegó el lunes, cuando en el marco de un acuerdo del partido Lealtad y Dignidad con el bederismo en Arauco, se anunció que el oficialismo apoyará la candidatura de Carlos Menem, para que retenga su banca en el Senado.

Este pacto se transformó enseguida en noticia nacional, aunque traducido en términos de un arreglo entre el menemismo y el kirchnerismo nacional.

Al día siguiente, la concejal Claudia López le confirmó a NUEVA RIOJA este acuerdo y, en declaraciones exclusivas, el propio Eduardo Menem destacó el "gesto" del gobernador para con su hermano y afirmó que "cuando los gestos son de buena voluntad son aceptables".

El pacto Beder-Menem viene madurando desde tiempo atrás, como se informó desde estas páginas, y se tejió con la intervención de las máximas autoridades nacionales del PJ. Lo que fue presentado entonces como un acuerdo departamental es en realidad un amplio armado, que incluye a varios actores, en el cual el gobernador es el principal beneficiario. Como ocurrió en 2007 y 2009, Beder siempre tiene a mano el hilo para dar la puntada.

La ganancia del gobernador en su estrategia electoral está clara. Por un lado, la presencia de Claudia López más allá de la de Nicolás Martínez significa la ampliación de un apoyo que sería muy reducido si se limita a Arauco; el menemismo retiene un electorado que, si bien es disperso, de ser encauzado puede volcar un aporte que algunos calculan entre ocho y diez mil votos. Nada desdeñable.

Por otra parte, la entrada en juego de Menem con apoyo bederista reduce aún más las posibilidades del radicalismo de obtener la banca por la minoría, cabe recordar que este año se renuevan las tres bancas riojanas, ya que también vencen los mandatos de Ada Maza y Teresita Quintela.

Una vez conocido el acuerdo, se hicieron oír voces contrarias a nivel local y nacional, como era de esperar. El ministro de Interior Florencio Randazzo salió a relativizarlo, como algunos militantes y funcionarios de menor rango.

En las líneas bederistas, el primero que salió a rechazar el acuerdo fue Mario Guzmán Soria, quien aspira a una banca en el senado. Al hacer una enfática profesión de fe kirchnerista, el diputado provincial aseguró que "no voy a votar a Carlos Menem" y pidió elegir a "personas afines a un proyecto político". El presidente del bloque oficialista tiene la intención de ir a la Cámara alta y esta movida lo afecta directamente.

De todos modos, aunque arrecien los rechazos y las desmentidas, el acuerdo es sólido y de largo aliento.

La UCR sin Maza

El otro acuerdo, anunciado primero y rechazado después, que a esta altura parece un sainete por lo tragicómico, es el que urdieron Julio Martínez y Angel Maza. Los contactos entre ambos comenzaron en el verano y, la semana pasada, el ex gobernador confirmó el compromiso electoral, al mismo tiempo que renovó su alineación con el kirchnerismo, lo que ocasionó un terremoto interno en la UCR.

El anuncio de Didí Maza originó fortísimas críticas en el centenario partido, que se hicieron públicas a través de un comunicado de Franja Morada. Inicialmente, autoridades partidarias confirmaron el acuerdo e, incluso, se ocuparon de desmentir afirmaciones de Mashasha a Radio Libertad que descartaban toda esa componenda.

Desde hace varios días, el presidente del partido de Alem no atiende el teléfono y son varias las fuentes periodísticas que le atribuyen haber dado marcha atrás.

Cascoteado por el intento de aliarse con el mazismo, peleado con Guillermo Galván –quien tampoco ha cerrado con extrapartidarios y podría quedarse dentro de la estructura radical– el pronóstico no es el mejor para Martínez.

Para colmo, esta semana llegó como una advertencia hacia ambos el pronunciamiento del titular del radicalismo nacional, Angel Rozas, que advirtió que su partido no hará alianzas con el kirchnerismo. Mientras tanto, el único sector que podría asumir el protagonismo en la oposición, se desdibuja cada vez más.

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