Si la canciller Angela Merkel insiste en expulsar a Grecia de la eurozona tendrá que enfrentarse con Barack Obama. En varias ocasiones durante la última semana, el presidente norteamericano llamó por teléfono a Berlín para recordar que Grecia ocupa una posición crucial en el mapa geopolítico de la región.
Esos temores comenzaron a disiparse tímidamente ayer, tras el pedido de ayuda económica de 30.000 a 60.000 millones de euros por tres años, formulado por el gobierno griego al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). A cambio de esa línea de créditos, Alexis Tsipras propuso ejecutar en forma inmediata un paquete de reformas basado en medidas fiscales y un recorte del sistema jubilatorio, así como "acciones adicionales para modernizar la economía". Un acuerdo entre Grecia y la eurozona permitiría obtener la liberación inmediata de fondos para que pague al Fondo Monetario Internacional (FMI) los 1600 millones de euros atrasados de junio y los 6700 millones que debe abonar al Banco Central Europeo (BCE) el 20 de julio y 20 de agosto.
Miembro clave de la OTAN, el país representa un contrapeso -cada vez más necesario- frente a otro aliado occidental, Turquía, que comienza a inquietar seriamente a Europa y a Estados Unidos. Desde que Recep Tayyip Erdogan llegó al poder hace 12 años ocultando sus tendencias islamistas, emprendió un proceso de radicalización religiosa, acompañado de esfuerzos para extender la esfera de influencia turca, como si soñara con restaurar la gloria perdida del Imperio Otomano.
Estados Unidos dejó de considerar a Turquía como un aliado fiel cuando Erdogan le negó autorización para usar la base de la OTAN en Incirkik para que la aviación norteamericana pudiera lanzar sus operaciones en Siria e Irak. Washington lo sospecha de practicar un doble juego en la actual crisis regional para tratar de quedarse como potencia dominante de la región del Levante y del norte de África cuando se sosieguen las actuales tensiones y se modifiquen las relaciones de fuerza que prevalecen desde la Segunda Guerra Mundial.
En ese contexto, el destino de Grecia es ocupar el lugar de Turquía como puente entre el mundo islámico y el occidente cristiano. Con Rusia tiene fuertes lazos culturales y ciertas simpatías. No por eso se le nubla la vista: si bien Tsipras viajó a Moscú, votó a favor de las sanciones económicas contra Rusia y no le pidió ayuda económica a Vladimir Putin.
China, que a través de la empresa Cosco desde 2008 posee importantes instalaciones en los muelles del puerto de Pireo, ahora espera las nuevas privatizaciones para obtener una nueva concesión a fin de ampliar esa plataforma logística destinada a aumentar su penetración comercial en Europa.
Grecia, por lo demás, no tiene ambiciones de expansión, no es fuente de conflictos políticos y tiene una clara vocación de mantener su integración con Europa. En ese sentido, Estados Unidos comprobó varias veces la fidelidad de Grecia como aliado en la delicada región del Mediterráneo Oriental, según Dominique Moisi, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI) y profesor en el King's College de Londres.
RECURSOS
Los puntillosos contables del Eurogrupo suelen reprocharle que destina 6% de su PBI al presupuesto de defensa (contra 2% de promedio en el resto de la UE). Pero olvidan que una parte de esos recursos los consume la marina controlando el tránsito de buques mercantes y militares rusos que circulan por el dédalo de islas griegas cuando entran o salen del estrecho del Bósforo.
Durante años, Estados Unidos tuvo bases militares en Nea Makri, Hellenikon y Heraklion, en las que almacenaba incluso parte de su arsenal atómico. Desde que fueron desmanteladas en 2001, conservó sólo las facilidades navales de Suda Bay (Creta), que fue utilizada durante los ataques de 2011 contra Libia para derrocar al dictador Muammar Kadhafy. Ahora, cuando Erdogan les negó el uso de Incirlik, Grecia no opuso reparos para que Estados Unidos usara su base de la US Navy en Creta como centro operativo para la VI Flota frente a las costas de Siria e Irak.
Atenas y Chipre aceptaron una alianza económico-militar para explotar el gas offshore, una maniobra que bloqueó el acceso de Rusia a ese negocio de alto valor estratégico. Por Grecia también transitarán otros dos proyectos vitales para Europa: el poliducto ruso que Gazprom inaugurará en 2016 para compensar el abandono de South Stream hacia la Unión Europea y el gasoducto Trans Adriatic Pipeline (TAP) encargado de explotar el gas del mar Caspio.
Sin la ayuda de Europa para controlar sus fronteras, el país puede convertirse en un colador frente a la inmigración de Oriente Medio y el norte de África, afirma Thanos Dokos, director de la Fundación Helénica de Política Exterior, de Atenas. En ese contexto, es fácil comprender la preocupación de Obama por las enormes consecuencias geopolíticas que puede tener un Grexit. El gran temor de Estados Unidos es que ese espacio atraiga el interés de Rusia, China e incluso Irán..




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