La ansiedad de la elección pasada, hace menos de un año, le dejó a Gabriela Michetti unos cuantos kilos de más. Con altibajos, desde entonces está a dieta. El panorama (nutricional) puede complicarse, porque la diputada ya está lanzada para sucederlo a Mauricio Macri en 2011, en la Jefatura de Gobierno porteña.
El complicado panorama judicial y político de su jefe, que hace horas admitió que podría ser procesado por el caso de las escuchas ilegales, no es motivo para frenar las ambiciones de Michetti. ¿Falta de solidaridad con la causa? No parece. El propio Macri adelantó en público que no pensaba frenar su instalación presidencial pese a lo que decida el juez Norberto Oyarbide. En privado fue más gráfico: "Estoy tranquilo con mi verdad, voy a seguir adelante. La causa me chupa un huevo".
Semejante definición fue interpretada por muchos macristas como una luz verde para avanzar con las posibles candidaturas. Michetti cree que el momento para el lanzamiento formal será a fin de año. Como en los casos anteriores, esperará el aval final de Macri y de su familia (sus padres y su hijo Lautaro). El jefe de Gobierno cree que "hoy" su ex compañera de fórmula es la mejor carta que tiene en la Ciudad. Remarca el "hoy" quizá porque la última elección de Michetti, como cabeza de diputados en la Capital, no fue todo lo contundente que se esperaba. Por esta hendija buscará meterse el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, el otro aspirante macrista al sillón de intendente y quien mantendrá sus aspiraciones hasta el final.
En su estrategia de instalación, Michetti se anima a hablar de equipos y propuestas propias, aunque luego las presente como una continuidad. En algún momento, la ex vicejefa se animó a sugerir que Macri debía seguir cuatro años más en la Ciudad antes que saltar a la presidencial. Pero ese plan, que hasta contemplaba un apoyo nacional a Julio Cobos, fue desestimado por Macri. Entonces, Michetti empezó a imaginar su propia propuesta de gestión. Y cree que uno de los modelos a seguir es la ciudad colombiana de Medellín. Hacia allí viajaría próximamente para terminar de ver y estudiar cómo se integraron las villas al tejido urbano, a partir de una oferta cultural y educativa de primer nivel. Una manera elegante y constructiva para admitir que lo hecho hasta ahora en este sentido fue bastante más pobre de lo que se había prometido.








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