En la Cancillería no hubo alerta a Timerman, y en el Gabinete se enteraron por los medios
En el Gobierno reinó el desconcierto desde el primer momento y jamás se previó la escalada de la crisis que se desactivó anoche. Desencajada, la Presidenta habló con sus más estrechos colaboradores del gabinete y pidió silencio total. Le tomó varias horas definir una postura, lo cual, según fuentes de Balcarce 50, refleja que la medida judicial y sus derivaciones la tomaron de sorpresa.
Durante las 48 horas críticas, no hubo una sola declaración oficial, pero Cristina Fernández dejó en claro, en comunicaciones con sus ministros, que rechazaba de plano la huelga y la movilización a Plaza de Mayo, anunciados por Moyano a modo de protesta. En el kirchnerismo, esa medida de fuerza fue decodificada como una llana amenaza al seno del Gobierno.
"¡Están locos! ¡Están locos!", despotricaba ayer un ministro. En la Casa Rosada están convencidos de que el mandamás de la central obrera sospecha que detrás del avance de expedientes que lo involucran hay una mano kirchnerista. En ese contexto, entendieron su brutal respuesta, pero la consideraron un "error de cálculo político". La lógica es simple: más allá de las diferencias, a ninguno le conviene romper la alianza estratégica.
"Aceptamos el paro cuando es en defensa de salarios o derechos laborales, pero no para esto", repetía un funcionario, en sintonía con el speech presidencial. La jefa de Estado ya había marcado el terreno de lo que estaba dispuesta a tolerar durante la apertura de sesiones legislativas: no iba a permitir acciones gremiales extremas que perjudicaran a otros trabajadores. Un gran malestar la invadió, poco más de un mes atrás, cuando la CGT desplegó una defensa corporativa tras la detención del líder sindical duhaldista Gerónimo Venegas ("Momo").
Durante todo el día, Cristina monitoreó las negociaciones para bajar la huelga convocada para pasado mañana. Los funcionarios que tuvieron trato con ella en las últimas horas la notaron contrariada con la reacción de Moyano.
Al mediodía, viajó a Concordia, Entre Ríos, donde firmó el contrato para la realización de una autovía en la ruta 18. En su discurso, no hizo una sola referencia a la crisis con la CGT.
Pasó la tarde en la residencia de Olivos y, cerca de las 20, compartió un acto con el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, en Avellaneda. A esa altura, el camionero había anunciado en conferencia de prensa su marcha atrás. Ese repliegue táctico fue producto de intensas conversaciones entre el ala gremial y la Casa Rosada. En su intervención desde el atril, Cristina volvió a esquivar el asunto y apeló a la unidad del PJ.
Después de la muerte de Néstor Kirchner, el ministro de Planificación, Julio De Vido, se erigió como su interlocutor válido. Entre Cristina Fernández y Moyano, no hay un vínculo natural y fluido, pero jamás se cortó la comunicación. Según confiaron altas fuentes oficiales a LA NACION, la jefa de Estado mantuvo con él varios encuentros reservados. De hecho, la última vez que se vieron a solas fue hace dos semanas, en la residencia de Olivos, y tenían pendiente otra reunión en los próximos días. En el medio, se desencadenó una crisis inédita que hará mella en la relación.
EN OTRA COSA@CFKArgentina
CRISTINA KIRCHNER
presidenta
Viernes, 15.11
"Necesitamos seguir profundizando este modelo que allí en Concordia puede visualizarse con mucha claridad."
@anibalfernandez
ANIBAL FERNANDEZ
Jefe de Gabinete
Viernes, 11.45
"Alguna información sobre la situación de los perros de Puerto Madryn, para los que se preocuparon x este tema."
@juanabalmedina
JUAN M. ABAL MEDINA
Secretario de Comunicación
Viernes, 13.04
"Acá [en Concordia] estuvo Néstor el 30 de septiembre, el día del intento de golpe de Estado en Ecuador."








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