La oposición quiere desquitarse en la semana del canje

La oposición quiere desquitarse en la semana del canje
Convocó a una sesión especial en la Cámara de Diputados para derogar el decreto que permite usar las reservas para pagar deuda. Busca revertir el tropiezo de la semana pasada y golpear en la estrategia financiera del Gobierno.
Con el orgullo herido por el papelón de la semana pasada, la oposición quiere resarcirse mañana en la Cámara de Diputados con el rechazo al decreto que permite usar las reservas del Banco Central para enfrentar el pago de vencimientos de la deuda. Sin inocencia, lo intentará concretar durante una sesión especial convocada en la semana del lanzamiento del canje de deuda, previsto para el miércoles o el jueves. El objetivo opositor es múltiple: enviar una señal hacia el exterior que empañe el anuncio impulsado por el ministro de Economía, Amado Boudou, dar una vuelta de página a los intentos fallidos por poner en marcha las sesiones y volver a erigirse como un actor político desde el Parlamento.

A los efectos prácticos, el decreto 298 sólo puede ser definitivamente anulado si ambas cámaras lo rechazan. En la Cámara de Diputados, la oposición tiene una amplia ventaja numérica sobre el kirchnerismo, pero fue incapaz de reflejarla la semana pasada cuando intentó conseguir quórum en soledad. En el Senado, en cambio, hay paridad de fuerzas y el oficialismo quiere usarlo como última trinchera para los avances opositores.

La presidenta Cristina Fernández anunció el viernes pasado en Washington, ante empresarios norteamericanos, que la Argentina lanzará el canje de deuda el 14 o el 15 de abril. La confirmación ahondó el interés opositor por dar un golpe de efecto.

Desde el viernes pasado, los referentes de la UCR, la Coalición Cívica, el peronismo opositor y el PRO se preocuparon por revisar los eslabones flojos de su propio equipo.

A la fallida sesión de la semana pasada, a la oposición le faltaron 13 legisladores para alcanzar el quórum. Las ausencias respondieron, en parte, a la torpeza. Pero también sospechan que existen legisladores que acordaron con el oficialismo. Las dudas se vuelcan, por caso, sobre los peronistas pampeanos, los radicales catamarqueños y algunos integrantes de Proyecto Sur.

La mayor certeza es que un Congreso paralizado es actualmente funcional a los objetivos oficialistas, que busca fortalecerse a partir de la marcha del canje de deuda y el horizonte despejado frente a las obligaciones financieras.

"Nosotros no tenemos la obligación de ayudar en el quórum para que se sancionen proyectos que van en contra de los intereses del Gobierno y de la Argentina", argumentó el jefe del bloque oficialista, Agustín Rossi.

Gestiones. No hubo fin de semana para los opositores que se cruzaron llamados sin cesar con el objetivo de garantizar el mágico número de 129 presentes, la cifra del quórum que pone en marcha una sesión. La extraordinaria presión que recayó sobre sus filas elevó al máximo las gestiones. Están convencidos de que, para escapar del escarnio, no habrá ingenuos o impuntuales.

La sesión fue convocada para el martes a las 15.30. "Cinco minutos antes, todos estarán sentados en sus bancas", prometió el diputado Federico Pinedo, jefe de la bancada PRO, en diálogo con Crítica de la Argentina.

También comprometieron su presencia las fuerzas de centroizquierda, como las encabezadas por Fernando "Pino" Solanas y Eduardo Macaluse. Los legisladores de Pino aceptaron sumarse a condición de aprobar un proyecto que solicita al Poder Ejecutivo el envío de un nuevo presupuesto nacional. Sostienen que el uso de las reservas y la asignación universal por hijo modificó las previsiones votadas por el Congreso el año pasado.

En el Senado, con las fuerzas equilibradas, el vicepresidente Julio Cobos se convirtió en el principal promotor del reinicio de las sesiones y amenazó con descontar un 20 por ciento de las dietas a los legisladores que falten (ver aparte).

La ausencia de Carlos Menem fue el motivo principal del fracaso del último intento. Este fin de semana, los medios se enfocaron en la figura del ex presidente y muchos creen que la presión surtirá efecto. Otros son má escépticos.

La senadora Hilda "Chiche" González de Duhalde dijo ayer sentir vergüenza por la falta de debates en el Congreso.

"Me avergüenza como argentina y como senadora, pero es un callejón sin salida, porque el Congreso puede funcionar si el arco opositor, tan heterogéneo y difícil de consensuar, marca la agenda que nos hemos comprometido a tratar cuando estaban en elecciones", planteó. No abunda el optimismo en las filas opositoras de la Cámara alta.

OPINIÓN

La trinchera: el Congreso en su laberinto

Roberto Bavastro (profesor de Sistemas Políticos Comparados y Análisis Político, UBA.)

La marea opositora parece diluirse progresivamente producto de sus propias debilidades y de la estrategia del oficialismo. La debilidad de la oposición no sólo se expresa en la ausencia de un liderazgo suficientemente catalizador, sino también en su propia diversidad e insuficiente cohesión. Está claro que el oficialismo se enfrenta hoy con un racimo de oposiciones y no a un partido o coalición mínimamente compacta y coordinada.

El kirchnerismo extraña los beneficios del "gobierno unificado" que le permitió contar con una mayoría legislativa y así imponer su "agenda de gobierno". Sin embargo, como producto de las elecciones intermedias y del ciclo electoral, tampoco se ha configurado un escenario de "gobierno dividido", en el cual la oposición tenga el control de una o ambas cámaras. Hoy, ni la oposición ni el oficialismo controlan el Congreso. Así, cada uno debe fabricar mayorías ad hoc o intentar (re)construir coaliciones legislativas mayoritarias que les permitan controlar las cámaras.

La oposición no ha logrado aún plasmar una agenda legislativa. Sólo pudo cimentarse como mayoría, y con enormes dificultades, cuando los incentivos le permitieron distribuir suficientes beneficios personales a los legisladores, como en la distribución de las comisiones parlamentarias. Sin embargo, no ha logrado aún el mismo resultado con el rechazo (o nulidad) de los DNU ni con la modificación del impuesto al cheque. Si la oposición no logra traducir sus propuestas legislativas en términos de beneficios tangibles (sean premios o sanciones) para sus miembros, le será muy difícil resolver sus problemas de coordinación y asegurarse un mínimo de disciplina.

Es el oficialismo el que lleva la ventaja respecto de la distribución de incentivos específicos tanto a propios como a extraños. Faltazos sorpresivos, retrasos en bajar al recinto, cambios de posiciones, entre otras, son manifestaciones de la capacidad de bloqueo que aún retiene el kirchnerismo. Ello le ha permitido al oficialismo especular con el quórum dejando así expuestas las flaquezas de la oposición.

El kirchnerismo ha podido, hasta ahora, instrumentar con suficiente éxito su estrategia política: el laberinto legislativo. Esto es, bloquear a la oposición en el Congreso intentando encapsular el conflicto en la arena legislativa y en la mediática y logra evitar que el conflicto escale directamente a la cabeza del Ejecutivo. A modo de trinchera, el kirchnerismo todavía consigue impedir que sea la Presidenta la que directamente se vea expuesta a un mayor desgaste político, intentando ahorrarle el uso y abuso de los DNU y del veto presidencial.

El kirchnerismo deberá aguzar al máximo su sintonía fina para no perder su capacidad de bloqueo. En tanto, las dificultades que enfrenta la oposición son múltiples y le urge encontrar la llave que abra la puerta de este intríngulis. A veces, el modo más eficaz de salir de los laberintos es por arriba.

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